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26 de junio del 2003
Analista político argentino Carlos Vilas se pregunta

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El ALCA: ¿Buen negocio? ¿Para quién?

Ex presidente del IADE (Instituto Argentino para el Desarrollo Económico), profesor de universidades de Argentina, México y España, director del Instituto Nacional de Administración Pública de Argentina, vice Ministro de Seguridad del Gobierno argentino durante el gobierno de Duhalde, y uno de los más prestigiosos intelectuales de ese país, Carlos Vilas analiza en la presenta entrevista el rol de Estados Unidos y advierte lo que les espera a los países latinoamericanos si entran al ALCA en las actuales condiciones de desventaja frente a la potencia mundial.


Entrevista Daniel Yovera / agenciaperu.com

¿Por qué hay sectores latinoamericanos que están a la defensiva respecto del ALCA?
En primer lugar las negociaciones que se están llevando a cabo en A. Latina son secretas. Es muy difícil tener acceso a la información de que se esta negociando, como se esta negociando, se conocen algunos temas nada mas.
En segundo lugar el ALCA es mucho más que un acuerdo de libre comercio. El ALCA es un acuerdo sobre inversiones, es un acuerdo sobre propiedad intelectual, sobre medio ambiente, es decir, es mucho más. Y en todos estos rubros el resultado será un acotamiento muy fuerte de la capacidad decisoria de los Estados, que hasta donde estamos viendo no tienen capacidad de negociación frente al gobierno de EE. UU. y de sus empresas.


¿Qué podría pasar a países como Perú que piensan que podrían ir solos al ALCA?
Esa es una posición que en general está condenada al fracaso. Esa misma posición la tuvieron algunos en la década del 80 respecto de la crisis de la Deuda, cuando la estrategia de negociación conjunta fracasó porque hubo varios países que pensaban ir por su cuenta, sea porque debían mucho o porque debían muy poco. Al final la crisis nos aplastó a todos. Hay que sacar experiencia de la contraparte: los acreedores se unen para negociar con nosotros e imponernos sus condiciones de pago. EE. UU., para lanzar su invasión a Irak, trató de juntar la mayor cantidad posible de socios o cómplices.
Nosotros en cambio pensamos que podemos ir solitos a negociar con un país que realmente no tiene un gran interés ni económico ni político en esta región.

El proteccionismo de EE. UU. y el posterior dumping que este genera, ¿qué consecuencias tiene?
Estados Unidos tiene cierta sensibilidad social respecto de sectores de productores, como los del medio oeste, a quienes les está subsidiando la producción para que no desaparezcan como sector social. Es algo parecido a lo que hace Europa. No se pregunta qué tan rentable, qué tan competitiva es la producción que estos sectores sociales desarrollan, sino que se dan cuenta que sería un descalabro social condenar a que el mercado arrase con estos sectores.
Esa es una cosa que cuando uno lo plantea en A. Latina, la mayoría de nuestros gobiernos lo ven a uno como si fuera de Marte...

Y lo califican de populista...
De demagogo, de populista, en realidad están trabajando para intereses ajenos a los del país. En eso consiste el proteccionismo de EEUU., de financiar a un granjero que tiene un bosque, y para que no tale el bosque, le paga el equivalente a la renta que el granjero obtendría si esa mitad de su propiedad estaría en producción agrícola o pecuaria. Son cosas elementales. Nosotros no tenemos que ir a buscar en grandes inventores las cosas que hay que hacer, EE. UU. y Europa lo hacen.
EE. UU. está financiando una producción que en términos de economía de mercado no es rentable. Si gracias a ese subsidio que recibe el granjero de EE. UU. es que puede seguir produciendo y puede seguir vendiéndole al mercado norteamericano, y por lo tanto con ese subsidio, EE. UU. está definiendo una barrera no arancelaria a las exportaciones latinoamericanas, en este caso de granos.

Es decir, EE. UU. está haciendo lo que a nosotros nos aconseja que no hagamos.
Lo ha hecho siempre, lo hace sistemáticamente, es una decisión de política. Lo que yo critico es la majadería de algunos gobiernos nuestros, que se niegan a tomar decisiones en beneficio de su propia población aduciendo slogan ideológico que son exclusivamente para exportación.

Y no tienen el valor de decirles a las autoridades norteamericanas que ellos nos obligan a hacer lo que no quieren hacer.
Bueno, a veces lo hacen, en los foros internacionales, pero sin ninguna convicción. Es decir, si nosotros no tenemos fuerza para hacer las cosas que deberíamos hacer en nuestro país, qué fuerza argumentativa vamos a tener frente a EE. UU. para que deje de hacer lo que está haciendo?

¿Los países andinos van a ver surgir su agricultura y van a ver superado el tema de la droga, con una agricultura ajustada?
Mientras EE. UU. no se decida disuadir el consumo de droga en su propio país va a ser muy difícil terminar con la narcoagricultura en los países andinos y en general en América Latina. Es decir, EE. UU. tiene que decidir hacer con la coca, con el éxtasis, con la heroína, etc., lo mismo que hizo con el tabaco, es decir un trabajo de 15, 20 años, que ni siquiera penalizó el consumo, pero a través de una campaña doctrinaria, persuasiva, de educativa, consiguió que ya hoy sea prácticamente imposible fumar en un lugar pública. Ha bajado el consumo de tabaco, sin ninguna medida represiva, sin arrasar con los cultivos de tabaco ni en América Latina ni en territorio norteamericano. Entonces por qué no hacer lo mismo con este tipo de drogas.


Pero mientras tanto nuestras agriculturas van a seguir postergadas.
Pero van a seguir postergadas por las malas políticas agrícolas de los gobiernos nuestros, que consideran todavía, muchos ministros de agricultura, que el campesino, como categoría social y económica no es viable. Entonces, en vez de estimular una agricultura balanceada que combine consumo interno por agroexportación, apuesta todas sus políticas a la agroexportación. Entonces el campesino vegeta en el atraso y en el olvido.

¿Y una política de libre comercio como el ALCA no hará que los precios de los productores locales bajen?
Lo que va a ocurrir es que la importación va a liquidar la producción local. Allí hay algo muy interesante que hicieron los países asiáticos. Vietnam, por ejemplo, después de la guerra, se dedicó a recomponer la producción de arroz, y ya a principios de los 80 ya era el segundo o tercer exportador mundial de arroz. Y Vietnam no ejecutó una economía de tipo neoliberal. Entonces como había perdido su capacidad de autoabastecerse, no se dedicó a importar arroz, sino se dedicó a recomponer su condición de país arrocero, con lo cual no sólo se posicionó fuerte en el mercado internacional de países alimentarios, sino que además garantiza la seguridad alimentaria de su población.
El ALCA no sólo no garantiza la seguridad alimentaria, que es la obligación básica de cualquier país, sino que la cuestiona severamente.

Con el pretexto de la globalización nos obligan a una apertura indiscriminada de nuestros mercados. ¿El ALCA va a ahondar el libre comercio y la apertura de los mercados?
No, casi más del 80% del comercio mundial se transa entre EE. UU., Japón y Europa continental después de 20 años de globalización. Y esa era la cifra de intercambio comercial hace más de 25 años. La globalización es una política de los países desarrollados para mejorar su capacidad de penetración de penetración en los países subdesarrollados.

¿Qué va a conseguir entonces América Latina con el ALCA?
Con el ALCA, así como está, se va a consolidar nuestra asimetría respecto de las economías de los países más desarrollados, sobretodo de EE. UU. Si nosotros somos capaces, de manera concertada, de redefinir los términos de negociación, podremos conseguir una mejor relación con EE. UU. y con Europa. Pero para eso debemos tener la decisión política de ponernos de acuerdo nosotros primero.

Las corporaciones transnacionales van a competir con las pequeñas empresas agrícolas. ¿Estas van a desaparecer?
Cuando los participantes en un mercado son tan desiguales en términos de magnitud, de acceso a progreso técnico, a financiamiento, etc., el resultado de la competencia es una mayor concentración del mercado, y la quiebra de los productores más pequeños. No porque sean necesariamente más eficientes.
Las transnacionales van a desplazar a los pequeños porque tienen mejor acceso al crédito, a condiciones de comercialización, no porque sean los nuestros ineficientes. Ineficientes son los agricultores norteamericanos que necesitan del subsidio del Departamento de Tesoro para poder subsistir.

Muchas pequeñas empresas han muerto en el camino...
Porque no tienen apoyo. Hay una teoría, la teoría de las industrias infantiles: así como un niño aprende a caminar cuando uno lo lleva de la mano y después lo deja caminar solo, así también tienen que hacer los instrumentos de promoción pública con las empresas. No sobreprotegerlas, sino ponerlas en condiciones para que compitan con relativa igualdad de condiciones con las empresas que ya están instaladas.

Pero aquí no se les ha llevado de la mano.
No, no hay una promoción seria salvo excepciones en la pequeña y mediana industria que si sobrevive es un milagro porque no tiene crédito, no tiene información, no tiene promoción; sobrevive a pulmón, lo cual ya es una prueba de eficacia! Por eso lo que se recomienda es una política de estímulo serio, no para sobreprotegerla, sino para ponerlas en condiciones de caminar, y después ya que vayan por donde quieran y se arreglen como puedan. Pero generar una base inicial de igualdad de oportunidades. Ahora, esto va a ser muy difícil con el ALCA, porque inhibe este tipo de políticas de promoción.

¿El ALCA va a inhibir los créditos por ejemplo?
Va a inhibir por ejemplo créditos preferenciales. De acuerdo al ALCA si usted define una política crediticia para pequeñas y medianas industrias, que por lo tanto no es para empresas grandes, una empresa grande que se considere perjudicada por esa medida, una empresa grande, si es extranjera, puede ir ante su propio Estado y ponerle una demanda ante la OMC. Es una cosa absurda. Por eso tenemos que ponernos de acuerdo para definir una nueva agenda de negociación del ALCA, y para eso es fundamental fortalecer nuestros acuerdos subregionales existentes: MERCOSUR, CAN. Y a partir de allí saltar al acuerdo hemisférico.

Durante la década anterior se liquidaron en el Perú la banca de consumo y la de crédito agrario. El gobierno de Alejandro Toledo ha lanzado el Agrobanco. ¿Cree que esto será contradictorio con el ALCA?
Bueno, cuando se enfrente a esa tensión tendrá que tomar alguna decisión. Yo no pondría las cosas e términos dramáticos, lo que sí creo es que los gobiernos latinoamericanos debemos tener muy claro cuáles son nuestras prioridades y nuestros objetivos. Si nosotros temblamos o no tenemos en claro a dónde queremos ir, el ALCA será la aplanadora que nos va a pasar por encima. Aquí en el fondo hay un tema de legitimidad, de seriedad, de madurez de los gobiernos latinoamericanos. Si tenemos en claro a dónde queremos llegar, vamos a ser capaces de desarrollar los argumentos que van a terminar por convencer a los Estados Unidos. Le conviene llevarse bien que llevarse mal con sus vecinos del sur.
Si nosotros estamos confundidos, o nos dejamos ganar por intereses mezquinos, antinacionales, vamos a ser los cómplices de una América Latina más empobrecida, más desigual y más violenta.

¿Es viable para América Latina una economía alternativa al FMI y al Banco Mundial?
Sí, nosotros en Argentina tenemos quince meses sin Fondo Monetario y sin Banco Mundial, y tan mal no nos ha ido. Hemos salido de la crisis, está bajando el dólar, hay un inicio de reactivación, devaluamos y no tuvimos hiperinflación, dejamos de pagar la deuda externa y no se vino el mundo abajo. No es el escenario que uno le gusta, pero ninguna de las profecías agoreras que habían hecho los ideólogos del Fondo Monetario - entre los cuales hay un proscripto ex ministro peruano y gran especialista (ex ministro de Economía fujimorista, Jorge Baca Campodónico; N.E.) -, nada de eso se cumplió. No estamos en el mejor de los mundos pero no estamos tampoco en el fondo del precipicio. Sí, es perfectamente posible.

Nuestros gobernantes se sienten tan solos y tan huérfanos sin el Fondo Monetario y el Banco Mundial que sufren pensando en su ausencia o en sus castigos.
No hay que darles tanta importancia, el problema quizá no es tanto el Fondo Monetario y el Banco Mundial, sino los sectores del poder económico financiero de nuestros países. Ellos son los huesos más duros de roer. Cuando el FMI tiene frente a sí a un gobierno que sabe negociar, que tiene claros sus intereses, y que es legítimo, que detrás de sí tiene a toda su población, llega a un acuerdo. Que sea difícil no quiere decir que no sea posible
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