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Los
bonos de la Reforma Agraria
Escribe
Silvia Cuevas / agenciaperu.com
En
Piura, Pedro Samaniego recorrió los escombros en lo
que se ha convertido su antigua casa, entre el desasosiego
y la tristeza. "Esta era la casa de La Solana Alta, acá
era donde vivíamos. Mi mama dice que yo nací
en este cuarto y se ve el cuarto destruido", señala.
El
señor Samaniego no puede ocultar el dolor: "es
una pena tremenda, tan bonita y ahora totalmente destrozada.
Ver que no hay ni una puerta, el patio donde yo jugaba en
mi juventud es una maleza tremenda, es una pena".
Los
escombros de esta residencia no han sido provocados por el
tiempo o un cataclismo propiciado por la naturaleza. Pedro,
el último hijo de la familia Samaniego, caminó
por lo que quedó de La Solana, el nombre con el que
se bautizó a la casa-hacienda que tuvo en Piura, y
que perdió hace treinta años, con la ley de
Reforma Agraria, promovida en el gobierno del General Juan
Velasco Alvarado, a fines de los años sesenta.
A
cambio de todo lo que tenían, los Samaniego recibieron
cientos de bonos, los que, con el tiempo, perdieron su valor,
y ahora solo sirven para empapelar su antiguo hogar.
"Esta
casa mi papa la heredo de mis abuelos, el era un hombre trabajador.
Cuando recibió esta hacienda, tenia unas treinta hectáreas
y él con su trabajo la agrandó. De treinta hectáreas
a seicientas hectáreas. Lo peor es que hasta ahora
a mi papa no le pagan ni medio".
PROBLEMAS
DEL PASADO
En
1969, cuando el gobierno de Velasco Alvarado expropió
las tierras, ordenó, a su vez, el pago de las mismas
con el equivalente a quince mil millones de soles oro en bonos.
Algunos cobraron una parte, otros, esperaron que mejoren los
tiempos. Pero los tiempos nunca mejoraron.
El sociólogo Héctor Béjar señala
que "la decisión del gobierno de Velasco fue pagar
por las tierras expropiadas. Y esos bonos se podían
recuperar en los bancos industriales".
"Los
siguientes gobiernos", continúa Béjar,
"que sucedieron al de Velasco, no reconocieron en la
practica la reforma porque no continuaron pagando los bonos
hasta hoy día. Por eso yo creo que cuando las familias
reclaman por la valorización de sus bonos están
haciendo un reclamo justo y legal".
La
Solana fue una hacienda próspera hace más de
medio siglo, ahora en sus tierras sólo hay matorrales,
algarrobos secos y mala hierba. La ex hacienda de los Samaniego,
se ubica en la provincia de Alamor, en el valle del Río
Chira, al norte de Piura, a pocos metros de la frontera con
el Ecuador.
Por
su parte, Pedro Samaniego asegura que "la reforma agraria
yo la considero la desagracia agraria del Perú. No
éramos los mejores habían otros, pero tratábamos
de producir y lo hacíamos bajo un criterio empresarial.
Aquí se producían cocos, naranjas, mandarinas,
toronjas, guabas, tamarindos, paltas, uva, y las vacas que
producían leche para hacer mantequilla".
Para
los Samaniego, La Solana fue la empresa de sus vidas, pues
toda la familia trabajó en ella hasta que la perdieron.
Y aunque Pedro era aún joven, recuerda amargamente
como fue expropiación.
"Fuimos invadidos los primeros días de diciembre
del año 74. Recuerdo que mi papa estuvo de rehén
quince días con mi hermana. Cuando yo vine no nos dejaron
entrar. Mi mamá de hecho no va a venir, porque se acuerda
de la hacienda ella tiene mucha nostalgia", indica Pedro
Samaniego.
El
sociólogo Carlos Monge considera que la reforma de
Velasco, fue consecuencia inevitable de las exigencias sociales
de la época. Porque terminó siendo una gran
paradoja.
Monge
indica que esta ley fue "creada para favorecer al pueblo
pero finalmente el pueblo perdió".
Además,
Héctor Béjar considera que "el gran error
de estas clases sociales fue que ellos no supieron renovar
las instituciones sociales al tiempo que renovaban la tecnología".
Pero
los derechos sociales ganados con la reforma agraria se cumplieron
parcialmente. Héctor Béjar sostiene, que la
incomprensión política de la clase dirigente
de entonces, truncó las expectativas de la población,
degenerándola en violencia subversiva.
"Tenemos
un proceso que no había culminado y terminaba en un
pantano. Como la reforma se detuvo esa violencia que había
sido canalizada en las nuevas expectativa quedaron nuevamente
cerradas y se creo una ola de violencia mucho peor, eso ochentas,
es sendero, es terrorismo", señala.
SOLUCIONES
INCONCLUSAS
Pedro
Samaniego no acepta la reforma, y considera que las respuestas
no están en el pasado, sino en las posibilidades que
el gobierno ofrezca para solucionar el problema de la deuda
que el Estado tiene con su familia y con los de los demás
expropiados.
"En
la década del noventa se comenzó a hablar más
de los perjudicados de la reforma agraria. Mi sueño
es que algún día nos paguen", indica.
Luis
Huguet es un ex hacendado limeño, en 1996 junto a otras
siete personas, formó la asociación de expropiados
de la reforma agraria, ADAEPRA, con la finalidad de exigir
al Estado que reconozca la deuda agraria y la valorice para
ejecutar su cancelación.
Huguet señala: "hemos tratado de juntar en esta
asociación a la mayoría de gente que fue expropiada
en esa época, somos más o menos 4 mil personas
jurídicas. La finalidad es convertir la deuda agraria
en algo que tenga valor".
El
único documento que acredita el pago de la deuda agraria
es el bono; los asociados lo saben por eso, aunque obsoletos,
guardan celosamente cada uno de los talones que recibieron
a cambio de sus tierras. Son tantos que Luis Huguet tiene
ya un armario repleto de ellos.
En
la década del noventa a través de una ley, Fujimori
aceptó reconocer la deuda agraria, pero su iniciativa
fue irrisoria, pues pretendía cancelarla sin considerar
la devaluación de la moneda. Todos los bonos emitidos
por Velasco valorizados en quince mil millones de soles oro,
valían solo quince soles.
Durante
el gobierno de Valentín Paniagua, y después
de una larga batalla judicial, la asociación de expropiados
logró revocar la ley fujimorista y abrir una nueva
oportunidad de negociación con el Estado.
Según
Huguet, "por decreto supremo, en la época de Paniagua,
por casualidad estaba el ministro Silva Ruete, y ya esa comisión
ha estado un año tramando y sabemos que esta en manos
del ministro de economía".
El
gobierno de Alejandro Toledo ratificó a la comisión
que estudiaba la negociación con los expropiados. En
ella participan además de los representantes de los
ministerios de Economía y Agricultura, y la asociación
de expropiados.
Sin
embargo, los expropiados no quieren el pago de la deuda, que
según fuentes de la asociación es alrededor
de los mil millones de soles, necesariamente al contado y
con dinero. Para el dirigente Huguet, "el Estado nos
puede pagar a nosotros con activos, no necesariamente en dinero".
"Le
hemos entregado al gobierno un proyecto para capitalizar la
deuda, indemnizatoria agraria y convertirla en inversión
productiva", agrega.
Asimismo,
agrega que aquellos bonos "queremos nosotros usarlos
para pagar aranceles en la importación de bienes de
capital. Para comprar tierras en los proyectos habilitados
por el gobierno. Pagar impuestos con ejercicios gravables
vencidos, no actuales".
Por
ejemplo, Pedro Samaniego tiene varios proyectos de inversión
en las tierras que hace treinta años le pertenecieron
a su familia y que ahora están abandonadas. Él
sostiene que su proyecto no interfiere con los campesinos
que habitan la zona.
La
comisión que evalúa esta propuesta esta por
concluir su informe. Los expropiados y seguramente los propios
campesinos de estas tierras hoy abandonadas, hace mas de treinta
años que esperan una solución.
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