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14 de abril del 2002
Helicópteros norteamericanos

Uno de los helicópteros K-MAX que Estados Unidos quiso donar al Perú.

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La historia detrás del regalo rechazado

Esta semana el Perú rechazó una donación: cinco helicópteros que Estados Unidos regalaba para la lucha contra las drogas. La versión oficial es que los helicópteros no son funcionales para la guerra antinarcóticos. Pero esta es la versión que ha recogido agenciaperu.com sobre el negado obsequio. Aunque sabemos que las autoridades del Ministerio del Interior están dispuestas a negarla porque nadie quiere pelearse con los Estados Unidos, pensamos que es nuestro deber publicarla.


Escribe César Hildebranth Chávez / agenciaperu.com

¿Por qué el Perú no aceptó una donación de cinco helicópteros K-MAX para la lucha contra las drogas?

La respuesta oficial la dio el Ministerio del Interior: el diseño de las aeronaves que el gobierno de los Estados Unidos nos iba a donar no nos servía. Los helicópteros K-MAX sólo pueden transportar a una persona, y para uso militar deben sufrir modificaciones que, incluso, aumentarían su costo. Los K-MAX, de la fábrica americana Kaman Aerospace, nada tienen que hacer en la lucha antinarcóticos frente a los UH-1H, también norteamericanos, o junto a los MI- 17 de fábrica rusa.

Esta es la explicación técnica, o mejor dicho, la excusa diplomática: el problema real tiene raíces mucho mas profundas. El lunes, el ministro Fernando Rospigliosi dio la primera pista: "Imaginemos que un senador americano quiso presionar".

En efecto, la historia comenzó en 1999. En ese año un grupo de oficiales de la policía peruana viajó a Estados Unidos para exponer ante una comisión del gobierno americano los problemas que Perú debía enfrentar para combatir al narcotráfico. En esa oportunidad, según fuentes confiables, los oficiales peruanos solicitaron 30 helicópteros del modelo UH-1H, un diseño muy eficaz para la guerra contra los narcóticos.

Según las mismas fuentes, a la reunión asistió un funcionario ligado estrechamente a un senador norteamericano. Y este funcionario persuadió a los oficiales para que cambiaran su solicitud. Que cambiaran los 30 UH-1H, por 5 helicópteros K-MAX. La razón: este funcionario tenía vínculos cercanos con la empresa que fabrica los helicópteros K-MAX y su interés consistía en que el gobierno de su país le comprara a esta compañía las aeronaves.

La fábrica americana Kaman Aerospaceú, fabricante de los K-MAX

Los oficiales peruanos sabían que los K-MAX no son eficientes para la lucha antidroga. Inicialmente, algunos de ellos se negaron a aceptar. En ese momento, la primera presión sobrevino: según las mismas fuentes, el funcionario americano insinuó a los oficiales peruanos que si no aceptaban los K-MAX, no habría ninguna donación.

El trámite se prolongó durante varios meses. En Lima, era necesario un documento que cerrara el negocio: un informe técnico que detallara para qué necesitaba el Perú las aeronaves.

En noviembre de 2000, un funcionario de Kaman Aerospace aseguró a la prensa peruana que la donación iba viento en popa, y que el general José Tizoc Lindley, actual director de la Policía Nacional, había firmado un documento técnico que permitía al Perú recibir las 5 aeronaves.

Tizoc incluyó en su informe que los helicópteros K-MAX podían usarse para fines logísticos, una necesidad poco relevante en la lucha contra las drogas. En realidad, Tizoc no habría hecho otra cosa que intentar librarse del tema.

En el gobierno de transición, cuando sólo faltaban firmar los papeles para terminar de ejecutar la donación americana, el despacho del entonces Ministro del Interior, el general Antonio Ketín Vidal, eludió el trámite diplomáticamente.

Pero las presiones continuaron. Según fuentes no oficiales, en esa época las llamadas telefónicas insinuaban que el resto de la ayuda norteamericana para la lucha contra las drogas podría correr riesgo si es que el Perú no aceptaba el donativo. Las autoridades de nuestro país pudieron disculpar la demora de la firma con una coartada inexpugnable: toda la atención y todos los esfuerzos estaban dedicados a la captura de Vladimiro Montesinos y los otros temas debían esperar.

Cuando Fernando Rospigliosi asumió la cartera del Interior, llegaron los documentos de la donación a su despacho. Después de analizar los papeles y evaluar las bondades de los K-MAX, la conclusión fue definitiva: "no aceptaremos los helicópteros", dijo el ministro.

Hasta la fecha nadie sabe el nombre del funcionario norteamericano ligado al Senado de dicho país que presionó en 1999 a la comisión de oficiales peruanos para cambiar su ofrecimiento y beneficiar a la empresa Kaman Aerospace. Ahora la palabra la tiene la embajada de los Estados Unidos.

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