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La
historia detrás del regalo rechazado
Esta semana
el Perú rechazó una donación: cinco helicópteros
que Estados Unidos regalaba para la lucha contra las drogas. La
versión oficial es que los helicópteros no son funcionales
para la guerra antinarcóticos. Pero esta es la versión
que ha recogido agenciaperu.com sobre el negado obsequio.
Aunque sabemos que las autoridades del Ministerio del Interior están
dispuestas a negarla porque nadie quiere pelearse con los Estados
Unidos, pensamos que es nuestro deber publicarla.
Escribe César Hildebranth Chávez / agenciaperu.com
¿Por
qué el Perú no aceptó una donación de
cinco helicópteros K-MAX para la lucha contra las drogas?
La respuesta
oficial la dio el Ministerio del Interior: el diseño de las
aeronaves que el gobierno de los Estados Unidos nos iba a donar
no nos servía. Los helicópteros K-MAX sólo
pueden transportar a una persona, y para uso militar deben sufrir
modificaciones que, incluso, aumentarían su costo. Los K-MAX,
de la fábrica americana Kaman Aerospace, nada tienen que
hacer en la lucha antinarcóticos frente a los UH-1H, también
norteamericanos, o junto a los MI- 17 de fábrica rusa.
Esta es la explicación
técnica, o mejor dicho, la excusa diplomática: el
problema real tiene raíces mucho mas profundas. El lunes,
el ministro Fernando Rospigliosi dio la primera pista: "Imaginemos
que un senador americano quiso presionar".
En efecto, la
historia comenzó en 1999. En ese año un grupo de oficiales
de la policía peruana viajó a Estados Unidos para
exponer ante una comisión del gobierno americano los problemas
que Perú debía enfrentar para combatir al narcotráfico.
En esa oportunidad, según fuentes confiables, los oficiales
peruanos solicitaron 30 helicópteros del modelo UH-1H, un
diseño muy eficaz para la guerra contra los narcóticos.
Según
las mismas fuentes, a la reunión asistió un funcionario
ligado estrechamente a un senador norteamericano. Y este funcionario
persuadió a los oficiales para que cambiaran su solicitud.
Que cambiaran los 30 UH-1H, por 5 helicópteros K-MAX. La
razón: este funcionario tenía vínculos cercanos
con la empresa que fabrica los helicópteros K-MAX y su interés
consistía en que el gobierno de su país le comprara
a esta compañía las aeronaves.
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La
fábrica americana Kaman Aerospaceú, fabricante
de los K-MAX
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Los oficiales
peruanos sabían que los K-MAX no son eficientes para la lucha
antidroga. Inicialmente, algunos de ellos se negaron a aceptar.
En ese momento, la primera presión sobrevino: según
las mismas fuentes, el funcionario americano insinuó a los
oficiales peruanos que si no aceptaban los K-MAX, no habría
ninguna donación.
El trámite
se prolongó durante varios meses. En Lima, era necesario
un documento que cerrara el negocio: un informe técnico que
detallara para qué necesitaba el Perú las aeronaves.
En noviembre
de 2000, un funcionario de Kaman Aerospace aseguró a la prensa
peruana que la donación iba viento en popa, y que el general
José Tizoc Lindley, actual director de la Policía
Nacional, había firmado un documento técnico que permitía
al Perú recibir las 5 aeronaves.
Tizoc incluyó
en su informe que los helicópteros K-MAX podían usarse
para fines logísticos, una necesidad poco relevante en la
lucha contra las drogas. En realidad, Tizoc no habría hecho
otra cosa que intentar librarse del tema.
En el gobierno
de transición, cuando sólo faltaban firmar los papeles
para terminar de ejecutar la donación americana, el despacho
del entonces Ministro del Interior, el general Antonio Ketín
Vidal, eludió el trámite diplomáticamente.
Pero las presiones
continuaron. Según fuentes no oficiales, en esa época
las llamadas telefónicas insinuaban que el resto de la ayuda
norteamericana para la lucha contra las drogas podría correr
riesgo si es que el Perú no aceptaba el donativo. Las autoridades
de nuestro país pudieron disculpar la demora de la firma
con una coartada inexpugnable: toda la atención y todos los
esfuerzos estaban dedicados a la captura de Vladimiro Montesinos
y los otros temas debían esperar.
Cuando Fernando
Rospigliosi asumió la cartera del Interior, llegaron los
documentos de la donación a su despacho. Después de
analizar los papeles y evaluar las bondades de los K-MAX, la conclusión
fue definitiva: "no aceptaremos los helicópteros",
dijo el ministro.
Hasta la fecha
nadie sabe el nombre del funcionario norteamericano ligado al Senado
de dicho país que presionó en 1999 a la comisión
de oficiales peruanos para cambiar su ofrecimiento y beneficiar
a la empresa Kaman Aerospace. Ahora la palabra la tiene la embajada
de los Estados Unidos.
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