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El
drama de los sin tierra
Existen
muchas personas sin casa propia que sueñan con tener un
lugar al que puedan considerar como personal y propio. Sin
embargo, algunos de ellos piensan que tomando terrenos privados
solucionarán este problema. Pero esto es algo que no tiene
nada de fácil, e implica muchos tormentos.
Escriben
Alexa Vélez, Patty Araujo, y Daniel Yovera / agenciaperu.com
Gisela Sánchez tiene 19 años y hace tres abandonó
Huancayo para buscar la tierra prometida. Le hablaron de
la capital y de sus oportunidades, de lo fácil que
podía ser conseguir trabajo, y de los terrenos que
abundan en el interminable cinturón que la rodea.
Su historia
es muy parecida a la de otros: "salí de la casa
donde estaba hospedada, y vi que habían empezado
a invadir tres casitas. En la tarde, cuando regrese, mire
todo un poco más lleno. Entonces dije: yo también
quiero mi terreno. Es allí cuando yo me meto".
El cerro
que atrajo su mirada era las Lomas de Manchay, que está
ubicado al sur este de Lima, en Pachacamac, allí
donde nadie es dueño de nada y donde todos los habitantes
tramitan sus títulos de propiedad mientras otros
provincianos, como ellos, invaden terrenos de propiedad
privada.
En lo
que va del año, Gisela ha intentado tres veces apropiarse
de un terreno en esa zona. Con su hija de mes y medio en
los brazos, esta joven mujer ha corrido por el cerro sorteando
bombas lacrimógenas, palazos y piedras.
"Tenía
miedo que pudiera venir la policía a desalojarnos
por la noche. Vinieron y empezaron a quemar las esteras
arriba, entonces tenia que jalar mis cosas. Quemaron frazadas,
esteras, yo escape con mi hijita y mis cosas" nos dice.
La choza
improvisada de Gisela ya ha sido quemada en dos oportunidades,
sin embargo ella insiste y va en busca de nuevas esteras
y nuevos plásticos y aguarda la llegada de la noche
para volver a invadir
Ahora
para cuidar el terreno que espera que algún día
llegue a ser suyo, este en su tercer intento, duerme a la
intemperie con su hija, envuelta en frazadas.
Por las mañanas desciende de las Lomas para ir a
comprar agua y luego subir los baldes hasta la cima del
cerro. Allá donde ha decidido que instalara su hogar,
ya que ella "desde abajo se jala el agua. Se la compras
al aguatero, y tienes que cargarlo hasta acá, hasta
el cerro".
ESTRATEGIA DE GUERRA
Las
personas que como Gisela buscan hacerse de un pedazo de
tierra están organizadas, y han desarrollado una
técnica para invadir: primero consiguen las esteras,
que se venden desde 8 soles, luego diseñar una estrategia
de ataque para defenderse de la policía que los trata
de desalojar.
Para
Cesarina López, pobladora de Manchay y compañera
de invasiones de Gisela, la mejor defensa es el ataque:
"si nos golpean nosotros también tenemos que
golpearlos. Tenemos que agarrar piedras. Todas las personas,
hombres y mujeres, todos tenemos que luchar".
Estos
enfrentamientos han terminado con la creación de
200 asentamientos humanos en Lima. Aunque según Desco
la cifra queda corta, pues solo en el cono sur se han registrado
en los últimos cinco años más de doscientas
nuevas invasiones.
Según el urbanista Gustavo Riofrío, los problemas
de Lima se resumen en que su crecimiento es hacia lo largo
y no hacia arriba. Lima ha venido bajando en su densidad
desde 1920. Toda nueva familia tendía a crecer en
extensión ocupando más terrenos y sucede en
las grandes ciudades de nuestro país. Además,
Riofrío asegura: "El problema que tenemos ahora
es que ya no hay terrenos tan fáciles como antes.
Nos falta tener propuestas de crecimiento en densidad para
las familias de bajos ingresos".
Lo cierto es que el sueño del techo propio se ha
convertido en una pesadilla. El estado no tiene tierras
disponibles, según Cofopri, solo quedan dos terrenos
del estado en Lima, la demanda de terrenos crece a pasos
agigantados y los violentos intentos por invadir la propiedad
privada describen la pobreza y el subdesarrollo de nuestro
país.
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