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28 de abril del 2002

Cientos de personas tras un sueño: la casa propia.

En este artículo

Estrategia de guerra

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El drama de los sin tierra

Existen muchas personas sin casa propia que sueñan con tener un lugar al que puedan considerar como personal y propio. Sin embargo, algunos de ellos piensan que tomando terrenos privados solucionarán este problema. Pero esto es algo que no tiene nada de fácil, e implica muchos tormentos.

Escriben Alexa Vélez, Patty Araujo, y Daniel Yovera / agenciaperu.com

Gisela Sánchez tiene 19 años y hace tres abandonó Huancayo para buscar la tierra prometida. Le hablaron de la capital y de sus oportunidades, de lo fácil que podía ser conseguir trabajo, y de los terrenos que abundan en el interminable cinturón que la rodea.

Su historia es muy parecida a la de otros: "salí de la casa donde estaba hospedada, y vi que habían empezado a invadir tres casitas. En la tarde, cuando regrese, mire todo un poco más lleno. Entonces dije: yo también quiero mi terreno. Es allí cuando yo me meto".

El cerro que atrajo su mirada era las Lomas de Manchay, que está ubicado al sur este de Lima, en Pachacamac, allí donde nadie es dueño de nada y donde todos los habitantes tramitan sus títulos de propiedad mientras otros provincianos, como ellos, invaden terrenos de propiedad privada.

En lo que va del año, Gisela ha intentado tres veces apropiarse de un terreno en esa zona. Con su hija de mes y medio en los brazos, esta joven mujer ha corrido por el cerro sorteando bombas lacrimógenas, palazos y piedras.

"Tenía miedo que pudiera venir la policía a desalojarnos por la noche. Vinieron y empezaron a quemar las esteras arriba, entonces tenia que jalar mis cosas. Quemaron frazadas, esteras, yo escape con mi hijita y mis cosas" nos dice.

La choza improvisada de Gisela ya ha sido quemada en dos oportunidades, sin embargo ella insiste y va en busca de nuevas esteras y nuevos plásticos y aguarda la llegada de la noche para volver a invadir

Ahora para cuidar el terreno que espera que algún día llegue a ser suyo, este en su tercer intento, duerme a la intemperie con su hija, envuelta en frazadas.

Por las mañanas desciende de las Lomas para ir a comprar agua y luego subir los baldes hasta la cima del cerro. Allá donde ha decidido que instalara su hogar, ya que ella "desde abajo se jala el agua. Se la compras al aguatero, y tienes que cargarlo hasta acá, hasta el cerro".


ESTRATEGIA DE GUERRA

Las personas que como Gisela buscan hacerse de un pedazo de tierra están organizadas, y han desarrollado una técnica para invadir: primero consiguen las esteras, que se venden desde 8 soles, luego diseñar una estrategia de ataque para defenderse de la policía que los trata de desalojar.

Para Cesarina López, pobladora de Manchay y compañera de invasiones de Gisela, la mejor defensa es el ataque: "si nos golpean nosotros también tenemos que golpearlos. Tenemos que agarrar piedras. Todas las personas, hombres y mujeres, todos tenemos que luchar".

Estos enfrentamientos han terminado con la creación de 200 asentamientos humanos en Lima. Aunque según Desco la cifra queda corta, pues solo en el cono sur se han registrado en los últimos cinco años más de doscientas nuevas invasiones.

Según el urbanista Gustavo Riofrío, los problemas de Lima se resumen en que su crecimiento es hacia lo largo y no hacia arriba. Lima ha venido bajando en su densidad desde 1920. Toda nueva familia tendía a crecer en extensión ocupando más terrenos y sucede en las grandes ciudades de nuestro país. Además, Riofrío asegura: "El problema que tenemos ahora es que ya no hay terrenos tan fáciles como antes. Nos falta tener propuestas de crecimiento en densidad para las familias de bajos ingresos".

Lo cierto es que el sueño del techo propio se ha convertido en una pesadilla. El estado no tiene tierras disponibles, según Cofopri, solo quedan dos terrenos del estado en Lima, la demanda de terrenos crece a pasos agigantados y los violentos intentos por invadir la propiedad privada describen la pobreza y el subdesarrollo de nuestro país.