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07 de agosto del 2005
Obispo Carrión habla sobre caso de cartas apócrifas

“Olivera habría actuado por chantaje”

> CARRIÓN: "Lo que muchos no saben es que en paralelo, la fiscalía de Derechos Humanos me cita para dar testimonio sobre la muerte del cardenal Vargas Alzamora".

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En declaraciones exclusivas a agenciaperu.com, el Obispo de Puno, Jorge Carrión, negó estar detrás del envío de las cartas apócrifas al Vaticano y acusó un complot detrás de este caso.
Además, Carrión realizó más revelaciones que relacionan este caso con el del deceso del cardenal Augusto Vargas Alzamora.

Entrevista Cecilia Valenzuela / agenciaperu.com

Durante todo este tiempo, en el que usted ha logrado demostrar su inocencia, usted se negó a conversar con la prensa. ¿Por qué ha decidido ahora aceptar esta entrevista?
Creo que ya estamos al final de un proceso, y a solicitud, y recibiendo consejo de muchas personas, me dijeron que convenía hablar sobre el tema. Mientras era una cuestión reservada y estaba en investigación, convenía que guardara silencio para no entorpecer las acciones. Ahora creo que ya se está en un momento en el que se puede hablar con suma tranquilidad sobre el tema.

El problema para usted comienza cuando se descubre que las cartas son apócrifas y Fernando Olivera, a partir de una investigación fiscal, lo sindica como la persona que se las entregó. Cita además a dos colaboradores suyos, al ex viceministro Cateriano y a otra persona que trabajaba con él, como testigos de que fue usted el que entrego estas cartas. ¿Por qué cree que Fernando Olivera sostiene esta acusación?
Sus razones tendrá el señor Olivera. Sin embargo, por la información que ahora tengo, al parecer el señor Olivera habría actuado por presiones de algún clérigo, de algunos clérigos. Inclusive, estos informantes me aseguran que no hay solamente presión, sino que habría un cierto tipo de chantaje.

¿Sobre Olivera?
Sobre Olivera, sí.

¿Quiénes son los clérigos que presionan a Olivera?
Pues no lo sé, sería cuestión de averiguar. No puedo...

¿Usted no lo sabe o no me lo puede decir?
No lo sé.

Pero sus fuentes se refieren a otros clérigos
A otros clérigos, sí.

¿Usted conoce a Olivera? ¿Ha tratado con él?
Unas dos o tres veces nada más.

Pero usted sí visitó a Fernando Olivera en su despacho.
Sí, eso es cierto. No tengo por qué negarlo. La última vez fue a solicitud de ellos, para ver un problema de la carretera Puno-Arequipa.

¿Cuántas veces se reunió con ellos?
Eso fue en el transcurso del mes de agosto del año 2001. Creo que deben ser 2 ó 3 oportunidades.

En esas oportunidades, ¿usted estuvo acompañado del ex embajador Augusto Dammert?
Sí, creo que en las tres oportunidades estuvo él presente. Perdón, en la última no, porque la última me citaron para una reunión en el Ministerio de la Presidencia. Me querían hacer una consulta sobre la carretera Puno- Arequipa.

Cuando usted se reunión con Olivera en el Ministerio, ¿hubo en algún momento la entrega de un sobre?
No. Yo no he entregado ningún sobre.

¿Usted nunca entregó una documentación al señor Olivera?
De esa índole, no.

¿De qué índole?
Las visitas que hice al ministro fueron motivadas, porque era cambio de gobierno y había problemas en el penal de Yanamayo. Y yo había visitado el penal de Yanamayo hacia el final del gobierno anterior. Y vi ciertas situaciones de este penal, que ya en su momento le había referido al anterior ministro de Justicia. Y volví a insistir porque había, y ustedes lo pueden verificar, hubo, un levantamiento, y hubo tomas y desorden y creo que como Obispo estaba preocupado de la situación que reinaba en dicho penal.

Una de las pruebas que su abogado ha logrado imponer, a través de las cuales, usted está siendo declarado inocente, tiene que ver con la incoherencia entre los testigos de Olivera, respecto de las fechas en las que usted habría estado en esta reunión en el Ministerio de Justicia y habría entregado estas cartas apócrifas. Ellos se refieren a la última quincena de septiembre y usted hace mención a reuniones hasta agosto del año 2001. ¿Hay testigos o hay documentos que puedan probar que en esos días, en esa última quincena de septiembre, usted estuvo en Puno?
Sí, fíjese, uno de los testimonios que se han presentado, es justamente en lo que respecta de la fecha 21 de septiembre en el que estoy en una comunidad campesina de la provincia de Azángaro, esta se llama Cuturi, donde toda la población está presente, porque en esa fecha bendijimos el nuevo templo que se había construido. Posteriormente están los testimonios del Vicario General, del Secretario y de otros sacerdotes donde hemos estado coordinando la acción pastoral que se tenía que realizar en las siguientes semanas y meses del año.

Esas cartas de todas maneras existieron, fueron apócrifas, falsas que en realidad son dos categorías diferentes, pero existieron. ¿Usted en algún momento las vio?
No las vi tal cual, las llegue a conocer a través de un fax.

¿Quién le envió el fax? ¿A Puno?
A Puno, sí. Como he dado el testimonio correspondiente fue el señor Rojas, quien me lo envió.

¿El señor Rojas trabajaba en la Conferencia Episcopal?
Trabajaba en la Conferencia, sí

¿Por qué le paso el fax?
Porque, por lo que yo tengo entendido, él vio un sobre, rotulado a mi nombre, y me llama y me dice: ‘Mira ha llegado un sobre para ti, ¿puedo abrirlo?’. Y yo le digo, ‘ábremelo’, porque no tenía remitente y le digo que me indique qué cosa es por teléfono, me da la indicación y luego le digo que me lo pase por fax.

¿Qué hizo usted con ese fax?
Bueno, ese fax después de leerlo, lo eliminé.

¿Le preocupó, le pareció sospechoso el contenido de ese fax?
Bueno, en aquel momento no le di importancia.

¿Qué instrucción le dio usted al señor Rojas?
Que se deshaga de esos documentos, que se eliminen.

¿Podría existir la posibilidad de que él las haya enviado al Ministerio de Justicia?
No creo, no creo. Porque eso significaría haber roto la confianza que tenía en mí.

¿Por qué usted decidió romper esas cartas?
Mire en la función que uno tiene, le llegan a menudo muchos tipos de documentos anónimos y entonces uno va empezando a tener experiencia, sobre todo cuando no hay una nota que lo acompañe o no se sepa de donde viene el remitente o sino se hace una investigación. Pero en este caso yo no tenía los medios investigar.

Era de todas maneras muy serio, se estaba hablando de las máximas autoridades de su Iglesia.
Bueno, como dije, llegan anónimos, y ahora también actualmente como Obispo, me llegan anónimos de personas y que debo evaluar. Generalmente hay un principio que me recomendaron los especialistas en derecho: cuándo llega un anónimo que nunca le dé el valor correspondiente. Esa es una vieja recomendación.

¿Usted conversó de este anónimo con algún otro Obispo?
No, con nadie.

¿Simplemente le ordenó a Rojas que las rompiera?
Sí, que las eliminara.

¿Y usted también las elimino?
Yo las eliminé.

¿Por qué dijo inicialmente, en su primera declaración fiscal, que se había enterado de la existencia de estas cartas por la prensa?
Mire, porque la fiscal, en un primer momento, perdóneme voy a decirlo así, no sabía lo que preguntaba. Inclusive confundió al señor Dammert con el obispo Dammert. Y luego hubo lo siguiente, una de las preguntas que me hace es de una de las sesiones reservadas de la Conferencia Episcopal. Y si fue reservada, mi pregunta es cómo se enteró o quién le ha pasado los datos a la fiscal de una sesión reservada, donde estuvieron presentes los obispos.

¿Entonces usted no mintió en su primera declaración?
No, no he mentido. Porque luego viene en el segundo momento, llegan ya las preguntas más precisas. Parece que la fiscal ya tiene elementos mucho más concretos. Mire, es interesante, observando ya después de tiempo, cómo se inicia todo esto. Primero hay una noticia que sale por diciembre, a fines de año de 2001.

¿Noviembre?
En noviembre de 2001, sí. Ahí se silencia, luego viene la asamblea de Obispos, ahí lo tratan y luego vuelven a retomar el tema en el mes de abril del año pasado, cuando sale una noticia que algún clérigo habría citado para declarar sobre la muerte de Augusto Vargas Alzamora. Entonces empieza otra vez este rollo y empieza la citación de la fiscalía, a la cual acudo y he acudido a todas las citaciones que me han dado. Pero lo que muchos no saben es que en paralelo, la fiscalía de Derechos Humanos me cita para dar testimonio sobre la muerte del cardenal Vargas Alzamora

¿Por qué? ¿Qué le preguntan?
Es por una razón bien sencilla. El día en que Augusto Vargas Alzamora ingresa a la Tezza, a la clínica Tezza…

Con el derrame cerebral…
Así es, con el derrame cerebral, soy el último obispo con quién él conversa aquella tarde. Yo llego ahí, a encontrarme con él por una casualidad. De pronto me piden un favor, que yo lleve al secretario de la Nunciatura a un encuentro que él tiene o debe tener con el Cardenal a base de una llamada telefónica que llega de la Nunciatura. No me niego a llevarlo, lo llevo al colegio La Inmaculada. Y le digo, le puedo esperar aquí afuera y me dice, no entra. Y al entrar al comedor y veo un cuadro, donde veo el Cardenal en un estado al que nunca lo había visto de esa manera.

¿Cómo lo vio?
Pues estaba en un cuadro como si estuviese ido. Estaba ahí en la mesa con el Padre Martín. Él mismo ha hecho una declaración en El Comercio diciendo lo mismo, lo vio en un estado como diríamos, como si estuviese totalmente dopado. Luego él se retira con el secretario de la Nunciatura

¿Y Monseñor Vargas Alzamora, disculpe usted, logra tener su reunión con el secretario de la Nunciatura?
Conversan los dos, pero en reservado. Salen del comedor y tiene un largo diálogo

¿Salen del comedor? O sea, ¿Monseñor Vargas está caminado?
Está caminando. Usted lo ve como si estuviera dopado totalmente

¿Cuál es el nombre del secretario de la Nunciatura?
Es monseñor Jose Antonio Almandoz Garmendia.

Luego ¿qué ocurre?
Luego nos retiramos. Debemos habernos retirado entre las 3:30 o 4 de la tarde. Yo al día siguiente me entero que el Cardenal había sido llevado a la clínica Tezza

Cuándo usted lo vio en ese estado, conociéndole de tantos años, ¿usted le comentó, le pregunto si se sentía bien, si estaba indispuesto?
Le pregunte y le dije, mejor vaya a tomarse una siesta. Y es la última vez que lo he visto.

¿El qué le dijo? ¿Que se sentía mal?
No. Le pregunte además qué es lo que tiene y él me dijo lo siguiente: ‘Estoy muy preocupado por la situación que atraviesa el país’. Esas fueron las últimas palabras que él me dijo a mí.

¿Eso fue en mayo del año 2000?
Dos mil, sí. Entonces hay muchas coincidencias…

Entonces retomemos, la fiscalía de los DD. HH. lo cita para esta declaración, y usted cree que esto coincide con que se reabre o se empieza a hacer el escándalo de las cartas apócrifas en la que coincidentemente lo sindican a usted. ¿Encuentra usted una relación en ambos hechos?
Coinciden ciertos temas, coinciden ciertos momentos. Se trata de silenciar. La señora Pinchi Pinchi hace una declaración semejante. Ahora, el tema es para mi, qué sabe monseñor Almandoz, que para mi es el testigo principal.

¿En el caso de Monseñor Vargas Alzamora?
Sí.

¿Pero en el caso de las cartas también?
Sí, porque a él lo inculpan

¿Lo inculpa quién?
Lo inculpan en esa asamblea reservada que se tiene en la Conferencia Episcopal. Y es muy interesante observar, por ejemplo, que me inculpan a mí, pero su nombre no se cita. Es más en esa Asamblea reservada nunca se dice mi nombre, nunca se pronuncia mi nombre, pero sí el nombre de Almandoz

Y después cuando eso se traduce a la Fiscalía se cita su nombre y no se cita el nombre de Almandoz?
Exactamente.

Monseñor Almandoz, tiene mucho que decir en la investigación del presunto envenenamiento de monseñor Vargas Alzamora y tiene también mucho que decir en el caso de las cartas apócrifas. ¿Usted ha pedido que monseñor Almandoz testificar en el proceso en el que a usted lo encausan?
Sí, se pidió y en la resolución donde también se pide la confrontación con el señor Olivera. El juez acepta la solicitud del testimonio de Almandoz, pero en el momento en el que monseñor Almandoz presenta su declaración jurada el juez rechaza esa declaración.

¿El argumento del juez cuál ha sido, usted tiene una idea?
No lo sé, pero fíjese hay una cosa interesante en ese expediente que presenta Almandoz. Acompaña a ese expediente una denuncia que él realiza ante las autoridades de España porque en el aeropuerto de Frankfurt, él es detenido y le quieren quitar toda la documentación que él tiene.

¿Quién lo detiene? ¿Es detenido oficialmente en Frankfurt, hay un grupo de 2 ó 3 sacerdotes?
No, no son clérigos, parecen que son miembros de alguna agencia de servicios.

¿De inteligencia?
De inteligencia.

Durante estos meses larguísimos, imagino para usted monseñor Carrión, ¿cuál fue su relación con las autoridades del Vaticano?
Mire, la Santa Sede, en este caso Roma, está informada de todo lo que yo hago. Inclusive pienso que el mismo Santo Padre está informado del tema, porque como Cardenal le informe oportunamente en el mes de octubre del año pasado. Le he enviado todo el expediente y ellos lo tienen y lo tienen en sus manos

La Fiscalía Provincial ha determinado que usted no tiene ninguna responsabilidad en el tema de las cartas apócrifas, sin embargo, todavía falta que el juez del Segundo Juzgado ratifique esta decisión de la Fiscalía y archivar el caso. ¿Usted teme que Olivera presione para que esto no suceda?
Mire, a nivel político se puede temer todo, peor yo no tengo ningún miedo, ningún temor. La verdad prevalece. No es mi verdad, no es la verdad del otro. No relativemos la verdad. La verdad es una y esa verdad va a prevalecer. Y quiero citarle algo que durante todo este tiempo me ha acompañado y es digamos la fuerza moral que a uno le da contra todos las adversidades. Hay un versículo en el libro Los proverbios que dice: Lucha por la verdad hasta la muerte y Dios te protegerá

¿Y usted jamás le entregó esas cartas al señor Olivera?
No le he entregado. Y yo voy a luchar por esa verdad y lo más interesante es que las autoridades mías en Roma lo saben,.. Mi pregunta es: ¿por qué Roma no ha procedido conmigo hace tiempo? Antes bien, he recibido correspondencia pertinente para que siga yo con mi labor pastoral, no solamente ratificándome sino animándome a seguir adelante

¿Usted ha tenido alguna conversación con el cardenal Cipriani sobre este tema?
Por orden de Roma, en la primera carta en el año 2001, en diciembre, recibí una carta que debo conversar con ellos.

¿Y conversó?
Sí le solicité conversar, pero el señor Cardenal se negó.

¿O sea no ha conversado?
No, él se negó, pero con el Nuncio sí.

¿El nuncio le expresó su preocupación?
Fue creo el 16 de enero de 2002, donde él me dice lo que le habría dicho el señor Olivera y luego de ese momento, no hemos vuelto a conversar más.

¿Pero el Nuncio quedó satisfecho con su versión?
Ah, no lo sé.

¿Le importa?
No me importa nada de lo que él piensa.

¿Ni de lo que piensa el Cardenal?
No, tampoco, porque él es el Obispo de Lima y yo soy Obispo de Puno, y ellos no son mi autoridad.

¿Su autoridad está en Roma?
Está en Roma.

¿Monseñor, el juez que ha rechazado la declaración jurada de Almandoz es el mismo juez que se negó a ampliar el plazo para que se lleve a cabo la confrontación, el careo entre usted y Olivera?
El mismo juez.

¿Usted fue al careo?
Claro que fui. Yo no he rehuido.

¿Quién no llego fue Olivera?
Así es.

 
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