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Vampiros
en la noche limeña
Desde hace
varios meses, una antigua casona del Centro de Lima se ha convertido
en un oscuro punto de encuentro de jóvenes que detestan la
luz del día y, por el contrario, sostienen que su vida comienza
después de la medianoche.
Estos jóvenes adoran el color negro, la música gótica,
el maquillaje intenso y los peinados extravagantes. Lo alucinante,
sin embargo, es que algunos de ellos dicen que periódicamente
beben sangre y tienen ciertos poderes que los alejan de la condición
humana. Jeronimo Centurión, de Entre Líneas,
realizó el siguiente reportaje.
agenciaperu.com
Masug vive agazapado
en la noche, envuelto en el color artificial de un local que bota
luces rojas, verdes y azules. Con el pelo revuelto y abundante maquillaje,
él sigue la música con la mirada perdida pero asegura
que no baila, más bien, dice, sus movimientos corresponden
a un ritual propio de seres inmortales, de vampiros. "Son danzas
rituales donde se llaman a los espíritus", asegura.
Su amigo Kaipacha
dice ser un vampiro psíquico, un ser tan sensible que absorbe
toda la tristeza de quienes lo rodean. "Dicen que el sufrimiento
lleva al poder", afirma, "que Santa Rosa se flagelaba
para estar cerca del poder de Cristo". Pero él asegura
que él no se da los castigos: "a mi me los dieron".
"Dicen
que lo que uno hace lo paga, pero si uno va pagando pero no ha hecho
nada, obviamente después se va a equilibrar la balanza",
añade.
Carlos, otro
habitual a la discoteca 'Vampiros', prefiere el ritual del baile
a las palabras. Asegura que sus cabellos parados no son signo de
rebeldía, sino de agujas que lo han herido a lo largo de
su vida.
"Aquella
persona que no ha sufrido no ha vivido", sentencia Carlos,
"el sufrimiento puede ser el inicio, el inicio de poder ver
lo que otros no ven... sentir lo que otros no sienten, el lado opuesto
de esta vida, la otra dimensión, la magia".
RETORNO AL TAHUANTINSUYO
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| Kaipacha:
"para sentirme bien con el grupo opte por tener un nombre en
quechua. Real significa Kaipacha y me pusieron ese nombre". |
Estos jóvenes,
unidos por su culto a la música oscura, principalmente 'new
wave' de la década de 1980, con sus particulares vestimentas
y su automarginación social, dicen conformar un clan, una
familia que tiene como principal objetivo reivindicar la vigencia
del Tahuantinsuyo.
David, uno de
los miembros de esta hermandad, asegura que "hace quinientos
años éramos libres, éramos hermanos de la naturaleza,
hermanos de la tierra, tomábamos sangre de la tierra".
"Hace quinientos
años nos dieron forma de humanos", continúa,
"metiéndonos a esa bolsa y ese pellejo de humanos".
Para David,
"el clan es una cofradía, una hermandad de diferentes
personas con un ideal común. Nos unimos básicamente
por la oscuridad que tenemos como hermandad. Es para valientes realmente
estar en la oscuridad".
Según
Masug, que significa murciélago en quechua, el clan que lidera
busca reivindicar la fortaleza indígena, la cual se vio agredida
con la conquista, pero no derrotada.
"Para nosotros
el Tahuantinsuyo sigue vivo. La 'unancha' es nuestra bandera. Nosotros
somos indios, somos de una nación milenaria, estamos seguros
de nuestra identidad", afirma. "Estamos en el año
5010 del año del quinto sol y estamos por entrar al año
5011 de la era del quinto Sol, del décimo Pachacútec",
señala.
A Masug y su
gente les "parece patológico que los peruanos odien
más a Hitler y permitan un monumento a un asesino aún
mas cruel que él que es Francisco Pizarro".
"Nuestra
cultura es el inicio, puede ser el Incanato, la Chacana, pero es
el punto de partida", añade.
Kaipacha también
es parte de este grupo. Él asegura que escogió su
nombre "para sentirme bien con el grupo opte por tener un nombre
en quechua. Real significa Kaipacha y me pusieron ese nombre".
Ellos dicen
ser hijos de la tierra, y como tales, cada cierto tiempo, le rinden
homenaje a la Pachamama. "No hacemos sacrificios, pero la sangre
de la regla de las mujeres que son parte nuestra es ofrendada a
la tierra", asegura Masug.
Los referentes
de estos jóvenes, que desprovistos de atuendos son más
bien pacifistas y tímidos, oscilan entre la resistencia indígena
el vampirismo y el new wave.
Sin embargo,
lo concreto es que, desde hace varios meses, por un motivo u por
otro, las llamadas fiestas "vampiros" han comenzado a
llamar la atención de cientos de jóvenes que encuentran
en la penumbra de esta casa que funge de lugar de reunión,
discoteca o, en fin, centro nocturno extraído como de un
cuento, el ambiente perfecto para bailar, disfrazarse o dejarse
seducir por el lado oscuro de la noche.
LA FIESTA
POR DENTRO
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| Masug,
sin maquillaje: "[Las fiestas son] una forma de llamar la atención
de los jóvenes. Como la casa de Hansel y Gretel". |
Agenciaperu.com
ingresó a la discoteca "Vampiros" y conversó
con varios de sus concurrentes, todos ellos, embrujados por la oscuridad
del lugar, su música, su atmósfera.
Uno de ellos
asegura haber "vivido muchos años un poco depresivamente.
Esto es como una manera de refugiarme, tal vez".
"Es como
un espacio donde yo encuentro ese vacío donde realmente me
identifico con lo que soy. Somos tantas personas acá perdidas
como en una dimensión en la que no tiene sentido. Somos parte
de una melodía", afirma.
Sin embargo,
hay algunos que se toman más en serio el vampirismo. Como
Esteban, com quien conversamos:
¿Qué significan este tipo de fiestas?
Significan la perdida del alma de los seres humanos.
¿Qué
es lo que son realmente?
Yo soy un vampiro que absorbe la energía de la gente. Yo
saco energía, pero hay quienes extraen sangre.
Masug, Kaipacha y Carlos, son los organizadores de estas fiestas.
Ellos revelan que su verdadera intención es captar adeptos
y que el nombre es simbólico.
"[Las fiestas son] una forma de llamar la atención de
los jóvenes. Como la casa de Hansel y Gretel, traemos dulce
o música digerible para que se acerquen los jóvenes
y los hacemos reflexionar", asegura Masug.
Para Kaipacha,
"Vampiros es una forma de reivindicar con ese nombre un sentimiento
ancestral".
Paradójicamente,
en estas fiestas, denominadas "vampiros" nadie muerde
a nadie, góticos, punks, metaleros, drag quens y cualquier
ciudadano puede liberarse en la casi absoluta oscuridad de estos
encuentros.
Pero eso no
significa que no importe la apariencia. Al contrario, cada uno de
ellos estudia cuidadosamente cómo se ven: desde el cabello,
los tatuajes, hasta la parte interna de los labios.
Hace un par
de meses, Kaipacha sufrió una gran decepción amorosa.
Por eso, organizó una fiesta vampiro denominada "el
amor apesta". "El amor apesta fue un evento muy interesante...
fue una hecatombe sexual mas que nada", aseguró el organizador.
"Yo quería
imprimir mis sentimientos en una sola frase: 'el amor apesta', y
al final todo el mundo estaba dolido y el amor apesta para mucha
gente", recuerda. "Al final de cuentas el amor apesta
fue una cosa tan extraña que las parejas vinieron acá
y les apestó el amor".
"Fue sexo,
desbande, el no respeto por sus parejas, finalmente el amor apesta
fue una buena fecha, creo que la vamos a repetir", finaliza.
Pese a todo,
en es que en estas fiestas más que amor, se percibe soledad
y hasta cierto punto marginación.
EL MUNDO
DE GINA
Gina, por ejemplo,
tiene 21 años, es asidua a Vampiros, pero su apariencia le
ha traído problemas que ella ha enfrentado de una manera
muy particular.
"Me visto
así porque me gusta, porque me identifico, no me parece que
lo gótico sea una moda sino más bien es como un sentimiento",
nos aclara.
Sin embargo,
por sentimental ha terminado huyendo del mundo. "Tanto me dicen
bruja, que bruja seré y los trataré mal", asegura.
Marginada y
decepcionada del mundo, ella sólo se siente bien con los
dieciséis gatos y seis perros que ha ido recogiendo de la
calle. "Cuando me siento triste ellos están conmigo,
me acompañan, no es como la gente que anda con hipocresías",
dice emocionada.
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| Gina: "no
tengo ceja, en la antigüedad muchas personas se depilaban cuando
moría uno de sus gatos". |
"Me refugio
en mi soledad, en mis gatos y en gritar sin palabras que no estoy
conforme con la sociedad", declara.
Gina habla sobre
el rechazo, o el recelo, de algunas personas por su apariencia:
"creen que soy sadomasoquista, satánica, que no les
puedo mirar a los ojos, que les puedo echar un hechizo, que era
zoofílica, que si tenía relaciones con mis gatos",
asegura, "cómo no vas a querer estas cosas, yo me los
chapo, sus colmillitos a mi no me da asco".
Parte del amor
por sus gatos, se aprecia incluso en su rostro: "no tengo ceja,
en la antigüedad muchas personas se depilaban cuando moría
uno de sus gatos. Hace mucho tiempo desaparecieron muchos gatos
de mi casa de un porrazo".
Las cejas de
Gina, los cabellos de Carlos, el discurso indigenista de Masug,
la tristeza de Kaipacha, el espejo, la oscuridad de Vampiros. Estos
jóvenes bailan o caminan exhibiendo la bandera su diferencia.
Luchan a su manera por no dejarse absorber por lo que ellos llaman
el sistema.
Pero también
hay ilusiones, iconos, canciones que los llenan de esperanza. Que
les demuestran que no están tan solos y que son capaces de
hacerlos sentir bien.
Hace un par
de meses, la mayoría de ellos coincidieron en el concierto
del prestigioso grupo ingles "The Mission". Allí,
entre canciones como "Ámame hasta morir", estos
jóvenes demostraron que al final de cuentas, a pesar del
culto a la oscuridad y el maquillaje gótico, una vida sin
ilusión no es vida.
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