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16 de junio del 2002
Además: las aventuras de Kenji y su amiguito
Kenji, el niño mimado del ex presidente Fujimori, hizo lo que le dio la gana durante la dictadura.

En este artículo

Kenji y el tío Vladi

Kenji, el terror de Palacio

El niño mimado en el club de la FAP

Las aventuras de Kenji y su amiguito

La venganza oriental

La injusticia

La medida

Kenji hizo dar de baja a comandante de la FAP que intentó frenar sus malcriadeces

Kenji, el menor de los hijos de Alberto Fujimori, llegó a Palacio de Gobierno cuando aún tenía diez años, vistiendo terno azul y una infaltable corbatita michi. El niño callado que sonreía todo el tiempo era también, sin lugar a dudas, el hijo predilecto de Alberto Fujimori. Pero el chiquillo creció y se convirtió en un joven exigente e insoportable que hacía lo que le daba la gana.

Los caprichos de Kenji Fujimori trascendieron Palacio de Gobierno y el SIN, lugar donde se crió con la anuencia de su padre, y llegaron a truncar las carreras de algunos oficiales de las Fuerzas Armadas, entre ellas, la del comandante de la FAP Manuel Salazar Trelles.

Escribe Alexa Vélez / agenciaperu.com

Vladimiro Montesinos lo llamaba "muchachito de mierda", y es que para el ex asesor presidencial, Kenji Fujimori estaba más embriagado de poder que incluso el propio jefe de Estado, Alberto Fujimori.

Kenji, más que el último de los hijos de Fujimori, era el niño de sus ojos, aquel que debía tener todo lo que se le antojara y diera la gana: un telescopio espacial, tres perros, un fusil AKM, viajes a la selva, un séquito de guardaespaldas, y entrenamiento militar a costa del erario nacional.
El aparato militar estuvo a su disposición desde muy pequeño. El departamento del Kenji se ubicaba en el segundo piso del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN). Allí, el muchacho gozaba de los engreimientos de su padre, y las majaderías de su tío Vladi (como lo llamaban todos sus hermanos), quien le festejaba todas sus fanfarronerías. Esto ocasionó que Kenji se creyera "el joven maravilla".


KENJI Y EL TIO VLADI

Para el periodista Luis Jochamovitz, "Kenji era uno de los 'más remunerables', en el termino que Vladimiro utilizaría. Era una inversión que retribuía bien. Lo llevó a la selva, a una cacería, le regaló un perro (.) esto fue evolucionando, y, con el pasar de los años, llegó a vivir en el segundo piso del SIN. Luego, con los años, Montesinos se harta de Kenji, porque era el hijo mimado del presidente, al que nadie le podía decir no".
Jochamovitz, autor del libro "Vladimiro", cuenta que Kenji, incluso, llegó a convertirse en un peligro para el ex asesor. Según el periodista, el hijo del presidente no era un niño malvado, pero era insoportable, y en ocasiones, como todos los adolescentes, podía llegar a ser cruel. "Se metía a su oficina, a veces, cuando Montesinos no quería que Fujimori se entere que el estaba allí, tenía que cuidarse mucho, ya que si Kenji lo descubría, podía decirle a Fujimori: 'oye, tío Vladi está en la oficina y a ti te han dicho que no está'. Así, llega un momento en que Montesino se hartó de Kenji, y este pasó a ser un muchacho de mierda", afirma el escritor.


KENJI, EL TERROR DE PALACIO

Pero el ex brazo derecho de Fujimori no fue la única víctima de Kenji. La casa de Pizarro temblaba cada vez que el menor de los Fujimori se paseaba por los corredores con sus perros y su famosa boa.

Según los mismos trabajadores de palacio, "Kenjicito" soltaba su reptil en las habitaciones de los empleados y, eventualmente, lo hacía en la cara de uno que otro invitado del propio presidente. Incluso, el mayordomo de Palacio de Gobierno asegura que "Kenji era travieso. Yo escuché que tenía hasta un lagarto".

EL NIÑO MIMADO EN EL CLUB DE LA FAP

Con los años, los gestos caprichosos de Kenji se convirtieron en prepotencia y sus bromas de mal gusto en arbitrariedades e injusticias. El verano de 1997, el mimado de Fujimori, puso de cabeza la Escuela de supervivencia de la Fuerza Aérea del Perú, en Ancón.
Kenji, ya de 18 años, había dejado Palacio para ir a estudiar veterinaria a los Estados Unidos. Pero cada verano volvía de visita a Lima, y aprovechaba para pasar algunos días en Ancón, en el bungalow que la Fuerza Aérea del Perú (FAP) le asigna tradicionalmente al Presidente de la República.

El comandante Manuel Salazar, era el Jefe de Personal y Servicios de la Escuela de la FAP, y se enteró de las actividades de Kenji Fujimori: "constantemente nos llamaban los oficiales para decirnos que había mucha bulla en la casa del presidente Fujimori. (Kenji) Era un niño, y llegaba solo sin ningún adulto, tenía veinte personas de seguridad y las amistades, con todo el poder que todos conocemos ahora. Él ponía el volumen al nivel que quería, tomaba cerveza. Cosas de muchachos que incomodaban".

LAS AVENTURAS DE KENJI Y SU AMIGUITO

Alfredo Guizado, amiguito de Kenji Fujimori.

Kenji no tenía amigos conocidos, ni se juntaba con sus condiscípulos del colegio La Recoleta. Día y noche andaba acompañado de Alfredo Guizado, un muchacho de Ancón que trabajaba en la Escuela de la FAP en el mantenimiento de las lanchas, y que el hijo de Fujimori conoció en un verano anterior.

Una tarde, Kenji, su perro "Puñete", y su íntimo amigo Guizado, se metieron al mar con toda la indumentaria necesaria: wetsuits, botas de buceo, y tablas. Al salir, obviaron el cartel que recomendaba ducharse antes de entrar en la piscina, y se lanzaron al agua, llenos de arena, de algas y en compañía del perro.

"Él (Kenji) era invitado. Sale del mar (.) con sus amigos, y el perro, que se había bañado en el mar. Sale caminando por allí, habiendo duchas, y, sin mediar palabra ni nada, se tiró a la piscina, que la tenemos en perfectas condiciones. En esa piscina estaban esposas, hijos de los oficiales. Yo estaba almorzando en el comedor, y me pasaron la voz de eso", recuerda el comandante Salazar.

Mientras ocurría el escándalo, Salazar, jefe del club, fue obligado a dejar su merienda y acercarse para solucionar el problema, en medio de miradas de censura y enojo de los demás oficiales presentes: "no le hablé a él (Kenji), por supuesto, porque ya sabíamos los oficiales de lo que era capaz. Tuve que salir, me di la vuelta y sentado en ese muro había un teniente, capitán de policía. Me acerqué y le dije: 'dígale al señor Kenji y a sus amigos que no se pueden bañar de esa manera porque está prohibido' y me retiré".

Horas más tarde, Salazar se topó con el policía al que le había pedido que interviniera para que Kenji y su amigo sacaran al perro de la piscina: "fue en la noche, en un momento que nos cruzamos, porque se quedó varios días, me dijo, como advirtiéndome, que el señor Kenji Fujimori había preguntado mi nombre y lo había anotado en un papel".

Según fuentes de la Fuerza Aérea, el comandante Salazar era un oficial eficaz y muy exigente. Esa era la razón por la que algunos "avioneros" y trabajadores civiles del club no lo soportaban, pero quien más lo detestaba era Alfredo Guisado, el íntimo amigo del hijo del entonces presidente.

LA VENGANZA ORIENTAL

A fines de 1997, cuando llegó el ascenso que Salazar tanto había esperado, el oficial nunca imaginó que el haber cumplido con su deber en las instalaciones del club de la FAP le costaría tan caro: "me tuve que arriesgar y tener que decirle algunas cosas que el pedía o que el hacía que no estaban correctas y corregir su actitud. A mí me llamaban para que corrigiera eso y de tanto corregir esas cosas que eran mi función salí afectado. El joven Kenyi Fujimori le pidió a su padre que me den de baja".

El mayor Salazar había calificado para el ascenso a comandante, y de hecho eso fue lo último que hizo dentro de su institución.

La noche del 31 de diciembre de 1997, en el instante en el que el comandante Salazar celebraba su ascenso y estrenaba galones, Kenji Fujimori llamaba a Palacio de Gobierno y le pedía a su padre que le dieran de baja al oficial que había corregido sus malacrianzas durante unos días de verano.

Salazar habla de esta injusticia: "el día 31 de diciembre, cuando me estaban haciendo una ceremonia el Comando de la Unidad, y me estaban poniéndome mis galones de comandante, en ese mismo instante, Kenji Fujimori estaba llamando a su padre para decirle del teléfono de su casa que me den de baja".

LA INJUSTICIA

El comandante Manuel Salazar, fue dado de baja por acción directa de Kenji Fujimori.

El 2 de enero, una comisión de inspectoría llegó a la escuela de la FAP para iniciar una investigación contra el comandante Salazar. Los oficiales interrogaron a todos los "avioneros" de la Escuela para averiguar si alguno de ellos había tenido problemas con el Comandante. Fue entonces cuando un suboficial recordó que, meses atrás, había recibido un golpe en la nuca, por parte de Salazar, por tirar la basura al mar a las cuatro de la madrugada.

Este incidente había llegado a oídos de Kenji, la misma noche en que Salazar se defendía de la Comisión. Alfredo Guizado le contó que un amigo de un amigo había visto al comandante Salazar tirándole un palmazo al "avionero" Oscar Mejía. Inmediatamente, Kenji le ordenó a Mejía que hiciera un informe sobre lo ocurrido pero el "avionero" se negó.

Salazar fue sancionado por la Comisión de Investigación de la FAP con diez días simples de arresto. Pero, antes de que finalizara la investigación, su caso fue elevado al Consejo de Guerra de la Fuerza Aérea. Donde, en un solo día, el 23 de enero de 1998, el consejo hizo una auditoria, analizó el caso y abrió instrucción contra el comandante Manuel Salazar Trelles.

El vocal que vio el caso, Conge, asegura que existieron "presiones del alto mando, porque hay una consigan de que salga la condena del Comandante. No era un delito sino una falta, y como tal tenía que tratarse. Pero como no estuvo de acuerdo el resto de la sala conmigo, hice un voto singular, que es un documento en el que uno manifiesta que discrepa con la sala".

LA MEDIDA

Las dieciséis felicitaciones que recibió el comandante Salazar a lo largo de su carrera, no le sirvieron de nada. El 13 de febrero, fue dado de baja por medida disciplinaria. Dos semanas después, la FAP decidió contratarlo como asesor del SENAMHI, con derecho a vivienda, auto, gasolina y hasta casa en la playa. Para el comandante Salazar todo estaba claro: buscaban callarlo.

"Quisieron pasarme la mano para que yo no me queje. Yo recibí todos los beneficios que ningún oficial en retiro tiene porque necesitaba ir juntado toda la documentación que ahora me está permitiendo reclamar", afirma Salazar.

Ahora, Manuel Salazar quiere que lo reincorporen a la Fuerza Aérea, y que se modifique la resolución en la que le dieron de baja por medida disciplinaria: "más que todo por el honor que debe tener un oficial, si tengo que irme el día siguiente de mi reincorporación me voy, pero mis hijos tienen que tener el ejemplo de su padre".

La canallada de Kenji Fujimori le costó a un oficial toda su carrera y después, casi cuatro años de trámites engorrosos, de esperas desesperantes y de frustradas reuniones con ministros, generales y padres de la patria, para recuperar por lo menos su honor. El poder absoluto ensoberbece y los Fujimori se creyeron durante diez años, los dueños del Perú.

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