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Este
fiscal pudo evitar la tragedia de Mesa Redonda
Unos documentos
que se tramitaron veinte días antes de la desgracia, revelan
que absurdas trabas burocráticas impidieron a los policías
-que necesitaban la autorización de la Fiscalía- efectuar
las incautaciones de la peligrosa mercadería pirotécnica.
Escribe César
Hildebrandt Chávez / agenciaperu.com
En el sótano
de la galería Mesa Redonda no se puede transitar sin dificultad,
incluso de día. Los stands miden un metro de ancho por dos
de alto. Y en sus pasillos estrechos y oscuros corrieron y se apretujaron
miles de clientes y cientos de inescrupulosos comerciantes pirotécnicos,
la fatídica noche del 29 de diciembre último.
La galería
Mesa Redonda se convirtió en una ratonera a la hora del incendio,
cuando los comerciantes se encerraron y bajaron sus cortinas de
fierro para protegerse del rumor de saqueo que corrió tan
rápido como la pólvora.
Esta galería
tiene dos entradas: una por el jirón del mismo nombre y otra
por el jirón Cuzco, pero en la práctica ningún
extraño puede identificar al propietario de cada stand ni
a su mercadería.
LA BUROCRACIA
INDOLENTE
Durante la semana,
agenciaperu.com buscó al coronel jefe de la policía
metropolitana, Eduardo Arteta, responsable de los vehículos
y del personal policial que participó en el rescate del siniestro.
La noche de
la tragedia, cuando el fuego estaba controlado, al promediar las
diez y media, las cámaras de Canal N registraron a un grupo
de policías vestidos de civil, sacando cajas con material
pirotécnico de la galería Mesa Redonda e introduciéndolas
en camiones
porta tropas de la Policía Nacional. El acta de incautación
de las 18 cajas decomisadas en este local la noche del incendio,
existe y según el mismo documento, la mercadería fue
incinerada en el fundo Barbadillo.
El mismo coronel
Eduardo Arteta ha revelado que tuvo en sus manos esa información
desde los primeros días de diciembre. Sin embargo, lo que
no se conocía era que Arteta le entregó, en tres oportunidades,
al fiscal de prevención del delito, César Venegas
Gamarra, esta información. En
tres oficios, el jefe de la policía metropolitana
alertó del riesgo y pidió la autorización de
la Fiscalía, para proceder a un descerraje y a una exitosa
incautación.
En los oficios,
enviados el 6, el 13 y el 14 de diciembre, la policía no
sólo señalaba la ubicación de los almacenes,
sino también la estrategia para realizar el operativo.
El
primer oficio incluso establece una relación de 20
locales entre oficiales y clandestinos, del jirón Cuzco,
en los que ilegalmente se almacenaba y comercializaba el material.
Uno de ellos era el Hostal Oriental, que se quemó íntegro
la noche del 29. El coronel Arteta le pidió al fiscal que
realice las coordinaciones con el juez de turno en lo penal para
que se autorice el descerraje de los lugares detectados para realizar
el operativo, incautar el material y
prevenir una desgracia. El documento adjunta un informe de inteligencia
con los detalles de lo que ocurría.
El segundo oficio
es del 13 de diciembre y éste, el mismo coronel Arteta le
envía al Fiscal Venegas el plan Pirotecnia III - 2001 donde
le explica cómo se realizaría el operativo de incautación,
siempre y cuando la Policía cuente con la orden judicial
que autorice el allanamiento. El único que puede autorizar
el descerraje de cualquier local comercial es un juez, con la participación
del fiscal. La policía no podía intervenir sin orden
judicial y sin la presencia de un fiscal.
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El
fiscal dispuso hasta de un croquis de la zona y aun así
no autorizó la intervención de la policía.
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El 14 de diciembre,
el capitán Percy Huapaya Moreno, oficial de la Policía
Metropolitana, bajo el mando del coronel Eduardo Arteta, visitó
nuevamente, por tercera vez, la Fiscalía de prevención
del delito a cargo del Fiscal Venegas Gamarra para pedirle que coordine
con el juez y obtenga la orden para realizar un descerraje en la
galería Mesa Redonda.
Huapaya incluso
dibujó un
croquis detallado de la zona, ya que es imposible especificar
la ubicación de cada stand por separado pues casi todos están
construidos artesanalmente y la mayoría no están numerados.
Pero según el parte del capitán Huapaya, el fiscal
César Venegas Gamarra le exigió la numeración
exacta y la ubicación precisa de cada stand para darle la
orden de descerraje, de tal manera que el operativo nunca se realizó.
LA CHISPA
DE WONG
Por otro lado,
esta mercadería tiene dueños y esos dueños
que, vulnerando la ley, almacenaron material pirotécnico
en una zona prohibida y tugurizada, son los principales responsables
de la desgracia. A propósito, agenciaperu.com ha descubierto
algunas
irregularidades.
El comerciante
de pirotecnia, que maneja el mayor porcentaje del mercado, es Ricardo
Wong. Su preponderancia en este negocio es innegable. El año
pasado ganó el premio de la Cinta Roja y Blanca en la categoría
de fuegos artificiales.
Lo curioso,
sin embargo, es que el señor Wong no aparece como propietario,
gerente o administrador de su empresa. En ninguna de las páginas
de la ficha registral de la compañía que Wong dice
representar, Inversiones Ripaval, está mencionado su nombre.
¿Por
que una de las empresas importadoras más grande no registra
el nombre de su Propietario?. Parece que Wong no quiere quemarse.
El 30 de noviembre
pasado, a iniciativa de la Municipalidad de Lima, los principales
importadores de artefactos pirotécnicos suscribieron un acta
en el que se comprometieron a no almacenar sus productos en el centro
histórico de Lima.
Pero Ricardo
Wong no firmó el acta municipal; en su representación
lo hizo su testaferro, Jaime Zerga Romero, coincidentemente, hermano
del general del Ejército en retiro Ronald Zerga Romero, quien
entre 1995 y 1996 ocupó la jefatura de la DISCAMEC, la oficina
que regula la entrada al Perú del material pirotécnico.
En esos años,
la jefatura de Zerga le vino a Wong como anillo al dedo. Ni bien
asumió la jefatura de la DISCAMEC, el general Ronald Zerga
descubrió que sólo a una empresa estaba
apta para obtener la autorización para comercializar pirotecnia
en Lima, y esta compañía fue Distribuidora Nova, otra
de las empresas de Ricardo Wong Kuoman.
Las preguntas
sobre la forma como se manejó el negocio de las luces y los
cohetes, hasta antes del incendio del 29, son cada vez más
agudas; y sus respuestas cada vez más urgentes.
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