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7 de julio del 2002
Despedidos durante el fujimorismo protestan
La ley ordena la reposición de 76 mil trabajadores estatales despedidos durante el fujimorismo.

En este artículo

La ley no es para todos

Cuestión de números

La posición del Estado

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¿A quién favorece la ley de ceses colectivos?

Hace una semana, el Congreso de la República aprobó una ley que debía resolver la situación de miles de personas despedidas arbitrariamente durante la dictadura fujimorista.
Pero esta ley propone solucionar el problema de setenta y seis mil desempleados, dejando abierta la posibilidad de que también se acojan los trabajadores que sí recibieron indemnizaciones o incentivos a cambio de sus renuncias.
El Ejecutivo ha anunciado que observará la ley, y los trabajadores despedidos le han respondido con nuevas protestas.

Escriben María Isabel Torres y Silvia Cuevas / agenciaperu.com

La ley de ceses colectivos aprobada en el pleno del Congreso hace diez días, ordena la reposición de setenta y seis mil trabajadores estatales despedidos durante el fujimorismo.

La ley, elaborada con la pluma de José Luis Risco, Unidad Nacional, Jhonny Lescano Anchieta, de Acción Popular, Luis Negreiros y Javier Velásquez Quesquén, del APRA, podría ser una buena noticia. Pero, ¿se hará realidad?

Los legisladores son los primeros en despertar las expectativas de los antiguos trabajadores.

Para José Luis Risco, el decreto ofrece que, por ejemplo, los ex trabajadores mayores de cuarenta años se puedan reincorporar a sus trabajos. Y Velásquez, es de la idea de que aquellos que la norma es un acto de justicia para aquellos que "verdaderamente han sido injustificadamente echados a la calle".

El entusiasmo de los congresistas es casi ilusorio. Risco dice que "cuando se aprobó esta ley, al día siguiente, salio un sol extraordinario. Hasta el clima nos fue favorable. Pero cuando comienza a hablarse de lo contrario fíjate cómo está el clima, hasta ahora esta frió".

La verdad es que el horrible clima que ha invadido Lima parece ser el presagio de un terrible temporal, que amenaza seriamente al gobierno si es que el gabinete no logra concertar con el Congreso para lograr una solución realista al problema de los despedidos que hoy, amparados en la nueva ley, exigen su reposición inmediata sin considerar los beneficios o los incentivos que una buena parte de ellos cobraron durante la década del 90.


LA LEY NO ES PARA TODOS

José Luis Risco: "cuando se aprobó esta ley salio un sol extraordinario. Pero cuando comienza a hablarse de lo contrario fíjate cómo está el clima".

El ministro de Trabajo, Fernando Villarán, piensa que "con la ley que aprobó el Congreso, sencillamente se borra todo el trabajo realizado porque se están incluyendo a personas que sí cobraron incentivos y beneficios".

Durante el gobierno de Alberto Fujimori, la política laboral incluía despidos y ceses arbitrarios. Las empresas que fueron privatizadas optaron por la modalidad de ofrecer incentivos a sus empleados para reducir sus planillas, y con ello, sus costos. En la administración pública se recurrió a las evaluaciones periódicas. A través de estos mecanismos, Fujimori despidió a alrededor de ciento ochenta mil empleados.

Ahora, estimulados por los parlamentarios, los miles de despedidos exigen regresar a la administración pública.

Manuel Cortéz, Secretario de Defensa de la Central General de Trabajadores del Perú (CGTP) cree que la ley "es absolutamente discriminatoria. Porque no se dice cuándo se acordó la reincorporación de los militares, de los policías de los Magistrados, del los miembros del Tribunal Constitucional, de los miembros del Cuerpo Diplomático. Además, ustedes han escuchado a alguien decir que no hay plata. Y es que cuando se trata de trabajadores que no tienen apellido compuesto, seguramente vienen todas las trabas: que no hay platas, que no hay nada".

Según el ministro de Trabajo Fernando Villarán, el Estado solo está en condiciones de asumir trece mil cuatrocientos trabajadores, cuyas renuncias, se ha probado, fueron por coacción. Además, el gobierno puede gastar hasta treinta millones de dólares en reparaciones. Ni un centavo más.

El proyecto de ley, sin embargo, deja abierta la puerta a los trabajadores que salieron con una indemnización o incentivo a cambio.

Cortéz, de la CGTP afirma que su grupo señaló "que los trabajadores, en algunos casos que se dice fueron renuncias voluntarias, no todos pero sí muchos, particularmente en la administración publica, fueron obligados a renunciar. Por eso nosotros le llamamos ceses compulsivos, disfrazados de renuncias voluntarias".

El ministro Villarán opina que si la ley "se aprueba y la promulgamos, van a haber muchas personas, que han recibido grandes beneficios, que van a poder reclamar porque ellos pueden decir me han forzado, y el gobierno no tendría cómo negarse a dar la indemnización que se considere. No veo como se pueda determinar. Eso significaría que el costo de esto podría elevarse, pasar de treinta millones de dólares que nosotros hemos calculado la suma se elevaría a varios cientos de millones de dólares".


CUESTIÓN DE NÚMEROS

Cortéz, dirigente de la CGTP llama a las renuncias " ceses compulsivos, disfrazados de renuncias voluntarias".

Para el Ejecutivo, el Congreso ha actuado de manera irresponsable y sin tomar en cuenta los resultados propuestos por las comisiones previas que evaluaron este tema. Para los congresistas de la Comisión de Trabajo, al gobierno lo que en realidad le falta es voluntad política y vocación de justicia.

"Lo que pasa es que las marchas y contra marchas del Ejecutivo hacen que se genere esta expectativa innecesaria. Si ellos no querían ver este tema, no hubieran hecho lo de las comisiones multisectoriales. No se puede hacer un estudio para después de sus resultados, sacarle la vuelta o burlarnos" afirma Velásquez, uno de los miembros de la Comisión.

Otro de sus integrantes, José Luis Risco, dice "como te vas a sentir decepcionado si con una esperanza de que tu gobierno te diga se ha hecho una aplicación de la ley con justicia, vamos a sentarnos a ver eso. En lugar de eso tienes una respuesta que dice eso es injusto es demagógico es irresponsable, voy a observar la ley como no se va a sentir desilusionada la gente".

Para este congresista, el problema de las cifras no es tan grave: "el gobierno dice que no va a haber solución para setenta y seis mil. Es que nos son setenta y seis mil. Ese es un número que no es real".

¿Y cuál es el número real?
Es que no existe un número real, por eso le digo que el registro de trabajadores iba a decirlo.

¿Como aprobaron una ley con números supuestos?
Cuando tú notas que en vez de resolver el problema lo están dilatando, dilatando y dilatando, hay que resolver el problema para bien o para mal. Yo se lo dije a todos los parlamentarios.

El congresista Santos Jaimes, de Perú Posible, otro integrante de la Comisión de Trabajo sostiene que es opositor del proyecto aprobado porque este solo tiene fines políticos: "a los trabajadores yo les quiero decir de mucho corazón que hay quienes están usando sus necesidades, su convicción su fuerza y su lucha para beneficios personales y salir en las primeras planas"

"El problema se da, especialmente, porque el grupo de congresistas que apoya el dictamen en mayoría piensa que está en la época entre 1985 y 90, y que podía gastar sin importarle el resto del Perú", dice sin desparpajo.


LA POSICIÓN DEL ESTADO

Fernando Villarán: "con la ley que aprobó el Congreso, sencillamente se borra todo el trabajo realizado".

En el pleno, el proyecto de ley fue aprobado con apenas tres votos de diferencia. Ni las bancadas de Perú Posible, ni las del FIM, pudieron ponerse de acuerdo para votar. Hubo congresistas del oficialismo que votaron a favor de esta bomba de tiempo.

Sobre este tema, el presidente del Congreso, Carlos Ferrero, tuvo esta conversación con Cecilia Valenzuela, en el programa Entre Líneas. A la pregunta de ¿Cómo va a hacer el gobierno con la ley de ceses colectivos que intenta reponer a los despedidos? ¿Con qué dinero? ¿Con qué fondos? Ferrero respondió: "es que no va a haber ese problema porque el gobierno ha dicho que no acepta la ley, que la va a observar. Y ese es su derecho".

La CGTP y las diversas asociaciones de despedidos no están dispuestas a aceptar que el gobierno modifique, en nada, la ley aprobada en el Congreso.

Para el dirigente Cortéz, "si hay confrontación no será por nuestra responsabilidad. Pero si nos ratificamos nuestra absoluta decisión de pelear de luchar, por lo que consideramos un derecho. No estamos pidiendo que nos regalen nada".

La estrategia del Ejecutivo se centra ahora en convencer a los congresistas, de su propia bancada, para obtener su voto y se aprueben las modificaciones que éste haga al proyecto y se ajuste a la realidad.

"Lo que les pedimos a los trabajadores es que nos dejen trabajar. Aplicar nuestro programa económico, y social y podamos tener el empleo que ellos están pidiendo, que no va a ser el estado quien se lo va a dar sino el sector privado", dijo el ministro Villarán.

Mientras tanto, la CGTP, CITE y las otras asociaciones preparan una marcha para evitar que el gobierno observe la ley y que las modificaciones se establezcan en el reglamento.

Los miles de trabajadores despedidos, que piensan que esta ley es un reconocimiento que podría compensar su desempleo anuncian que no aceptaran una negativa del gobierno. Después del acuerdo de Arequipa, los despedidos dicen que Toledo no puede desafiarlos.

Lo cierto es que antes de volver al parlamento, la ley de ceses colectivos se discutirá en las calles de todo el país. El gobierno tiene quince días resolver creativamente, como detener esta bomba de tiempo.

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