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7 de enero del 2002
Además: Wong, el rey de la pólvora

La burocracia del Fiscal Venegas Gamarra no autorizó que la policía incautara la mercadería ilegal.

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Los oficios tramitados entre la Policía Metropolitana y la Fiscalía de Prevención del Delito.

Este fiscal pudo evitar la tragedia de Mesa Redonda

Unos documentos que se tramitaron veinte días antes de la desgracia, revelan que absurdas trabas burocráticas impidieron a los policías -que necesitaban la autorización de la Fiscalía- efectuar las incautaciones de la peligrosa mercadería pirotécnica.

Escribe César Hildebrandt Chávez / agenciaperu.com

En el sótano de la galería Mesa Redonda no se puede transitar sin dificultad, incluso de día. Los stands miden un metro de ancho por dos de alto. Y en sus pasillos estrechos y oscuros corrieron y se apretujaron miles de clientes y cientos de inescrupulosos comerciantes pirotécnicos, la fatídica noche del 29 de diciembre último.

La galería Mesa Redonda se convirtió en una ratonera a la hora del incendio, cuando los comerciantes se encerraron y bajaron sus cortinas de fierro para protegerse del rumor de saqueo que corrió tan rápido como la pólvora.

Esta galería tiene dos entradas: una por el jirón del mismo nombre y otra por el jirón Cuzco, pero en la práctica ningún extraño puede identificar al propietario de cada stand ni a su mercadería.

LA BUROCRACIA INDOLENTE

Durante la semana, agenciaperu.com buscó al coronel jefe de la policía metropolitana, Eduardo Arteta, responsable de los vehículos y del personal policial que participó en el rescate del siniestro.

La noche de la tragedia, cuando el fuego estaba controlado, al promediar las diez y media, las cámaras de Canal N registraron a un grupo de policías vestidos de civil, sacando cajas con material pirotécnico de la galería Mesa Redonda e introduciéndolas en camiones
porta tropas de la Policía Nacional. El acta de incautación de las 18 cajas decomisadas en este local la noche del incendio, existe y según el mismo documento, la mercadería fue
incinerada en el fundo Barbadillo.

El mismo coronel Eduardo Arteta ha revelado que tuvo en sus manos esa información desde los primeros días de diciembre. Sin embargo, lo que no se conocía era que Arteta le entregó, en tres oportunidades, al fiscal de prevención del delito, César Venegas Gamarra, esta información. En tres oficios, el jefe de la policía metropolitana alertó del riesgo y pidió la autorización de la Fiscalía, para proceder a un descerraje y a una exitosa incautación.

En los oficios, enviados el 6, el 13 y el 14 de diciembre, la policía no sólo señalaba la ubicación de los almacenes, sino también la estrategia para realizar el operativo.

El primer oficio incluso establece una relación de 20 locales entre oficiales y clandestinos, del jirón Cuzco, en los que ilegalmente se almacenaba y comercializaba el material. Uno de ellos era el Hostal Oriental, que se quemó íntegro la noche del 29. El coronel Arteta le pidió al fiscal que realice las coordinaciones con el juez de turno en lo penal para que se autorice el descerraje de los lugares detectados para realizar el operativo, incautar el material y
prevenir una desgracia. El documento adjunta un informe de inteligencia con los detalles de lo que ocurría.

El segundo oficio es del 13 de diciembre y éste, el mismo coronel Arteta le envía al Fiscal Venegas el plan Pirotecnia III - 2001 donde le explica cómo se realizaría el operativo de incautación, siempre y cuando la Policía cuente con la orden judicial que autorice el allanamiento. El único que puede autorizar el descerraje de cualquier local comercial es un juez, con la participación del fiscal. La policía no podía intervenir sin orden judicial y sin la presencia de un fiscal.

El fiscal dispuso hasta de un croquis de la zona y aun así no autorizó la intervención de la policía.

El 14 de diciembre, el capitán Percy Huapaya Moreno, oficial de la Policía Metropolitana, bajo el mando del coronel Eduardo Arteta, visitó nuevamente, por tercera vez, la Fiscalía de prevención del delito a cargo del Fiscal Venegas Gamarra para pedirle que coordine con el juez y obtenga la orden para realizar un descerraje en la galería Mesa Redonda.

Huapaya incluso dibujó un croquis detallado de la zona, ya que es imposible especificar la ubicación de cada stand por separado pues casi todos están construidos artesanalmente y la mayoría no están numerados. Pero según el parte del capitán Huapaya, el fiscal César Venegas Gamarra le exigió la numeración exacta y la ubicación precisa de cada stand para darle la orden de descerraje, de tal manera que el operativo nunca se realizó.

LA CHISPA DE WONG

Por otro lado, esta mercadería tiene dueños y esos dueños que, vulnerando la ley, almacenaron material pirotécnico en una zona prohibida y tugurizada, son los principales responsables de la desgracia. A propósito, agenciaperu.com ha descubierto algunas
irregularidades.

El comerciante de pirotecnia, que maneja el mayor porcentaje del mercado, es Ricardo Wong. Su preponderancia en este negocio es innegable. El año pasado ganó el premio de la Cinta Roja y Blanca en la categoría de fuegos artificiales.

Lo curioso, sin embargo, es que el señor Wong no aparece como propietario, gerente o administrador de su empresa. En ninguna de las páginas de la ficha registral de la compañía que Wong dice representar, Inversiones Ripaval, está mencionado su nombre.

¿Por que una de las empresas importadoras más grande no registra el nombre de su Propietario?. Parece que Wong no quiere quemarse.

El 30 de noviembre pasado, a iniciativa de la Municipalidad de Lima, los principales importadores de artefactos pirotécnicos suscribieron un acta en el que se comprometieron a no almacenar sus productos en el centro histórico de Lima.

Pero Ricardo Wong no firmó el acta municipal; en su representación lo hizo su testaferro, Jaime Zerga Romero, coincidentemente, hermano del general del Ejército en retiro Ronald Zerga Romero, quien entre 1995 y 1996 ocupó la jefatura de la DISCAMEC, la oficina que regula la entrada al Perú del material pirotécnico.

En esos años, la jefatura de Zerga le vino a Wong como anillo al dedo. Ni bien asumió la jefatura de la DISCAMEC, el general Ronald Zerga descubrió que sólo a una empresa estaba
apta para obtener la autorización para comercializar pirotecnia en Lima, y esta compañía fue Distribuidora Nova, otra de las empresas de Ricardo Wong Kuoman.

Las preguntas sobre la forma como se manejó el negocio de las luces y los cohetes, hasta antes del incendio del 29, son cada vez más agudas; y sus respuestas cada vez más urgentes.

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