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 Investigación  
02 de noviembre del 2007
Grave negligencia incluye a la SUNAT y el INDECI

PRONAA repartió en Abancay carnada para pescar no apta para consumo humano

Escribe César Hildebrandt Chávez / agenciaperu.com

A las 9 de la mañana del pasado jueves 13 de septiembre, Huber Cuaresma, alcalde de San Pedro de Cachora, un pequeño distrito de la provincia de Abancay, cogió el altoparlante y reunió a toda la población en la única losa deportiva del pueblo.

Fue un día de fiesta. En Cachora sólo se come pescado dos o tres veces al año y ese día llegó al pueblo una donación que nunca antes este pequeño distrito abanquino había recibido: dos toneladas de caballa congelada.

El alimento fue repartido por la sucursal del Programa Nacional de Asistencia Alimentaria (PRONAA) en Abancay. En total, se distribuyeron, en coordinación con el municipio, 25 toneladas en varios distritos y caseríos en extrema pobreza ubicados en Abancay y Andahuaylas.

Todos recibieron las provisiones como una bendición. Sin embargo, ninguna de estas cinco mil humildes familias supo lo que realmente comió ese día de fiesta. Seis semanas después se enteraron.

La caballa congelada era, en realidad, carnada para cebo, la cual es utilizada por un barco español para pescar peces espada, y es no apta para el consumo humano.

Hasta hace algunos días, la Base Naval del Callao tuvo en sus instalaciones el buque español Radoche Primero, que estuvo detenido en el Perú porque parte de su tripulación es investigada por contrabando.

El Radoche Primero navega en costas peruanas desde hace siete años y se dedica sólo a pescar peces espada, durante 5 ó 6 meses al año en aguas internacionales, para lo cual utiliza caballa congelada como carnada.

Los tripulantes españoles compran esta caballa en España a una empresa llamada Frigoríficos Socimar, ubicada en La Coruña. En una de las facturas de venta se puede leer claramente que la compañía vende caballa congelada y siempre coloca la siguiente indicación: “mercancía no apta para consumo humano”.

Un examen aplicado a Frigoríficos Socimar, hecho por la Oficina de Sanidad de la provincia española de Galicia, indica que “Frigoríficos Socimar no registra actividad en estas instalaciones de productos con destino a consumo humano. Todo el producto que aquí se manipula y se almacena está destinado para carnada de buques de pesca”.

La caballa que utiliza Radoche Primero no pasa por controles sanitarios que sí se aplican a los productos de consumo humano. Por esa razón, Víctor Caamaño, jefe de máquinas del buque, señala que la posibilidad de que alguna de las cajas que transporta tenga caballa malograda es muy alta.

“Es posible que no venga en buenas condiciones para consumo humano, porque no sigue los controles de sanidad que sí siguen lo que se usa para ese fin, pero eso no quiere decir que no sirva para pescar”, dijo Caamaño.

La historia de cómo esta carnada para cebo llegó como donación del PRONAA a los habitantes de varios pueblos en extrema pobreza de Abancay, como San Pedro de Cachora, está plagada de confusiones y severas negligencias.

“Al Perú venimos cada 4 meses ó 5 meses, salimos y entramos a Lima, sacamos la carga, descargamos y regresamos. Esto lo hacemos desde el año 2000”, refirió Caamaño.

El 9 de julio de este año, después de siete años de trabajar en costas peruanas, la tripulación del Radoche Primero tuvo su primer contratiempo con las autoridades aduaneras del Perú. Ese día el buque español ancló en el Callao para hacer un mantenimiento de máquinas y le sobraba 25 toneladas de carnada congelada que no había utilizado.

Según uno de los tripulantes de la nave española, Ramón Fernández, cuando trasladaban la carnada a un frigorífico la SUNAT los intervino acusándolos de contrabando. Inmediatamente, incautó las 25 toneladas de caballa.

“Nosotros teníamos que hacer el mantenimiento de los motores auxiliares, teníamos que desmontar, y entonces el barco se queda sin ningún tipo de energía y sin energía nosotros tenemos que sacar nuestra carnada para llevarla a un frigorífico para que tuviera frío”, explicó, y precisó que eran 25 toneladas.

“Esa carnada cuando entra al Perú, entra como ‘no apta para consumo humano’. La carnada es trasbordo para un buque pesquero”, puntualizó Fernández.

Todo lo que incauta la SUNAT, por ley, debe adjudicarlo al INDECI. El trámite debe ser más rápido si, como en este caso, se trata de productos perecibles. La resolución con la que entregó las 25 toneladas de carnada, firmada por el intendente José Carlos Demarini, dice que el pescado congelado caballa es “apto para el consumo humano”.

Al respecto, Demarini señala que “hay un informe que establece que esto está en buenas condiciones”, el cual fue realizado por un funcionario del PRONAA a quien le solicitaron efectuar el análisis.

El examen que hizo el PRONAA no utilizó ningún análisis en profundidad, sólo determinó que el pescado, en realidad, la carnada, presentaba adecuadas características físicas y que debía mantenerse congelado.

De la noche a la mañana, la carnada se convirtió en comida para humanos. En base a este informe, José Carlos Demarini redactó la resolución que estableció que la carnada para pescar es “apta para consumo humano”. SUNAT entregó el material al INDECI y éste a su vez se lo dio al PRONAA.

Sin embargo, el mismo informe del PRONAA señala: “ninguno de los productos congelados presentan certificación microbiológica, documento requerido para todos los productos congelados distribuidos a nuestros beneficiarios”.

A pesar de que la caballa congelada no contaba con esa certificación microbiológica, el PRONAA decidió trasladar las 25 toneladas de caballa a Abancay y repartirlas a los distritos más pobres de esa provincia.

El director ejecutivo del PRONAA, Carlos Benites, alega que ellos sí verificaron las condiciones sanitarias de la caballa congelada y que este análisis estuvo a cargo del departamento de control de calidad, lo que se denomina “control organoléptico”, que fue realizado por Jonás Tello, funcionario del PRONAA en Abancay.

Tello indicó que no cuentan con el equipamiento necesario para su labor, y que definió que el pescado estaba en buenas condiciones “a la vista nomás”. “Fue un examen visual, no tenemos más equipos, se evalúa simplemente al ojo, no hay documentos de análisis, todo es al ojo”, refirió.

Mientras La Ventana Indiscreta entrevistaba al jefe del departamento de calidad del PRONAA en Abancay, otros funcionarios de la entidad buscaron impedir que declare. Sin ser consciente de lo que revelaba, Tello abrió el cuaderno de registros donde están anotadas las entregas de la carnada que el PRONAA hizo en varios distritos de Abancay, y además la etiqueta que estaba en las cajas repartidas.

Al enterarse de que lo que comieron no era apto para consumo humano, los pobladores de San Pedro de Cachora reaccionaron sorpresa e indignación.

Expresaron que en su localidad “todo lo que es regalo es bienvenido y ellos no ven si es bueno o malo, ellos lo reciben nomás, por la misma necesidad”, “cuando viene una donación la gente no pregunta nada, no pide un análisis de nada porque acá no hay los medios para hacerlo, la gente sólo recibe y nada más”.

Incluso, el alcalde, Huber Cuaresma, quien no ocultó su sorpresa frente a la información que La Ventana Indiscreta le dio a conocer.
 
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