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20 de octubre del 2002
Detrás de la larga historia
Después de catorce años, Zaraí y Alejandro Toledo se reencontraron entre rezos y conciliaciones. (Foto cortesía Perú 21).
En este artículo
Entre vocales y llamadas

El "desliz"

Las negociaciones

El reconocimiento

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Caso Zaraí: ¿Cómo llegó la solución?

En junio del año pasado, Alejandro Toledo era presidente electo y todavía concedía entrevistas. Cuando terminó una de ellas, el periodista, ya conversando en confianza, le dijo: oiga, don Alejandro, ¿no le parece que Zaraí es una niña linda e inteligente? Toledo asintió y dijo sonriendo: "es que ha heredado mi inteligencia".
Parece que el presidente siempre supo que Zaraí era su hija, pero recién la reconoció como tal el viernes. ¿Por qué? ¿Quiénes presionaron a favor y quiénes en contra? ¿Quiénes fueron los mediadores? ¿Cuándo y cómo se tomó esta decisión? ¿Fue a raíz del escándalo Silva Vallejos?

EscribenPaola Ugaz yMarco Sifuentes/ agenciaperu.com

Durante catorce años, el presidente de la República, Alejandro Toledo, se mantuvo fiel a su fama de terco. Negó a Zaraí hasta la exasperación. Pero el presidente empezó a dar su brazo a torcer, el mes pasado.

El último capítulo de esta historia se inició la primera semana de setiembre. El recién formado Comité Anticrisis, a instancias de los ministros Luis Solari, Fernando Villarán y el consejero Juan Sheput, estableció como primera misión resolver, a como dé lugar, el tema del ADN, a más tardar, en octubre.

ENTRE VOCALES Y LLAMADAS

La primera semana de octubre, en Piura, Lucrecia Orozco, la madre de Zaraí, recibió una llamada de una vieja amiga a la que no veía en años. Aunque Orozco entonces no lo sabía, su amiga había establecido el contacto a petición de Samuel Dyer, empresario pesquero, jefe de personeros de Perú Posible y amigo personal del presidente.

La amiga llamó varias veces a Lucrecia, y siempre le preguntaba qué tan dispuesta estaría de conciliar con Toledo. La madre siempre repetía que solo tenía una condición: cualquiera que sea la salida, Toledo tenía que reconocer a Zaraí como su hija.

Hace tan sólo dos semanas, el 5 de octubre, José Silva Vallejos, el vocal que canceló la prueba de ADN, se encontró en el ojo de la tormenta. El diario Correo soltó la noticia: su hija había sido contratada en Petroperú.

Además, según la revista Caretas la hija del vocal había cobrado ilegalmente más de ciento noventa mil soles como pago de devengados. Definitivamente, algo olía mal en el caso Zarai.

Mientras tanto, el sábado 12 de octubre, en Chimbote, el presidente de la Comisión Episcopal, obispo Luis Bambarén, se reunió con el presidente Toledo, quien fue a la zona a instaurar la Caja del Pescador.

Bambarén relataría luego que ambos "estuvimos orando juntos. De ahí me invitó para vernos el martes porque tenía un asunto personal, que era el de Zaraí".

EL "DESLIZ"

Pero las negociaciones se vieron súbitamente aceleradas. El domingo 13 de octubre, en Panamericana Televisión, el vocal supremo Silva Vallejos brindó una revelación: él se había reunido con el presidente Toledo, en pleno proceso de filiación, con la intención de "conciliar".

Sin embargo, el gobierno ya sabía que el desliz de Silva Vallejos le iba a reventar en la cara. En la mañana de ese domingo, el mismo Samuel Dyer se comunicó directamente con Lucrecia Orozco y le ofreció la conciliación como salida.

Lucrecia Orozco designó como su comité de avanzada, a su abogado José Neyra, y al "papa" de Zaraí, el hermano de Lucrecia, Luis Orozco.

Sin embargo, el escándalo político ya había explotado. Se alzaron voces de diversos sectores sugiriendo la vacancia de la presidencia de la República por incapacidad moral.

Bambaren. "La reunión que tuvimos fue muy hermosa, muy serena, muy de encuentro de padre con su hija".

LAS NEGOCIACIONES

El martes 15, en Palacio de Gobierno, Alejandro Toledo se reunió con el obispo Luis Bambarén a puertas cerradas. El sacerdote llegó a la cita con una carta bajo el brazo, en la que le rogaba que reconociera inmediatamente a Zarai.

"Estuvimos conversando juntos. Le llevé por escrito lo que quería decirle para tener con mucha claridad de todo lo que quise decir. Lo leyó con mucha calma, lo releyó y me dijo: obispo usted me ha tocado un punto que nadie lo ha tocado, lo espiritual", aseguró Bambarén.

En la carta del obispo se podía leer: "Esta vez me dirijo al hombre, al amigo, al cristiano. El ser presidente es importante pero transitorio. Como hombre, amigo y cristiano, le pido, le suplico, le exhorto, reconozca la paternidad de Zaraí".

"Usted necesita paz en su corazón para gobernar el Perú", agregaba la misiva.

Esa misma noche, llegaron a Lima los representantes de Lucrecia, y se reunieron con los de Toledo: el abogado Nelson Ramírez, y el director de Indecopi, César Almeyda, quien luego fue vetado por Lucrecia.

Dos días después, las negociaciones terminaron. El jueves 17. Lucrecia y Zaraí se encontraron con Toledo en la Casa Jesuita, al costado de la Iglesia de la Virgen de Fátima en Miraflores.

"En la reunión estuvo mi mama, mi papa, mi progenitor, estuvo el doctor Neyra, el abogado Nelson Ramirez, estuvo la notaria y no recuerdo más. Fui en la noche y yo he regresado a las tres de la mañana", relató Zaraí, quien agregó que "antes que Toledo llegara, el obispo me dio una bendición".

"La reunión que tuvimos fue muy hermosa, muy serena, muy de encuentro de padre con su hija. Les puse su sillón, los dos solitos tuvieron una conversación larga creo que de cincuenta minutos", aseguró monseñor Bambarén.

"Yo le dije: quiero estar segura de que lo haces porque sientes algo y estás seguro de que soy tu hija, no quiero que lo hagas como maniobra política. Me dijo que si estaba sentado a mi lado mirando al Cristo en la capilla, era que de verdad sí era", relató Zaraí.

Toledo le pidió tomarse una foto en la misma capilla, pero Zaraí no accedió. Tampoco aceptó salir a su lado en el mensaje a la nación que daría al día siguiente.

"Me dijo que era una mezcla de sentimientos", aseguró obispo Bambarén, "al final los vi sonrientes padre e hija. Les invité a hacer oración, me gustó porque todos estaban de pie y se tomaron de la mano".

"Daba gusto ver cómo salía el presidente. En la reunión del martes -en la que todavía no se había tomado la decisión- él estaba confuso. El jueves, en cambio, él estaba firme, tenía el apoyo de su familia", aseguró Bambarén.

Toledo en discurso: "Zarai y yo hemos estado buscando dar el primer paso, y en ese camino largo y difícil para los dos nos hemos encontrado mirándonos directamente a los ojos por primera vez".

"Luego se levantó el presidente y le dio un abrazo, les hablé y oramos brevemente, les puse las manos encima. La vida es un don sagrado, por tanto, dar una vida es un paso muy importante".

EL RECONOCIMIENTO

Los documentos se firmaron a las cero horas del día del Señor de los Milagros, el 18 de octubre. Toledo reconoció a Zaraí, y se hizo efectivo el pago de cien mil dólares a Lucrecia Orozco a través de un cheque de gerencia.

"Es un pago en efectivo, una retribución. Yo no tengo deudas de juicios. Venimos luchando 14 años y este pago ha sido para devolver los gastos que yo he asumido", asegura Lucrecia.

Además, el presidente se comprometió a comprar un departamento en Lima, para que él y Zaraí puedan encontrarse sin mezclar a sus respectivas familias.

Ese mismo día, por la tarde, Lucrecia y Zaraí regresaron a Piura. Por la noche, el presidente Alejandro Toledo reconoció lo que había negado ante la opinión pública y los juzgados del país: "Zarai y yo hemos estado buscando dar el primer paso, y en ese camino largo y difícil para los dos nos hemos encontrado mirándonos directamente a los ojos por primera vez".

Ahora Zaraí es la hija del presidente. Desde el viernes, tres agentes de seguridad del estado se encargan de resguardarla. Las celebraciones continúan en Piura y su madre planea invertir los 100 mil dólares en una fundación de protección al menor. La vida de Zaraí ha cambiado, pero mañana lunes tiene exámenes de geografía, historia y educación cívica. Las entrevistas no la dejan estudiar. El acoso de la prensa continúa.

El caso Zaraí empezó como un drama personal, se convirtió en un asunto político, creció hasta convertirse en una amenaza a la gobernabilidad y terminó, felizmente, como una novela de Corín Tellado. ¿O no? El engolado mensaje del presidente no fue precisamente desbordante de sinceridad.

Durante los últimos años, los adversarios de Toledo usaron el caso contra él, ahora solo queda esperar que "el progenitor" no lo manipule a su favor.

 
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