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El
mercado de los pirotécnicos
Las noches
del 24 y el 31 de diciembre deberían ser las más oscuras
de las últimas décadas. La nueva ley prohíbe
tajantemente la compra, venta y el uso de cualquier artefacto pirotécnico
en el país. Están prohibidos las luces de bengala,
los cohetecillos, las bombardas y todos los fuegos artificiales.
Quien no cuente con un permiso para manipularlos, estará
cometiendo un delito. Pero, como descubrió Jerónimo
Centurión,
de Entre líneas, en todo Lima, cientos de comerciantes se
ríen de la ley y venden de todo para el año nuevo
o la navidad.
agenciaperu.com
Resulta sencillo
comprar, en sólo una tarde, una docena de ratas blancas,
camaretas, bombardas y artefactos que deberían producir luces
de colores, pero que resultaron poderosos detonantes.
La ley sanciona
con penas de cuatro a ocho años de prisión a quienes
venden estos artefactos, la policía realiza constantes e
intensos operativos, y el Ministerio del Interior ha creado una
comisión multisectorial para combatir la venta de todo tipo
de cohetes.
Eva Céspedes,
presidenta de esta comisión, reitera que "actualmente,
la ley no permite la venta en ninguna zona de Lima. Hacerlo es un
delito a nivel nacional, y esta penado de cuatro a ocho años,
y si hay lesión, son de cinco a diez años".
NUEVA LEY
VS VIEJA COSTUMBRE
Sin embargo,
el enfrentamiento entre la ley y la realidad vuelve a sacar chispas.
Decenas de comerciantes que se ubican en el kilómetro 7.5
de la carretera Central, desde hace diez años. La mayoría
de ellos contaba con la autorización de la DICSCAMEC, para
la venta de fuegos artificiales. Sin embargo, este año no
se renovó la licencia de ninguno.
La nueva ley
establece que sólo pueden comprarse bombardas, chispas o
las tradicionales vacas locas a los operadores autorizados. La venta
al público de cualquier tipo de artefacto pirotécnico
está prohibida y penalizada.
Sin embargo,
esta nueva ley parece no ser obstáculo para estos comerciantes.
Durante un breve recorrido, descubrimos que estas personas siguen
vendiendo estos peligrosos pirotécnicos, según uno
de ellos, este trabajo lo hace sólo para "sobrevivir".
"Yo soy
militar del Ejercito y estoy en retiro. ¡Qué miseria
nos pagan en el Ejército! Yo tengo un hijo que es policía.
¡Que miseria le pagan a la policía! Prácticamente
nuestro gobierno nos tiene abandonado", aseguró uno
de los vendedores consultados.
Sin embargo,
pese a estas declaraciones, el peligro por lo que pueden causar
estos artefactos en manos de gente poco cautelosa es inmenso. De
hecho, de muchos de ellos, "pueden salir esquirlas" a
la hora de detonar.
En otro local,
nos contactamos con otro vendedor. Al preguntarle de por qué
seguían vendiendo estos pirotécnicos, esta persona
nos aseguró: "pedí licencia, pero no me quisieron
dar por lo que pasó en mesa redonda. La verdad, no he vuelto
a ir allí porque se supone que no esta permitido".
En el pequeño
local de este sujeto, además de existir evidencias de que
se producen estos artefactos, pudimos apreciar cómo su familia
convivía con el peligro. El carrizo y el material incautado
se hallaban a sólo unos centímetros de una cocina
industrial
Pero aquel lugar
no fue el único con estas características. La pirotecnia
es una actividad familiar, en la que participa toda la familia,
desde los más pequeños, hasta los mayores. En cada
uno de estos locales, la historia se repite: madres de familia negando
la producción o venta y el inspector encontrando los insumos.
Según
la ley, todas estas personas deberían estar tras las rejas,
pero la calle es la calle y la policía sabe que no es posible
detener a todas estas familias por ignorancia o porque no se adecuan
a la nueva legislación.
INTENTOS
EN VANO
Cesar Torres
es un miembro del Ejército en retiro que, aunque de vez en
cuando le saca la vuelta, intenta cumplir la ley y es, en teoría
un ejemplo, de cómo deberían trabajar los artesanos
pirotécnicos.
Él tiene
catálogos con fotos de los artefactos que puede producir
y cuenta, además, con videos de sus trabajos. Su taller se
encuentra a tres kilómetros de la carretera, y tiene a un
empleado que se dedica a llenar canutos con sulfato de cobre lo
que produce fuego verde.
El aluminio
blanco que aquí se procesa es usado para producir el efecto
pirotécnico conocido como lluvia. Allí, el muele el
carbón, que mezcla luego con la pólvora.
Torres tiene
espacios destinados a la fabrican las mechas que se usan tanto en
los castillos como en las denominadas vacas locas, y asegura que
todos sus empleados están debidamente preparados
"Trabajamos
con personas idóneas", asegura Torres, "porque
no pueden trabajar personas que fuman, ni toman ni fuman. Y que
sean personas flemáticas. Flemática es persona pasiva,
que no sea violenta".
Esta persona
se esfuerza por cumplir con la ley, pero pese a su esfuerzo, también
se mantiene al margen, debido a que la nueva norma les exige que
este asegurado. "Hemos consultado a las aseguradoras, pero
todos por orden técnico no nos pueden asegurar", señaló.
¿MANO
DURA?
Para Eva Céspedes,
la presidenta de la comisión multisectorial en la que participa
la Fiscalía, Aduanas, la Policía, el Municipio de
Lima y la DICSCAMEC, la mano dura es la unica manera de combatir
la pirotecnia informal.
"La estrategia
el año pasado era tratar de reubicar a los comerciantes,
este año esa estrategia no puede ser aplicable porque esta
prohibida la comercialización en todas las zonas", señala.
Además,
asegura que "la única estrategia son los operativos
y poder difundir la norma".
Legalmente,
esta semana, sólo tres empresas contaron con el permiso de
la DICSCAMEC para quemar fuegos artificiales. Una de ellas fue la
empresa metro.
Aquí
se tomaron todas las medidas de seguridad que exige la ley: una
patrulla de bomberos alerta, extinguidores obligatorios, cinta de
seguridad y, sobretodo, un operador acreditado para que encienda
el artefacto pirotécnico
Sin embargo,
pese al esfuerzo de la policía, los cohetes ingresan de a
pocos a los mercados limeños.
Hasta el momento,
la policía ha detectado tres principales lugares de venta:
kilómetro 7 y 12 de la carretera Central Piedra Liza, junto
al Mercado de Flores y kilómetro 8 de la avenida Túpac
Amaru, en Comas
En piedra lisa,
por quince soles, este hombre fabricó en plena vía
pública, media docena de camaretas o detonantes de alto calibre.
En el kilómetro
12 de la carretera Central, los comerciantes trabajan a puerta cerrada,
por lo que la policía no puede intervenir, sino cuenta con
una orden de la Fiscalía.
Sin embargo,
cualquiera puede reconocer que son puestos de venta por el carrizo
o vacas locas que lucen encima de sus techos. Aquí, se pueden
comprar no sólo potentes bombardas, sino una docena de las
temidas rata blancas.
LAS PROHIBICIONES
La policía
es consiente que una vez que los artefactos pirotécnicos
ingresan al mercado informal, es sumamente difícil detectar
luego cómo y donde se comercializará. Por eso, el
objetivo principal es atrapar a los peces gordos, los grandes traficantes.
Esta semana
la Policía Nacional logró incautar tres toneladas
de artefactos pirotécnicos importados de china, en un local
de San Juan de Lurigancho.
Este año
no se ha autorizado la importación de ningún tipo
de artefacto pirotécnico, por lo que la DICSCAMEC ha determinado
que los contrabandistas están aprovechando las fronteras
de Puno y Tacna para introducir el material pirotécnico,
en mochilas o maletas, modalidad conocida como hormiga.
Mientras tanto,
la DICSCAMEC, ha elaborado un minucioso registro de los artefactos
pirotécnicos prohibidos. El resultado es una lista que podría
sorprender a más de uno, ya que en ella figuran los "cohetecillos"
o las chispas de bengala, cuyo humo es tóxico.
El director ejecutivo de la DICSCAMEC, sabe que la norma es rígida,
pero considera que sólo así la ciudadanía tomará
conciencia del peligro que implica manipular estos artefactos sin
la debida preparación.
"Queremos
que la ciudadanía tome conciencia...que la vida no sea mermada
por juegos que no nos lleven a nada y que los padres conversen con
sus hijos día a día para el fin que todos queremos",
asegura.
El coronel sostiene,
además, que tras la tragedia de Mesa Redonda, esta reacción
es justificada.
Sin embargo,
es vox populi que, a medida que se acerca la fecha de navidad y
año nuevo, el comercio de este tipo de artefactos pirotécnicos
se incrementará, por lo que la decisión final será
de los compradores, quienes no deberían olvidar la tragedia
del año pasado y la gran cantidad de accidentes y muertes
que ha generado esta aparente sana diversión.
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