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El
agente Carrión
Favio
Urquizo Ayma, uno de los asesinos del grupo Colina que se
encuentra en prisión, escribía minuciosa y crudamente
sus aventuras criminales en un diario personal, narrado en
tercera persona, y en el que habla de sí mismo con
el seudónimo que usaba cuando era agente de inteligencia
operativo del Servicio de Inteligencia del Ejercito: "Agente
Carrión". Estas son sus crónicas.
Escribe
César Hildebrandt Chávez / agenciaperu.com
"El agente Carrión, siempre ahí, haciendo
prevalecer lo que manda el sistema, su sangre fría,
no le importa el sufrimiento de las personas, nunca conoció
sentimiento alguno, el sólo sabía que era
Carrión y punto."
El lunes
21 de enero de 1991, un grupo de agentes operativos llegaron
desde Lima al fuerte militar Los Cabitosla, en la provincia
de Huamanga, Ayacucho. Las órdenes se dieron desde
la más alta dirección: la DINTE. El Servicio
de Inteligencia del Ejército se encargaría del
recojo de información de la zona, y el comando encargado
de los asesinatos sería el letal G-2.
El "reglaje"
comenzó a mediados de mayo de ese año. Luis
Morales Ortega, uno de los más importantes periodistas
de Ayacucho, había denunciado desapariciones y diversos
casos de violación a los derechos humanos en los que
estaban implicados oficiales del Ejército.
Morales
sabía que en cualquier momento atentarían contra
su vida. En su casa, hoy abandonada, había construido
un sótano para ocultarse temporalmente. El hombre de
prensa tenía armamento, perros y alarmas.
En un
mes, los agentes registraron todos sus movimientos: a qué
hora salía, dónde comía, a quiénes
visitaba, cómo se vestía. A mediados de junio
de 1991, todo estaba preparado para el atentado.
"La
misión era sencilla, se debía eliminar al
objetivo y no debía pasar del 13 de julio. Alquilamos
un vehículo marca Toyota color blanco, le cambiamos
las placas".
El 12
de julio, los agentes vigilaron la casa de Morales Ortega
durante todo el día. Cuando éste apareció
eran las 2:30 de la tarde: la hora de salida de los colegios.
"En
principio debíamos haber logrado el objetivo el 12
de julio, en horas de la tarde, pero no fue así ya
que un grupo de escolares lo salvo temporalmente. En el
jirón Tres Mascaras había un colegio, y cuando
nuestro objetivo llegaba, los niños salían
de su centro educativo".
"Molestos
retornamos al cuartel. Esa noche Carrión no durmió
pensando que le quedaba el ultimo día para ejecutar
el trabajo y no debían fallar".
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| El
periodista Luis Morales, una de las víctimas del
agente "Carrión". |
El operativo
se pospuso para las 5 de la mañana del día siguiente,
sábado 13 de julio. El día anterior, el periodista
Luis Morales había pactado un desayuno con su colega
Magno Sosa, a las 9 de la mañana. Se iban a reunir
en la Plaza Mayor.
Magno
Sosa, testigo presencial, relata los hechos: "Luis Morales
sale de su casa y camina por el jirón Tres Máscaras.
En la esquina ve una camioneta blanca estacionada, con tres
hombres dentro. Más tarde, testigos afirmaron haber
visto la camioneta salir y entrar varias veces del fuerte
militar Los Cabitos".
En ese
momento, Morales sospechó. Trató de escapar
hacia la Plaza Mayor, dobló por el jirón San
Martín. Los agentes salieron del vehículo, cada
uno con revólveres calibre 38. Lo persiguen.
Morales
Ortega llegó hasta la puerta de una quinta en la que
vivía una prima suya. Tocó fuerte, pero nadie
respondió. En la vereda de enfrente, un vendedor de
caramelos fue testigo de la escena.
Una mujer
vio a los asesinos correr por la calle con las armas en las
manos. Los agentes alcanzan al periodista, que estaban a tres
metros de distancia. Antes de ver el rostro de sus victimarios,
Luis Morales Ortega recibió cinco disparos, tres en
la espalda, dos en la cabeza, uno de ellos salió por
su nariz.
Horas
después, el vendedor de caramelos, uno de los testigos
del crimen, desapareció. El otro testigo, la mujer,
corrió sin parar por varias calles. En ese momento,
los agentes no lograron identificarla.
"Festejamos
el triunfo. Salio publicado en la revista caretas a fines
de julio de 1991. El festejo duro hasta el día siguiente
que fue un domingo 14 de julio. Se vio la reacción
en los medios de comunicación social y la repercusión
mundial que causo. Fuimos felicitados".
FRANCISCO
SOLIER Y FAMILIA
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| Celestina
Huallanca y su esposo, Francisco Solier García, junto
a su madre, vítimas de "Carrión". |
La mujer
que vio el crimen del periodista Luis Morales Ortega se llamaba
Celestina Huallanca, tenía cuarenta y cuatro años,
y era profesora de Ciencias Sociales en el colegio Mariscal
Cáceres. Esa misma tarde denunció el asesinato
del periodista en la comisaría de Huamanga. Los testigos
refieren que estaba muy exaltada.
Horas después regresó a su casa, y se lo contó
todo a su marido, el profesor de química y física
de la universidad San Cristobal, Francisco Solier García.
Los agentes
sabían que había un testigo vivo, una mujer
que había presenciado la operación. Averiguaron
su nombre y su dirección. En la noche fueron a buscarla.
"La
orden venía desde la dirección en Lima: 'nadie
queda vivo'. El 17 de julio, a las 12 de la noche, se 'golpeo'
la casa del objetivo".
El matrimonio
de Francisco Solier y Celestina Huallanca tenía un
solo hijo, Waldir, y vivían además, con dos
sobrinos, Carlos Rodríguez y Eduardo Chauca.
A las
doce de la noche del 17 de julio de 1991, los agentes de inteligencia
portaban ametralladoras modelo HK MP-5 con silenciadores.
Los vecinos recuerdan que ese día dos vehículos
cercaron la cuadra y que escuchaban pasos en los techos de
sus casas.
Los agentes
"Carrión" y "Arturo" rompieron
el portón de la casa de los Solier. Encontraron a cuatro
personas en la sala y dispararon. Francisco Solier abrazó
a su hijo Waldir para protegerlo, pero fue inútil.
Varias horas después, la fiscal encontraría
sus cuerpos, abrazados.
El único
sobreviviente de la matanza fue Eduardo Chauca, uno de los
sobrinos de Francisco Solier. En 1991, él tenía
sólo 9 años.
Chauca
recuerda: "estábamos todos, eran cerca de las
11, fuimos a la sala todos: mi tío, mi tía,
su sobrino. Justamente ese día me acosté temprano".
Esa noche
hacía frío y, a falta de mantas, su tía
Celestina Huallanca lo cubrió con la ropa que acababa
de secar. Fue por ese motivo que los asesinos no lo pudieron
ver, y él salvó su vida.
Al día
siguiente, Eduardo se levantó a las 9. No sabía
nada: los silenciadores de las armas de los asesinos eliminaron
el estruendo de la balacera. Al abrir la puerta de su cuarto,
Eduardo descubrió el macabro hallazgo: "me levante,
primero vi a mi tía echada, al lado de la puerta boca
abajo estaba, con todo de sangre. Luego vi a su sobrino debajo
de la cama. Más adentro encontré a mi tío
Pancho con su hijo. Ya estaba muerto, hasta el cerebro había
salido la bala".
Durante
varios años, Eduardo Chauca tuvo graves problemas psicológicos.
Su familia cuenta que era agresivo y que, hasta meses después
del asesinato de toda su familia, no dijo palabra alguna.
"Fue
fácil. Carrión mató a dos personas.
Se notaba que no reparaba en nada de sentimientos. Ni el
lloriqueo de las victimas le conmovía. ¡Que
valor! En fin: ¡misión cumplida!".
EL
AGENTE CARRIÓN
"Carrión
es una persona intelectualmente hábil, estatura regular,
serio, fornido, no conversa, solo escucha
para el,
Carrión debía ser sinónimo de respeto,
autoridad".
El 21
de octubre de 2001, la Dirección de Inteligencia del
Ministerio del Interior capturó al suboficial Favio
Javier Urquizo Ayma, de 34 años, arequipeño
y vinculado al escuadrón de aniquilamiento "Colina".
En su
domicilio la policía encontró valiosa documentación:
una agenda con nombres y teléfonos de conocidos personajes,
un expediente con diversas incursiones militares hechas por
la DINTE y el SIE y, lo más importante, doce páginas
escritas mecanográficamente y tituladas: "El Agente
Carrión".
"El
agente Carrión" es el diario personal de Favio
Urquizo Ayma. En cada página, Urquizo habla de sí
mismo en tercera persona y se hace llamar Luis Ernesto Carrion
López. En aquel informe, relató sus operaciones
de seguimiento y ejecución, todas realizadas en Huamanga
desde julio hasta diciembre del año 1991.
La crudeza
de los párrafos de este informe es espeluznante: Urquizo
relató con lujo de detalles no sólo la manera
como se ejecutaron los asesinatos, sino lo que él sintió
después de ellos.
Urquizo
cuenta en su diario que, durante todo el año 1991,
él personalmente siguió a varios presuntos terroristas
que, según sus informaciones y análisis, operaban
en la ciudad de Huamanga.
En el
mes de agosto de ese año, el agente Carrión,
o Favio Urquizo, junto con otros suboficiales de inteligencia
que pertenecían al grupo denominado G-2, mataron a
ocho presuntos senderistas. Según Carrión, él
mismo se encargaba de infiltrar a los terroristas y ganarse
su amistad.
Según
la versión de Urquizo, nadie, ni la Policía
ni ninguna autoridad, conocían de la ejecución
de estas operaciones especiales ni de la existencia del G2.
Cinco
años después de los crímenes de Huamanga,
a mediados de octubre de 1996, Urquizo se hizo conocido cuando
tres cargas de dinamita explotaron en las instalaciones de
la filial de red global, en la provincia de Puno.
Luego
de declararse culpable, este suboficial fue acusado por el
Ejército como el autor material del ataque contra la
estación de Red Global. En abril de 1997, fue encerrado
en el penal de máxima seguridad de Yanamayo y en enero
de 1998, ocho meses después, fue absuelto de toda culpa.
"Carrión
debía ser inigualable porque, para el, dos o mas
estrellas a la vez no pueden brillar en el firmamento, solo
debía ser Carrión".
LUIS
CONTRERAS
"El
tiempo pasa. Se logró detectar e identificar a un
terrorista que se encontraba infiltrado entre nosotros,
en el fuerte los cabitos. Es nada menos que un mecánico
electricista que tenia acceso a dicha instalación
militar".
Y, en
parte, era cierto. Desde julio hasta setiembre de 1991, el
mecánico Luis Contreras Palomino, de 41 años,
dueño de una tienda de repuestos en Huamanga, realizó
varios trabajos dentro del cuartel militar Los Cabitos, lugar
de refugio del escuadrón de aniquilamiento G2.
Su trabajo
consistía, básicamente, en reparar motores.
Sin duda, sus continuas visitas laborales despertaron sospechas
y, el 14 de setiembre de ese año, se tomo la decisión
de eliminarlo.
A la 1
de la tarde, Lucho Contreras, el "Negro" como lo
conocían, invitó a tres amigos a tomar unas
cervezas en el conocido bar huamanguino, El Copón Sagrado,
después de trabajar en su taller.
"5
y media de la tarde. Llego el momento. Carrión ingresa
al bar y ubica a su objetivo".
"Dispara
cuatro tiros en la cabeza. Le quedan dos cartuchos. Salen
a perseguirlo y la serenidad de Carrión sale a relucir
una vez más. Carrión voltea, se para y como
a seis metros de los que lo perseguían, apunta con
el revolver y dispara. Carrión desaparece. Dirección
desconocida. Logro escapar con solo un tiro en el tambor
del revolver".
Esa tarde
no hubo policías. Se festejaba el aniversario de la
PIP. El cuerpo del mecánico Luis Contreras permaneció
tirado en el piso del bar hasta las 10 de la mañana
del día siguiente.
LEONOR
ZAMORA
"Llego
el 21 de diciembre de 1991. Recuerdo bien que era un sábado.
Salimos a las 6 horas del G2 hacia la ciudad. Carrión
eliminaría a la perra miserable, la ex alcaldesa
de huamanga Leonor Zamora".
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| Leonor
Zamora Concha, ex alcaldesa de la provincia de Huamanga. |
Leonor
Zamora Concha fue alcaldesa de la provincia de Huamanga desde
1983 hasta 1985. Durante su gestión, denunció
varios casos de violaciones a los derechos humanos y, debido
a esto, tuvo severos enfrentamientos con mandos militares
de la región.
Siendo
alcaldesa, su casa había sido revisada varias veces.
Al abandonar la municipalidad, se había dedicado a
la docencia en la universidad San Cristóbal de Huamanga,
dictando clases en la facultad de Ciencias Sociales.
El 21
de diciembre de 1991, a las 10 de la mañana, Leonor
Zamora caminaba por la plaza mayor de Huamanga hacia el colegio
María Parado de Bellido, donde se celebraba una pollada.
"Son
aproximadamente las 12:30. Hay tensión en todos,
pero para Carrión era igual, no era la primera vez,
estaba sereno: ¡el dijo que ese día la eliminaba!"
Esta vez
lo asesinos no portaban ametralladoras modelo HK, sino revólveres.
En las operaciones anteriores, habían dejado regadas
balas calibre 9 milímetros, usadas por ese tipo de
armamento que, casualmente, había sido adquirido por
el Ejército en años anteriores y destinado a
las zonas de emergencia.
Según
el propio Urquizo, había que despistar las investigaciones
que pudiesen involucrar al comando del Ejercito Peruano.
"2
y quince de la tarde. El objetivo sale del colegio. Carrión
se pone una gorra y alista su 38 Smith Wesson. Espera a
que cruce el jirón libertad. Carrión se acerca.
Está a un metro. Saca el revolver. Apunta a la cabeza
y con sangre fría descerraja dos tiros consecutivos".
"Carrión
ve caer el cuerpo inerte. Da media vuelta y hace un tercer
tiro que cae en las nalgas del cuerpo. Luego cruza la vereda
y corre".
"Cuando
llega a la otra cuadra deja de correr. Guarda el arma. Se
saca la gorra y la camisa. Toma un taxi y se repliega a
encontrarse con los otros agentes para festejar el triunfo
de la misión y brindar con cerveza por ese gusto".
En todos
estos asesinatos, las investigaciones oficiales terminaron
archivando los casos. En algunos de ellos, la culpa se la
llevó Sendero Luminoso quien, en varias ocasiones,
se encargó de desmentir su responsabilidad.
El expediente
Carrión contiene valiosa información que podría
desenredar casos claves de violaciones a los derechos humanos.
Hoy sus páginas, mientras son analizadas rigurosamente
en la Comisión de la Verdad, duermen el sueño
de los justos en el despacho de la fiscal de la nación,
Nelly Calderón.
"Así
se cierra con broche de oro el año 1991. Estos momentos
vividos serán de grato recuerdo para los que participamos
en estas operaciones especiales. Huamanga volvía
a llorar a sus muertos...quienes eran los autores... Nadie
sabía nada... Sentimos lo que es el peligro. Vivir
con la muerte. Inteligencia no es cualquier cosa. Inteligencia
es el nivel máximo del Ejército Peruano. 1991"
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