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Uceda: “Es innegable que hubo espionaje”
Cecilia Valenzuela entrevistó al periodista Ricardo Uceda, autor del libro “Muerte en el Pentagonito”, en el que narra la utilización del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE) como herramienta política durante los gobiernos de Fernando Belaúnde, Alan García y Alberto Fujimori.
En uno de sus capítulos revela que el espía Enrique Duchicela, un sargento de la Fuerza Aérea Ecuatoriana acreditado en la embajada de su país en Lima, compró valiosa información de las FF.AA. peruanas con la complicidad del teniente EP Marco Barrantes, en 1988.
Entrevista Cecilia Valenzuela / agenciaperu.com
En los casos que narras en tu libro se toma con suma atención el punto de vista de los militares y sobretodo de los suboficiales y agentes
Sí, por eso yo digo al comienzo que esta es una versión auténtica parcial de los hechos porque en realidad es muy distinta la visión que puede tener un suboficial, que un general o que una víctima. A mí me pareció que la visión de los operativos no estaba y decidí buscarla por muchos años.
En tu opinión, la razón por la que los jefes del Servicio de Inteligencia del Ejército ocultaron este escándalo del caso Duchicela, ¿fue por seguridad nacional o fue por proteger sus pellejos? ¿Qué es lo que haz podido averiguar?
Primero hay que comprender que en ese momento entre Perú y Ecuador había una guerra y que, probablemente, varios agentes peruanos han corrido la misma suerte que Enrique Duchicela. No es extraño que un país agraviado tome justicia con sus propias manos si ha encontrado con las manos en la masa al espía de otro país. Creo que eso pasó en este caso.
Yo menciono en el libro que el Ejército, hace dos años, ha puesto a disposición del Poder Judicial toda la documentación que la red de Duchicela obtuvo, aunque no mencionan explícitamente el nombre de Duchicela.
Pero admiten que la documentación fue robada, o sea que hubo espionaje
Claro que hubo espionaje, eso es incontroversible.
El ex presidente Alan García acaba de decir que él desconocía absolutamente el suceso, incluso, ha dudado de la veracidad de los hechos. ¿Qué puedes decir sobre eso?
Es posible que no lo haya sabido. Yo le envié una carta para pedirle una entrevista diciéndole que quería saber qué sabía de esto. En mi carta le decía que yo tenía la versión de que a los ejecutores les habían dicho que él (García) dio la orden (para asesinar a Duchicela). Es posible que no lo supiera, pero es muy difícil que un Comandante General autorice un crimen dentro del Pentagonito sin darle cuenta al Gobierno.
Artemio Palomino está vivo. Él era el Comandante General en ese momento. ¿Qué fue lo que te dijo?
Dijo que él no quería declarar. Me parece que estaba enfermo. Pero no me llamaría la atención que todos nieguen este asunto porque es gravísimo.
Yo diría que esta situación, en tanto la cúpula, en tanto la alta jerarquía, se parece a lo que hicieron los jefes militares en los setentas cuando probablemente por una razón similar, es decir por evitar la vergüenza y el deshonor, cubrieron a Montesinos y no lo denunciaron por traición a la patria
Montesinos tuvo dos procesos: uno por desobediencia y falsedad y otra por presunto espionaje en favor de Estados Unidos.
Claro, pero ahí Mercado Jarrín y Fernández Maldonado lo protegieron o lo cubrieron
Existe la versión, efectivamente, que no fueron hasta las últimas consecuencias. Pero creo que esto es más grave ya que está documentado que hubo espionaje en gran magnitud.
Yo revelo qué documentos estableció el fuero judicial militar que obtuvo y sustrajo Duchicela, y lo tomo del poder judicial. O sea que no hay dudas sobre eso.
El mayor Carlos Pichilingüe ha escrito una carta al diario Correo que dice: “es absolutamente falso que yo haya participado directa o indirectamente en labores castrenses con el ex técnico del Ejército, José Antonio Sosa Saavedra. Las temerarias y delirantes afirmaciones que realiza Sosa a su empleador Ricardo Uceda no pasan por ser simples y rocambolescas fantasías. Este es un ejemplo más del estilo utilizado por un grupo de suboficiales del Ejército subordinados de última jerarquía que por razón de su grado jamás pudieron obtener cargos de responsabilidad importante en la institución”, y pone como ejemplo no solo a Sosa sino también a Arnaldo Alvarado, a Marcos Flores, a Julio Chuqui, que son algunos de los agentes que han revelado tanto a la justicia anticorrupción como a la Comisión de la Verdad lo que ocurrió en el caso del Grupo Colina. Y dice además que “Sosa ha sido tu empleado doméstico durante largo tiempo (chofer mozo y guardián) y en base a esta relación patrón-sirviente es que lo utiliza para que le sirva de fuente de información”. ¿Qué dices Ricardo?
No me sorprende que niegue eso, ni él ni personas involucradas. En el libro yo no digo que Pichilingüe estaba en el operativo sino que dio la pistola (que sirvió para asesinar a Duchicela).
Pero dices que sabía porque él era el jefe de Seguridad del SIE 2
Claro. Según mi versión, él sabía.
Pero (el agente) Sosa ¿nunca ha trabajado para ti?
No, por supuesto que no. Lo que sí es que yo me he visto muchas veces con Sosa, es decir varios años pero hasta el 2000 porque es evidente que es una fuente muy importante del libro.
De hecho, con la autorización de Alvarado, yo revelo que él fue una fuente para que sepamos cómo fue el caso Barrios Altos. Alvarado habló conmigo y eso permitió una revelación a fines del 92, y después se comprobó que era cierto. El mayor Pichilingüe lea, pues, que todos los actos por los que está siendo juzgado han existido.
He leído con enorme entusiasmo “Muerte en el Pentagonito”. El hilo conductor es, precisamente, el agente de inteligencia operativo Sosa Saavedra y Sosa es una persona muy reticente. Nunca ha tenido o ha demostrado arrepentimiento. Yo hablé dos veces con él, en el verano del 93, cuando investigaba al Grupo Colina. La primera vez fue en un bar, donde yo le dije, con la autorización del Human Right Watch, que había una oferta para que él se convirtiera en un colaborador arrepentido y declarara sobre los crímenes de lesa humanidad que se venían cometiendo durante varios años. La siguiente vez Sosa amenazó con matarme, dijo que me iba a cortar en pedacitos. Mi pregunta es, ¿por qué creerle a una persona que ha estado involucrada en todos estos hechos y que no ha mostrado ni una señal de arrepentimiento?
Yo creo que no hay que creerle. Es decir, hay que tomar la versión y después comprobarla. Yo me demoré tanto porque no actúe como un transmisor de lo que él decía.
¿Tú le creíste?
Yo tuve la versión y la contrasté.
El tema de La ladrillera, por ejemplo, es terrorífico, es realmente espeluznante
Pero es lógico, es difícil no tener una distancia moral sobre cosas que son evidentemente repudiables. Pero recordemos que ese sentir se produjo cuando el presidente García asume el Gobierno y tiene una actitud ejemplar con el caso Accomarca.
Entonces los militares tenían el temor de que un Gobierno, que no sabían cómo podía actuar, pudiera entrar al cuartel Los Cabitos y encontrar tantos muertos que eran, en realidad, del gobierno anterior.
Pero es la primera vez que alguien consigue que se confirme esa versión
Confirme, no. Es una versión más detallada.
Pero una versión desde el desenterrador, desde el incinerador, porque eso es quien te confirma esa versión
No lo digo, no lo confirmo. Yo tengo mucho cuidado en atribuir cosas a Sosa Saavedra. Evidentemente es obvio que es una fuente importante pero no digo explícitamente que es Sosa en ese capítulo.
Afirmas que Leonor La Rosa mintió, y que se encarceló a personas que no la había torturado. ¿Cómo llegaste a esa conclusión?
En realidad quisiera hacer una precisión. Yo busqué mucha información sobre Leonor La Rosa porque me parecía que lo que le dijo al periodismo y lo que creyó la mayoría de peruanos era falso. En el camino el congresista Gonzáles, pese a su reputación, creo que dijo muchas cosas ciertas. Por ejemplo nunca se probó las torturas. Yo creo que la forma como las torturas fueron narradas no se produjeron. He hablado con gente que vio el interrogatorio y creo que no es cierto lo que dijo.
Este libro va a causar una polémica muy grande porque es un punto de vista que no se había recogido
Yo he dicho, y me parece importante recalcar, que estoy ofreciendo convicciones mías después de un enorme esfuerzo de investigación; pero no estoy ofreciendo pruebas. Yo no he trabajado para tribunales.
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