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¿Fundamentalismo religioso peruano?
20 de noviembre del 2001

San Bartolo, octubre, 6 de la mañana. Dos sodálites refuerzan su voto de castidad sumergiéndose en aguas heladas.

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Escribe Diego Fernández-Stoll / agenciaperu.com

Para muchas familias creyentes, tener un hijo cura es una bendición. Pero, ¿qué sentiría usted si su hijo, siendo aún menor de edad, se acerca a usted a contarle de abandonar el hogar paterno porque ha tomado la decisión de entregar su vida a Dios?

El que un adolescente tome una decisión así de importante a tan temprana edad podría ser considerado como un enorme acto de fe y coraje. Lo cuestionable del asunto sería la posible motivación del muchacho, muy común en todo púber: la necesidad de pertenencia a un grupo.

El grupo bien podría sera el exclusivo Sodalicio de Vida Cristiana, movimiento apostólico que actúa bajo la tutela del arzobispado y se dedica a reclutar jóvenes de, usualmente, alto status social que busquen el camino de la santidad, convirtiéndose en laicos consagrados o sacerdotes.

INICIOS TURBULENTOS

El Sodalicio de Vida Cristiana fue fundado en Lima por el laico Luis Felipe Figari en 1971. Se inspiró en la doctrina del beato fundador de los marianistas Guillermo José Chaminade, y se basó principalmente en el capítulo 10 del evangelio según San Mateo. Para su propósito de reunir un grupo selecto de apóstoles, Figari no tuvo que ir muy lejos. En el colegio Santa María buscó a los jóvenes con mejor nivel intelectual y razgos de liderazgo.

Laico Luis Felipe Figari fundó su movimiento de las canteras del Santa María.

La promoción de 1973 del Santa María vio salir de sus filas a varios de los actuales líderes de Sodalicio; Emilio Garruad, Jose Antonio Euguren, Luis Capeletti, y una decena de adherentes con miras a la santidad. Entre ellos estaba Victor Zar, ahora retirado del movimiento.

Zar tuvo problemas con el sodalicio desde sus inicios. Fue separado del movimiento hasta dos veces por negarse a asistir a un retiro, y fue llamado mal cristiano por no ser capaz de convertir a su enamorada.

Según Zar, el accionar de Figari, para ese entonces, ya incomodaba a los marianistas. Para escoger a sus jóvenes seguidores, que cursaban cuarto y quinto de media, accedió a los expedientes de notas, escogiendo a los alumnos más destacados. Después de todo, el movimiento había sido concebido con altas tendencias intelectuales. Había algunas lecturas obligatorias aparte de la Biblia, desde "El Siddharta" de Hesse hasta "La Iglesia y el Orden Temporal" de Octavio Derisi. Pero no sólo había controles de lectura; Figari también hacía un control de amigos. Zar fue prohibido de ver a algunas de sus amistades.

Poco después, el mesianismo, poder de convencimiento y gran capacidad de levantar vocaciones produejeron un cisma entre los marianistas y Figari, por lo que este último fue separado del colegio.

Luis Eduardo Cisnero, ex sodálite: "sus métodos son psicológicamente poco éticos".

FAMILIAS SEPARADAS

Luis Eduardo Cisneros es un joven ex alumno del Santa María, egresado en el año 1997, que perteneció a las filas del sodalicio. Él también tuvo la oportunidad de conocer a Figari. La percepción que se tiene en el Sodalicio de hoy, acerca de este personaje, no dista mucho de la que se tenía en los setenta: un individuo mitificado, casi con poderes mentales, capaz de saber lo que uno piensa con sólo mirarlo a los ojos. "Era como conocer al Dalai Lama", explica Cisneros.

Eduardo Alt es un empresario exitoso. Pero siente que su vida está incompleta. Su hijo Axel fue captado por el sodalicio a los dieciséis años. Se le acercaron en un balneario del sur, invitándolo a jugar fulbito. La familia no notó nada extraño hasta que el joven empezó a cuestionar seriamente el accionar de la familia, así como su posición ante la religión. Los padres de Axel son agnósticos y se casaron a una edad muy joven, dos aspectos que el muchacho empezó a criticar constantemente.

Así como Axel, Luis Eduardo fue captado a los quince años, por medio de un primo suyo. Un día, su primo lo pasó a recoger en un carro, junto a otros dos muchachos adolescentes, que era conducido por un individuo mayor con barba. Estaban yendo a jugar fulbito. Así empezó a frecuentarlos. Como todo adolescente, Luis Eduardo buscaba una identidad, afecto e independencia de sus padres. El grupo le ofrecía todo esto, además de un ambiente en el cual se cultivaba el intelecto y una visión menos superficial de la vida. Lentamente su mundo empezó a centrarse en este grupo. "Se llega un punto en el cual ya uno no se siente parte de la familia porque se da cuenta de que tiene vínculos más profundos con el Sodalicio que con la familia", afirma.

Eduardo Alt se ha resignado a ver a su hijo Axel, captado por los sodálites, sólo algunos fines de semana.

Esta situación no es nueva, Victor Zar aseguró a agenciaperu.com que los problemas en el núcleo familiar han sido siempre cosa común en el Sodalicio y que su padre, un católico practicante, se enfrentó abiertamente a Figari por pretender transgredir la jerarquía dentro del colegio.

Eduardo Alt, por su lado, observó en el caso de su hijo que la metodología del grupo es investigar cuál ha sido la vida pasada de la familia para encontrar posibles puntos flacos y utilizarlos como herramienta para manejar la adaptación de estos chicos a su grupo.

Luis Eduardo rememora lo que él percibió como la etapa final de la captación: "Te vas identificando cada vez más con esta gente y te vas identificando cada vez menos con el mundo (…). En los retiros, lo que yo me acuerdo que veía mucho era el discurso de que la vida como la has llevado hasta ese momento es una vida impía, impura, pecadora; y que solamente Cristo, que tiene sus representante en el Sodalicio, -porque ellos son en alguna medida representantes de la verdad- son tu única salvación." Entonces, se habla de dejar atrás el hombre viejo, e incluso se lleva a cabo un ritual en los retiros en el que se quema un muñeco de trapo que representa esa vida dejada atrás.

En San Bartolo, los jóvenes sodálites pasan uno o dos años de preparación.

RIGORES FÍSICOS EXTREMOS

Agenciaperu.com confirmó que los sodálites en etapa de formación se someten a ciertos rigores físicos en las casas comunitarias con las que cuentan en San Bartolo. Según José Enrique Escardó, director de la revista Gente y ex adherente al Sodalitium, que fue entrevistado por Cecilia Valenzuela en el programa Entre Líneas de Canal N, esto es porque buscan ser una especie de milicia.

Escardó citó una frase de San Ignacio de Loyola que ellos utilizan: ser mitad monjes y mitad soldados. Durante las madrugadas, por ejemplo, salen a nadar en el mar de este balneario donde generalmente pasan uno o dos años de preparación.

La confusión y sufrimiento son algo que, según Escardó, serían frecuentes para los jóvenes que atraviesan la etapa de formación en las casas comunitarias. El director de Gente ha descrito, en una serie de artículos de su revista, algunos maltratos sicológicos y físicos a los que se les sometía.

José Enrique Escardó ha denunciado a los sodálites en repetidas oportunidades en la revista Gente.

Durante el programa Entre Líneas, Escardó describió en detalle cómo se le obligó a dormir varias noches en una escalera de mármol y cómo le hicieron esconderse en el baño cuando su madre fue a visitarlo. También se le puso una cuchilla al cuello y se le ordenó que empujase, ante lo que confiesa que no pudo contener las lágrimas. Luego de esto se le llevó ante una imagen de la Virgen María y se le cuestionó porque no confiaba en sus superiores.

Cuando todo esto se volvió insoportable, Escardó decidió escapar. Preparó su maleta, dijo que iba a lavar los platos, y esperó a que todos durmiesen, para subirse a un taxi y regresar a Lima, llorando durante todo el trayecto.

CUESTIONABLES MÉTODOS

Los sodalites muestran rasgos de fanatismo hasta el extremo en que todos se visten muy parecido.

Luis Eduardo Cisneros se retiró del Sodalicio luego de darse cuenta de que no tenía una vocación y percibir lo que el describe como "un método psicológicamente poco ético de captación". En una oportunidad, poco después de retirarse, fue invitado por unos amigos de barrio a una fiesta. Era un momento en el que se hallaba muy confundido, por lo que la situación le pareció sumamente incómoda. Luis Eduardo recuerd que al día siguiente, abrió los ojos y vio lo que al principio pensó que era una alucinación paranoica, producto de la resaca: tenía enfrente a un sodálite. Un joven amigo suyo, vestido con camisa y pantalón de tela -casi un uniforme en el Sodalicio- lo estaba mirando al pie de su cama.

Todos aquellos que brindaron su testimonio para este artículo, consideran que en el Sodalicio hay gente con verdadera vocación por una vida sacerdotal. No obstante, agenciaperu.com conoce el caso de varias familias que, como los Alt, consideran que sus hijos les fueron arrebatados a una edad demasiado temprana como para tomar tan importante decisión. Muchas de ellas prefieren mantenerse en reserva por tratarse de católicos que no quieren entrar en mayor conflicto con la Iglesia.

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