|
El
ALCA: ¿Buen negocio? ¿Para quién?
Ex
presidente del IADE (Instituto Argentino para el Desarrollo
Económico), profesor de universidades de Argentina,
México y España, director del Instituto Nacional
de Administración Pública de Argentina, vice
Ministro de Seguridad del Gobierno argentino durante el gobierno
de Duhalde, y uno de los más prestigiosos intelectuales
de ese país, Carlos Vilas analiza en la presenta entrevista
el rol de Estados Unidos y advierte lo que les espera a los
países latinoamericanos si entran al ALCA en las actuales
condiciones de desventaja frente a la potencia mundial.
Entrevista Daniel Yovera / agenciaperu.com
¿Por
qué hay sectores latinoamericanos que están
a la defensiva respecto del ALCA?
En primer lugar las negociaciones que se están llevando
a cabo en A. Latina son secretas. Es muy difícil tener
acceso a la información de que se esta negociando,
como se esta negociando, se conocen algunos temas nada mas.
En segundo lugar el ALCA es mucho más que un acuerdo
de libre comercio. El ALCA es un acuerdo sobre inversiones,
es un acuerdo sobre propiedad intelectual, sobre medio ambiente,
es decir, es mucho más. Y en todos estos rubros el
resultado será un acotamiento muy fuerte de la capacidad
decisoria de los Estados, que hasta donde estamos viendo no
tienen capacidad de negociación frente al gobierno
de EE. UU. y de sus empresas.
¿Qué podría pasar a países
como Perú que piensan que podrían ir solos al
ALCA?
Esa es una posición que en general está condenada
al fracaso. Esa misma posición la tuvieron algunos
en la década del 80 respecto de la crisis de la Deuda,
cuando la estrategia de negociación conjunta fracasó
porque hubo varios países que pensaban ir por su cuenta,
sea porque debían mucho o porque debían muy
poco. Al final la crisis nos aplastó a todos. Hay que
sacar experiencia de la contraparte: los acreedores se unen
para negociar con nosotros e imponernos sus condiciones de
pago. EE. UU., para lanzar su invasión a Irak, trató
de juntar la mayor cantidad posible de socios o cómplices.
Nosotros en cambio pensamos que podemos ir solitos a negociar
con un país que realmente no tiene un gran interés
ni económico ni político en esta región.
El
proteccionismo de EE. UU. y el posterior dumping que este
genera, ¿qué consecuencias tiene?
Estados Unidos tiene cierta sensibilidad social respecto de
sectores de productores, como los del medio oeste, a quienes
les está subsidiando la producción para que
no desaparezcan como sector social. Es algo parecido a lo
que hace Europa. No se pregunta qué tan rentable, qué
tan competitiva es la producción que estos sectores
sociales desarrollan, sino que se dan cuenta que sería
un descalabro social condenar a que el mercado arrase con
estos sectores.
Esa es una cosa que cuando uno lo plantea en A. Latina, la
mayoría de nuestros gobiernos lo ven a uno como si
fuera de Marte...
Y
lo califican de populista...
De demagogo, de populista, en realidad están trabajando
para intereses ajenos a los del país. En eso consiste
el proteccionismo de EEUU., de financiar a un granjero que
tiene un bosque, y para que no tale el bosque, le paga el
equivalente a la renta que el granjero obtendría si
esa mitad de su propiedad estaría en producción
agrícola o pecuaria. Son cosas elementales. Nosotros
no tenemos que ir a buscar en grandes inventores las cosas
que hay que hacer, EE. UU. y Europa lo hacen.
EE. UU. está financiando una producción que
en términos de economía de mercado no es rentable.
Si gracias a ese subsidio que recibe el granjero de EE. UU.
es que puede seguir produciendo y puede seguir vendiéndole
al mercado norteamericano, y por lo tanto con ese subsidio,
EE. UU. está definiendo una barrera no arancelaria
a las exportaciones latinoamericanas, en este caso de granos.
Es
decir, EE. UU. está haciendo lo que a nosotros nos
aconseja que no hagamos.
Lo ha hecho siempre, lo hace sistemáticamente, es una
decisión de política. Lo que yo critico es la
majadería de algunos gobiernos nuestros, que se niegan
a tomar decisiones en beneficio de su propia población
aduciendo slogan ideológico que son exclusivamente
para exportación.
Y
no tienen el valor de decirles a las autoridades norteamericanas
que ellos nos obligan a hacer lo que no quieren hacer.
Bueno, a veces lo hacen, en los foros internacionales, pero
sin ninguna convicción. Es decir, si nosotros no tenemos
fuerza para hacer las cosas que deberíamos hacer en
nuestro país, qué fuerza argumentativa vamos
a tener frente a EE. UU. para que deje de hacer lo que está
haciendo?
¿Los
países andinos van a ver surgir su agricultura y van
a ver superado el tema de la droga, con una agricultura ajustada?
Mientras EE. UU. no se decida disuadir el consumo de droga
en su propio país va a ser muy difícil terminar
con la narcoagricultura en los países andinos y en
general en América Latina. Es decir, EE. UU. tiene
que decidir hacer con la coca, con el éxtasis, con
la heroína, etc., lo mismo que hizo con el tabaco,
es decir un trabajo de 15, 20 años, que ni siquiera
penalizó el consumo, pero a través de una campaña
doctrinaria, persuasiva, de educativa, consiguió que
ya hoy sea prácticamente imposible fumar en un lugar
pública. Ha bajado el consumo de tabaco, sin ninguna
medida represiva, sin arrasar con los cultivos de tabaco ni
en América Latina ni en territorio norteamericano.
Entonces por qué no hacer lo mismo con este tipo de
drogas.
Pero mientras tanto nuestras agriculturas van a seguir
postergadas.
Pero van a seguir postergadas por las malas políticas
agrícolas de los gobiernos nuestros, que consideran
todavía, muchos ministros de agricultura, que el campesino,
como categoría social y económica no es viable.
Entonces, en vez de estimular una agricultura balanceada que
combine consumo interno por agroexportación, apuesta
todas sus políticas a la agroexportación. Entonces
el campesino vegeta en el atraso y en el olvido.
¿Y
una política de libre comercio como el ALCA no hará
que los precios de los productores locales bajen?
Lo que va a ocurrir es que la importación va a liquidar
la producción local. Allí hay algo muy interesante
que hicieron los países asiáticos. Vietnam,
por ejemplo, después de la guerra, se dedicó
a recomponer la producción de arroz, y ya a principios
de los 80 ya era el segundo o tercer exportador mundial de
arroz. Y Vietnam no ejecutó una economía de
tipo neoliberal. Entonces como había perdido su capacidad
de autoabastecerse, no se dedicó a importar arroz,
sino se dedicó a recomponer su condición de
país arrocero, con lo cual no sólo se posicionó
fuerte en el mercado internacional de países alimentarios,
sino que además garantiza la seguridad alimentaria
de su población.
El ALCA no sólo no garantiza la seguridad alimentaria,
que es la obligación básica de cualquier país,
sino que la cuestiona severamente.
Con
el pretexto de la globalización nos obligan a una apertura
indiscriminada de nuestros mercados. ¿El ALCA va a
ahondar el libre comercio y la apertura de los mercados?
No, casi más del 80% del comercio mundial se transa
entre EE. UU., Japón y Europa continental después
de 20 años de globalización. Y esa era la cifra
de intercambio comercial hace más de 25 años.
La globalización es una política de los países
desarrollados para mejorar su capacidad de penetración
de penetración en los países subdesarrollados.
¿Qué
va a conseguir entonces América Latina con el ALCA?
Con el ALCA, así como está, se va a consolidar
nuestra asimetría respecto de las economías
de los países más desarrollados, sobretodo de
EE. UU. Si nosotros somos capaces, de manera concertada, de
redefinir los términos de negociación, podremos
conseguir una mejor relación con EE. UU. y con Europa.
Pero para eso debemos tener la decisión política
de ponernos de acuerdo nosotros primero.
Las
corporaciones transnacionales van a competir con las pequeñas
empresas agrícolas. ¿Estas van a desaparecer?
Cuando los participantes en un mercado son tan desiguales
en términos de magnitud, de acceso a progreso técnico,
a financiamiento, etc., el resultado de la competencia es
una mayor concentración del mercado, y la quiebra de
los productores más pequeños. No porque sean
necesariamente más eficientes.
Las
transnacionales van a desplazar a los pequeños porque
tienen mejor acceso al crédito, a condiciones de comercialización,
no porque sean los nuestros ineficientes. Ineficientes son
los agricultores norteamericanos que necesitan del subsidio
del Departamento de Tesoro para poder subsistir.
Muchas
pequeñas empresas han muerto en el camino...
Porque no tienen apoyo. Hay una teoría, la teoría
de las industrias infantiles: así como un niño
aprende a caminar cuando uno lo lleva de la mano y después
lo deja caminar solo, así también tienen que
hacer los instrumentos de promoción pública
con las empresas. No sobreprotegerlas, sino ponerlas en condiciones
para que compitan con relativa igualdad de condiciones con
las empresas que ya están instaladas.
Pero
aquí no se les ha llevado de la mano.
No, no hay una promoción seria salvo excepciones en
la pequeña y mediana industria que si sobrevive es
un milagro porque no tiene crédito, no tiene información,
no tiene promoción; sobrevive a pulmón, lo cual
ya es una prueba de eficacia! Por eso lo que se recomienda
es una política de estímulo serio, no para sobreprotegerla,
sino para ponerlas en condiciones de caminar, y después
ya que vayan por donde quieran y se arreglen como puedan.
Pero generar una base inicial de igualdad de oportunidades.
Ahora, esto va a ser muy difícil con el ALCA, porque
inhibe este tipo de políticas de promoción.
¿El
ALCA va a inhibir los créditos por ejemplo?
Va a inhibir por ejemplo créditos preferenciales. De
acuerdo al ALCA si usted define una política crediticia
para pequeñas y medianas industrias, que por lo tanto
no es para empresas grandes, una empresa grande que se considere
perjudicada por esa medida, una empresa grande, si es extranjera,
puede ir ante su propio Estado y ponerle una demanda ante
la OMC. Es una cosa absurda. Por eso tenemos que ponernos
de acuerdo para definir una nueva agenda de negociación
del ALCA, y para eso es fundamental fortalecer nuestros acuerdos
subregionales existentes: MERCOSUR, CAN. Y a partir de allí
saltar al acuerdo hemisférico.
Durante
la década anterior se liquidaron en el Perú
la banca de consumo y la de crédito agrario. El gobierno
de Alejandro Toledo ha lanzado el Agrobanco. ¿Cree
que esto será contradictorio con el ALCA?
Bueno, cuando se enfrente a esa tensión tendrá
que tomar alguna decisión. Yo no pondría las
cosas e términos dramáticos, lo que sí
creo es que los gobiernos latinoamericanos debemos tener muy
claro cuáles son nuestras prioridades y nuestros objetivos.
Si nosotros temblamos o no tenemos en claro a dónde
queremos ir, el ALCA será la aplanadora que nos va
a pasar por encima. Aquí en el fondo hay un tema de
legitimidad, de seriedad, de madurez de los gobiernos latinoamericanos.
Si tenemos en claro a dónde queremos llegar, vamos
a ser capaces de desarrollar los argumentos que van a terminar
por convencer a los Estados Unidos. Le conviene llevarse bien
que llevarse mal con sus vecinos del sur.
Si nosotros estamos confundidos, o nos dejamos ganar por intereses
mezquinos, antinacionales, vamos a ser los cómplices
de una América Latina más empobrecida, más
desigual y más violenta.
¿Es
viable para América Latina una economía alternativa
al FMI y al Banco Mundial?
Sí, nosotros en Argentina tenemos quince meses sin
Fondo Monetario y sin Banco Mundial, y tan mal no nos ha ido.
Hemos salido de la crisis, está bajando el dólar,
hay un inicio de reactivación, devaluamos y no tuvimos
hiperinflación, dejamos de pagar la deuda externa y
no se vino el mundo abajo. No es el escenario que uno le gusta,
pero ninguna de las profecías agoreras que habían
hecho los ideólogos del Fondo Monetario - entre los
cuales hay un proscripto ex ministro peruano y gran especialista
(ex ministro de Economía fujimorista, Jorge Baca Campodónico;
N.E.) -, nada de eso se cumplió. No estamos en el mejor
de los mundos pero no estamos tampoco en el fondo del precipicio.
Sí, es perfectamente posible.
Nuestros
gobernantes se sienten tan solos y tan huérfanos sin
el Fondo Monetario y el Banco Mundial que sufren pensando
en su ausencia o en sus castigos.
No hay que darles tanta importancia, el problema quizá
no es tanto el Fondo Monetario y el Banco Mundial, sino los
sectores del poder económico financiero de nuestros
países. Ellos son los huesos más duros de roer.
Cuando el FMI tiene frente a sí a un gobierno que sabe
negociar, que tiene claros sus intereses, y que es legítimo,
que detrás de sí tiene a toda su población,
llega a un acuerdo. Que sea difícil no quiere decir
que no sea posible.
|
|