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20 de enero del 2003
Asegura que montesinismo persiste
Leyenda.
En este artículo
Reformas en el PJ

Próxima novela

Vargas Llosa aboga por reforma en el PJ

El laureado escritor Mario Vargas Llosa se presentó en el programa Entre Líneas, y fue entrevistado por Cecilia Valenzuela. Allí declaró sobre los rezagos de corrupción en el Poder Judicial, y adelantó aspectos de su última: "El Paraíso en la Otra Esquina".

Entrevista Cecilia Valenzuela / agenciaperu.com

El sábado 26 de enero se cumplen veinte años de la tragedia de Uchuraccay, donde murieron ocho periodistas. En ese entonces, un sector importante de la opinión pública culpó a la Marina de haber cometido el crimen. El escritor Mario Vargas Llosa partió a Ayacucho, encabezando una Comisión investigadora. Su informe determinó que el asesinato lo habían ejecutado los propios comuneros. Vargas Llosa sufrió entonces las peores infamias y los ataques más arteros. En las próximas semanas, la Comisión de la Verdad hará pública el resultado de su investigación respecto del caso Uchuraccay. La Comisión de la Verdad ha confirmado que la investigación de la Comisión Vargas Llosa, en 1983, en plena guerra fraticida, estuvo en lo cierto; fue valiente, limpia y veraz.

A la luz de lo que la Comisión de la Verdad está ahora en condiciones de verificar. ¿Dirías que el tiempo hace justicia?
Efectivamente, yo no he dudado en todos estos de que, en lo esencial, nosotros exigimos la verdad, es decir, la muerte de los periodistas se debió, sigo creyendo, a un trágico error, y que no fue el Ejército, sino los propios campesinos, que vivían unos momentos terribles, unos días de gran confusión y violencia, los que los asesinaron.
Nosotros fuimos muy atacados porque un sector muy amplio, sobre todo la izquierda, desde un principio decretó que el asesinato había sido cometido por el Ejército, que había cometido muchas violaciones a los derechos humanos, tal y como se señalaba en nuestro informe, pero concretamente ese asesinato no fue obra de los militares. La investigación que hicimos se realizó en profundidad, sin ninguna prisa, y con el deseo de llegar a esclarecer una verdad, y esa verdad, desde luego, fue muy dolorosa. Lo que se mostró fue una violencia que no había llegado a la opinión pública, donde se cometían crímenes feroces contra los campesinos, y donde estos hacían justicia por su propia mano, porque tradicionalmente había sido así.

Incluso se llegó a afirmar que la investigación ayudaba al gobierno de entonces.
Sí, se dijo muchas cosas, como que la investigación ayudaba al gobierno de Fernando Belaunde, cosa que no puede ser más falsa, porque de las tres personas que conformaban la comisión, una de ellas era el decano del Consejo de Periodista, Mario Castro Arenas, en ese tiempo dirigente aprista, que estaba en la oposición, y que no tenía ningún interés en servir al gobierno contra el que su partido estaba en guerra política. La pasión política de esos años, que era intensa, enturbió enormemente el caso.

¿Diría usted que ha cambiado el pensamiento y la actitud de la mayoría de políticos en el Perú?
Creo que lo que ha cambiado es la percepción de lo que significó el gobierno de Fujimori. Hay que recordar que, para vergüenza nuestra, esa dictadura fue popular al principio, tuvo muchos partidarios que aceptaron la idea de dictadura, se dejó convencer de que un gobierno duro y fuerte era el que iba a resolver los problemas del Perú, y quienes nos opusimos fuimos muy impopulares. Eso ha cambiado. Creo que ahora hay una inmensa mayoría de peruanos que ve con sonrojo lo que fue esa dictadura por los atropellos que perpetró o por la corrupción sin precedentes en nuestra historia.

REFORMAS EN EL PJ

A la luz de los últimos fallos del Poder Judicial, ¿cómo ve esta recomposición del montesinismo en este poder del Estado?
Ese es un problema muy serio, pero antes que eso creo que debemos salir al frente del pesimismo de quienes señalan que estamos peor que antes. Eso desde luego no es cierto, no es verdad, no estamos peor que cuando estaban Montesinos y Fujimori gobernando este país. Decir aquello es una injusticia monstruosa, hoy día estamos en una democracia, antes teníamos una dictadura. Hoy tenemos una vida política, que es confusa y en cierta no extremadamente brillante, ese es un progreso considerable con el pasado.
Ahora, también en el contexto de América Latina, el Perú es un país que está mejor, o en todo caso menos mal, que otros. Claro que hay desempleo, hay tremenda pobreza, pero hemos progresado en algo con respecto al pasado. Eso es una realidad que no podemos negar.
Pero también hay razones para preocuparse, lo que tú haz mencionado es lo más preocupante: la lucha contra la corrupción y la moralización del país está frenada porque, evidentemente, en el Poder Judicial todavía el fujimontesinismo tiene una fuerza tremenda que, últimamente, da la impresión que hubiera pasado a la ofensiva: quieren mostrar que son capaces de frenar la moralización, y creo que allí la sociedad tiene que protestar y exigir que la moralización se lleve a cabo, porque sino la reconstrucción de la democracia será un mero espejismo.

¿Está usted de acuerdo en que el principal problema de nuestro país en la actualidad es la corrupción, como en algún momento lo fue el terrorismo?
Yo creo que el problema son las secuelas, las reverberaciones que deja toda dictadura, y la que ha dejado Fujimori la estamos viendo de muchas maneras, sobre todo en el Poder Judicial. Pero tampoco hay que generalizar, hay jueces probos, fiscales y procuradores que vienen realizando una labor muy loable y denodada, pero, también es cierto que la institución es la que no funciona, está impregnada de fujimontesinistas.
Por lo pronto han exonerado al señor Montesinos de sus vínculos con el narcotráfico, de asesinatos absolutamente probados durante la marcha de los Cuatro Suyos, ahora exoneran al señor Navarrete de una responsabilidad probada en el caso de la falsificación de firmas, eso no puede ser sólo ineptitud, allí hay complicidad, y algo hay que hacer al respecto. Lo ideal sería que existiera un gran consenso de partidos políticos y fuerzas democráticas, para exigir una reforma profunda en el Poder Judicial, no hay democracia que funcione sin un Poder Judicial probo, eficiente, y evidentemente el que tenemos no es ni uno ni otro.

El presidente de la República ha anunciado que iniciará una 'cruzada' en este tema, sin embargo el mismo día que realizó este anuncio, en el Congreso diez congresistas de su agrupación retiraban las firmas que se necesitaban para la creación de una comisión que iba a investigar al ex ministro aprista Agustín Mantilla. Pareciera que hubiera una serie de pactos políticos para cubrir esta serie de hechos de la corrupción.
Bueno, ahora tenemos libertad de información por lo que es muy importante que la prensa, que los periodistas, los investigadores saquen a la luz esos 'enjuagues', los denuncien y la opinión pública pueda operar. Esa es la ventaja que tiene la democracia sobre las dictaduras.

PRÓXIMA NOVELA

Se espera con ansiedad su novela sobre Flora Tristán y Paul Gaugin, "El Paraíso en la Otra Esquina", ¿cuándo saldrá?
Sale a fines de marzo, por el 20 de ese mes, más o menos.

¿Qué lo incentivó a ocuparse del tema?
Es un viejo proyecto que nació con la lectura de las "Peregrinaciones de una Paria" de Flora Tristán. Leí ese libro de memorias, donde cuenta sobre todo su viaje al Perú, cuando era universitario, y desde entonces el personaje de Flora Tristán me fascinó, me inquietó, me dio muchas ideas para escribir algo a partir de ella, por lo que esa novela se gestó hace muchos años. Sólo cuando comencé a escribirla, se me ocurrió incluir a Gaugin, al nieto de Flora Tristán, cuando descubrí que había un gran parecido de caracteres entre la abuela y el nieto, así, al final la novela ha resultado ser una suerte de narración con 'vasos comunicantes' entre estos dos personajes que, si bien fueron franceses, tuvieron una relación con el Perú. Los padres de Tristán eran peruanos, y pasó muchos años aquí, mientras que Gaugin pasó seis de sus primeros siete años en el Perú, aprendió a hablar español antes que francés, y todos sus primeros recuerdos son peruanos, esos mismos recuerdos tuvieron una influencia curiosa en su pintura.

¿Influyó su parentesco materno con los Tristán?
Mi parentesco es muy remoto, y que descubrí muy tarde, así que no creo que ello haya influenciado.

Alfredo Bryce y Jaime de Althaus son también parientes de Flora Tristán.
Claro, con Alfredo Bryce Echenique. Una hija de Pío Tristán, tío carnal de Flora, se casó con el presidente Echenique. Los años que vivió Gaugin en Lima, los vivió en la casa del presidente Echenique.

Pero una de las cosas que usted no ha dicho, en las distintas entrevistas sobre esta novela, es rescatar el hecho de que usted también es pariente de Flora Tristán.
No, porque no creo que haya tenido un rol muy importante en la sedición de escribir sobre Flora, yo me encariñé con el personaje mucho antes de saber que había un parentesco entre los Tristán y los Llosa, total, todos los arequipeños están emparentados unos con otros, Arequipa es una ciudad muy incestuosa.

¿Es esta la novela que más viajes le ha obligado a hacer?
Más largos por lo menos, porque tanto Flora Tristán como Paul Gaugin hicieron grandes recorridos. En realidad Gaugin más que Flora Tristán.

¿Qué fue lo más interesante de las travesías de Gaugin?
El suyo es un caso muy interesante. Él descubrió la profesión muy tarde, cuando tenía treinta y pico de años, a una edad en que los pintores generalmente están con una obra avanzada. Al poco tiempo llegó a la conclusión de que en Europa la pintura estaba en una decadencia total, se había cortado de la sociedad, era una pintura que estaba en manos de pintores, coleccionistas y críticos, y que por ello el arte realmente vivo sólo existía en las comunidades primitivas, donde el arte expresaba un conjunto de la sociedad.
Por eso fue a buscar esas sociedades, que para él eran como el paraíso, un mundo totalmente integrado, donde el arte formaba parte de las creencias, de las costumbres, del conjunto de la sociedad. Así fue a Panamá, a la Martinica, trató de ir a Madagascar, a Vietnam, y finalmente llegó a Tahití, y allí descubrió que la realidad no era exactamente lo que él creía. Entonces, en vez de revisar su sueño, su fantasía, decidió que lo que ocurría era que Tahití ya había sido colonizado por los europeos, y ese espíritu había hecho que Tahití entrará en decadencia. Se le ocurrió que en las Islas Marquesas, que son las islas más apartadas de un continente, las islas más islas del mundo, todavía existía una sociedad de esas características. Y se fue hasta allí, que era realmente el fin del mundo, y fue muy dramático, porque cuando llegó notó que él estaba en un estado físico que lo imposibilitó moverse, así que no llegó nunca a ver a los primitivos que existían en la isla. Su final fue muy dramático.

¿Cómo es esa vida entre Madrid, Londres y Lima?
Es una vida muy itinerante pero en la que, al mismo tiempo, hay algo muy estable, que es mi trabajo. Mi trabajo no cambia, se mueve conmigo, donde yo estoy trabajo sobre las mismas cosas, siguiendo una misma rutina, de tal manera que aunque me muevo exteriormente mucho, la rutina diaria es más o menos la misma, y no cambia aunque cambie el entorno.

¿Pero a la larga dónde permanecerá más, en el viejo mundo o en Barranco?
No lo se. Este tipo de vida me gusta, al final me mantiene bastante vivo, y me gustaría mantener este tipo de vida hasta el final. Ya veremos si puedo hacerlo, pero por el momento no tengo ninguna intención de estabilizarme, es más, pretendo seguirme moviendo, quizá contagiado un poco por los viajes de Flora Tristán y Paul Gaugin, qui vivieron toda su vida viajando de un lugar a otro.

 
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