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Los
misterios del Sodalicio
Escribe
Diego Fernández-Stoll / agenciaperu.com
Para
muchas familias creyentes, tener un hijo cura es una bendición.
Pero, ¿qué sentiría usted si su hijo,
siendo aún menor de edad, se acerca a usted a contarle
de abandonar el hogar paterno porque ha tomado la decisión
de entregar su vida a Dios?
El que
un adolescente tome una decisión así de importante
a tan temprana edad podría ser considerado como un
enorme acto de fe y coraje. Lo cuestionable del asunto sería
la posible motivación del muchacho, muy común
en todo púber: la necesidad de pertenencia a un grupo.
El
grupo bien podría sera el exclusivo Sodalicio de
Vida Cristiana, movimiento apostólico que actúa
bajo la tutela del arzobispado y se dedica a reclutar jóvenes
de, usualmente, alto status social que busquen el camino
de la santidad, convirtiéndose en laicos consagrados
o sacerdotes.
INICIOS TURBULENTOS
El Sodalicio
de Vida Cristiana fue fundado en Lima por el laico Luis
Felipe Figari en 1971. Se inspiró en la doctrina
del beato fundador de los marianistas Guillermo José
Chaminade, y se basó principalmente en el capítulo
10 del evangelio según San Mateo. Para su propósito
de reunir un grupo selecto de apóstoles, Figari no
tuvo que ir muy lejos. En el colegio Santa María
buscó a los jóvenes con mejor nivel intelectual
y razgos de liderazgo.
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Laico
Luis Felipe Figari
fundó su movimiento
de las canteras del Santa María.
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La promoción
de 1973 del Santa María vio salir de sus filas a
varios de los actuales líderes de Sodalicio; Emilio
Garruad, Jose Antonio Euguren, Luis Capeletti, y una decena
de adherentes con miras a la santidad. Entre ellos estaba
Victor Zar, ahora retirado del movimiento.
Zar
tuvo problemas con el sodalicio desde sus inicios. Fue separado
del movimiento hasta dos veces por negarse a asistir a un
retiro, y fue llamado mal cristiano por no ser capaz de
convertir a su enamorada.
Según
Zar, el accionar de Figari, para ese entonces, ya incomodaba
a los marianistas. Para escoger a sus jóvenes seguidores,
que cursaban cuarto y quinto de media, accedió a
los expedientes de notas, escogiendo a los alumnos más
destacados. Después de todo, el movimiento había
sido concebido con altas tendencias intelectuales. Había
algunas lecturas obligatorias aparte de la Biblia, desde
"El Siddharta" de Hesse hasta "La Iglesia
y el Orden Temporal" de Octavio Derisi. Pero no sólo
había controles de lectura; Figari también
hacía un control de amigos. Zar fue prohibido de
ver a algunas de sus amistades.
Poco
después, el mesianismo, poder de convencimiento y
gran capacidad de levantar vocaciones produejeron un cisma
entre los marianistas y Figari, por lo que este último
fue separado del colegio.
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Luis
Eduardo Cisnero, ex sodálite:
"sus métodos son psicológicamente
poco éticos".
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FAMILIAS
SEPARADAS
Luis
Eduardo Cisneros es un joven ex alumno del Santa María,
egresado en el año 1997, que perteneció a
las filas del sodalicio. Él también tuvo la
oportunidad de conocer a Figari. La percepción que
se tiene en el Sodalicio de hoy, acerca de este personaje,
no dista mucho de la que se tenía en los setenta:
un individuo mitificado, casi con poderes mentales, capaz
de saber lo que uno piensa con sólo mirarlo a los
ojos. "Era como conocer al Dalai Lama", explica
Cisneros.
Eduardo
Alt es un empresario exitoso. Pero siente que su vida está
incompleta. Su hijo Axel fue captado por el sodalicio a
los dieciséis años. Se le acercaron en un
balneario del sur, invitándolo a jugar fulbito. La
familia no notó nada extraño hasta que el
joven empezó a cuestionar seriamente el accionar
de la familia, así como su posición ante la
religión. Los padres de Axel son agnósticos
y se casaron a una edad muy joven, dos aspectos que el muchacho
empezó a criticar constantemente.
Así
como Axel, Luis Eduardo fue captado a los quince años,
por medio de un primo suyo. Un día, su primo lo pasó
a recoger en un carro, junto a otros dos muchachos adolescentes,
que era conducido por un individuo mayor con barba. Estaban
yendo a jugar fulbito. Así empezó a frecuentarlos.
Como todo adolescente, Luis Eduardo buscaba una identidad,
afecto e independencia de sus padres. El grupo le ofrecía
todo esto, además de un ambiente en el cual se cultivaba
el intelecto y una visión menos superficial de la
vida. Lentamente su mundo empezó a centrarse en este
grupo. "Se llega un punto en el cual ya uno no se siente
parte de la familia porque se da cuenta de que tiene vínculos
más profundos con el Sodalicio que con la familia",
afirma.
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Eduardo
Alt se ha resignado a ver a su hijo Axel, captado
por los sodálites, sólo algunos fines
de semana.
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Esta
situación no es nueva, Victor Zar aseguró
a agenciaperu.com que los problemas en el núcleo
familiar han sido siempre cosa común en el Sodalicio
y que su padre, un católico practicante, se enfrentó
abiertamente a Figari por pretender transgredir la jerarquía
dentro del colegio.
Eduardo
Alt, por su lado, observó en el caso de su hijo que
la metodología del grupo es investigar cuál
ha sido la vida pasada de la familia para encontrar posibles
puntos flacos y utilizarlos como herramienta para manejar
la adaptación de estos chicos a su grupo.
Luis
Eduardo rememora lo que él percibió como la
etapa final de la captación: "Te vas identificando
cada vez más con esta gente y te vas identificando
cada vez menos con el mundo (…). En los retiros, lo que
yo me acuerdo que veía mucho era el discurso de que
la vida como la has llevado hasta ese momento es una vida
impía, impura, pecadora; y que solamente Cristo,
que tiene sus representante en el Sodalicio, -porque ellos
son en alguna medida representantes de la verdad- son tu
única salvación." Entonces, se habla
de dejar atrás el hombre viejo, e incluso se lleva
a cabo un ritual en los retiros en el que se quema un muñeco
de trapo que representa esa vida dejada atrás.
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En
San Bartolo, los jóvenes sodálites pasan
uno o dos años de preparación.
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RIGORES
FÍSICOS EXTREMOS
Agenciaperu.com
confirmó que los sodálites en etapa de formación
se someten a ciertos rigores físicos en las casas
comunitarias con las que cuentan en San Bartolo. Según
José Enrique Escardó, director de la revista
Gente y ex adherente al Sodalitium, que fue entrevistado
por Cecilia Valenzuela en el programa Entre Líneas
de Canal N, esto es porque buscan ser una especie de milicia.
Escardó
citó una frase de San Ignacio de Loyola que ellos
utilizan: ser mitad monjes y mitad soldados. Durante las
madrugadas, por ejemplo, salen a nadar en el mar de este
balneario donde generalmente pasan uno o dos años
de preparación.
La confusión
y sufrimiento son algo que, según Escardó,
serían frecuentes para los jóvenes que atraviesan
la etapa de formación en las casas comunitarias.
El director de Gente ha descrito, en una serie de artículos
de su revista, algunos maltratos sicológicos y físicos
a los que se les sometía.
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José
Enrique Escardó ha denunciado a los sodálites
en repetidas oportunidades en la revista Gente.
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Durante
el programa Entre Líneas, Escardó describió
en detalle cómo se le obligó a dormir varias
noches en una escalera de mármol y cómo le
hicieron esconderse en el baño cuando su madre fue
a visitarlo. También se le puso una cuchilla al cuello
y se le ordenó que empujase, ante lo que confiesa
que no pudo contener las lágrimas. Luego de esto
se le llevó ante una imagen de la Virgen María
y se le cuestionó porque no confiaba en sus superiores.
Cuando
todo esto se volvió insoportable, Escardó
decidió escapar. Preparó su maleta, dijo que
iba a lavar los platos, y esperó a que todos durmiesen,
para subirse a un taxi y regresar a Lima, llorando durante
todo el trayecto.
CUESTIONABLES
MÉTODOS
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Los
sodalites muestran rasgos de fanatismo hasta el extremo
en que todos se visten muy parecido.
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Luis
Eduardo Cisneros se retiró del Sodalicio luego de
darse cuenta de que no tenía una vocación
y percibir lo que el describe como "un método
psicológicamente poco ético de captación".
En una oportunidad, poco después de retirarse, fue
invitado por unos amigos de barrio a una fiesta. Era un
momento en el que se hallaba muy confundido, por lo que
la situación le pareció sumamente incómoda.
Luis Eduardo recuerd que al día siguiente, abrió
los ojos y vio lo que al principio pensó que era
una alucinación paranoica, producto de la resaca:
tenía enfrente a un sodálite. Un joven amigo
suyo, vestido con camisa y pantalón de tela -casi
un uniforme en el Sodalicio- lo estaba mirando al pie de
su cama.
Todos
aquellos que brindaron su testimonio para este artículo,
consideran que en el Sodalicio hay gente con verdadera vocación
por una vida sacerdotal. No obstante, agenciaperu.com
conoce el caso de varias familias que, como los Alt, consideran
que sus hijos les fueron arrebatados a una edad demasiado
temprana como para tomar tan importante decisión.
Muchas de ellas prefieren mantenerse en reserva por tratarse
de católicos que no quieren entrar en mayor conflicto
con la Iglesia.
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Los
misterios del Sodalicio
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