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  Sociedad 
19 de setiembre del 2002
Hermandad de la oscuridad
Vampiros es una discoteca limeña habitada por jóvenes unidos por su culto a la música oscura su marginación social.

En este artículo

Retorno al Tahuantinsuyo

La fiesta por dentro

El mundo de Gina

Vampiros en la noche limeña

Desde hace varios meses, una antigua casona del Centro de Lima se ha convertido en un oscuro punto de encuentro de jóvenes que detestan la luz del día y, por el contrario, sostienen que su vida comienza después de la medianoche.
Estos jóvenes adoran el color negro, la música gótica, el maquillaje intenso y los peinados extravagantes. Lo alucinante, sin embargo, es que algunos de ellos dicen que periódicamente beben sangre y tienen ciertos poderes que los alejan de la condición humana. Jeronimo Centurión, de Entre Líneas, realizó el siguiente reportaje.

agenciaperu.com

Masug vive agazapado en la noche, envuelto en el color artificial de un local que bota luces rojas, verdes y azules. Con el pelo revuelto y abundante maquillaje, él sigue la música con la mirada perdida pero asegura que no baila, más bien, dice, sus movimientos corresponden a un ritual propio de seres inmortales, de vampiros. "Son danzas rituales donde se llaman a los espíritus", asegura.

Su amigo Kaipacha dice ser un vampiro psíquico, un ser tan sensible que absorbe toda la tristeza de quienes lo rodean. "Dicen que el sufrimiento lleva al poder", afirma, "que Santa Rosa se flagelaba para estar cerca del poder de Cristo". Pero él asegura que él no se da los castigos: "a mi me los dieron".

"Dicen que lo que uno hace lo paga, pero si uno va pagando pero no ha hecho nada, obviamente después se va a equilibrar la balanza", añade.

Carlos, otro habitual a la discoteca 'Vampiros', prefiere el ritual del baile a las palabras. Asegura que sus cabellos parados no son signo de rebeldía, sino de agujas que lo han herido a lo largo de su vida.

"Aquella persona que no ha sufrido no ha vivido", sentencia Carlos, "el sufrimiento puede ser el inicio, el inicio de poder ver lo que otros no ven... sentir lo que otros no sienten, el lado opuesto de esta vida, la otra dimensión, la magia".


RETORNO AL TAHUANTINSUYO

Kaipacha: "para sentirme bien con el grupo opte por tener un nombre en quechua. Real significa Kaipacha y me pusieron ese nombre".

Estos jóvenes, unidos por su culto a la música oscura, principalmente 'new wave' de la década de 1980, con sus particulares vestimentas y su automarginación social, dicen conformar un clan, una familia que tiene como principal objetivo reivindicar la vigencia del Tahuantinsuyo.

David, uno de los miembros de esta hermandad, asegura que "hace quinientos años éramos libres, éramos hermanos de la naturaleza, hermanos de la tierra, tomábamos sangre de la tierra".

"Hace quinientos años nos dieron forma de humanos", continúa, "metiéndonos a esa bolsa y ese pellejo de humanos".

Para David, "el clan es una cofradía, una hermandad de diferentes personas con un ideal común. Nos unimos básicamente por la oscuridad que tenemos como hermandad. Es para valientes realmente estar en la oscuridad".

Según Masug, que significa murciélago en quechua, el clan que lidera busca reivindicar la fortaleza indígena, la cual se vio agredida con la conquista, pero no derrotada.

"Para nosotros el Tahuantinsuyo sigue vivo. La 'unancha' es nuestra bandera. Nosotros somos indios, somos de una nación milenaria, estamos seguros de nuestra identidad", afirma. "Estamos en el año 5010 del año del quinto sol y estamos por entrar al año 5011 de la era del quinto Sol, del décimo Pachacútec", señala.

A Masug y su gente les "parece patológico que los peruanos odien más a Hitler y permitan un monumento a un asesino aún mas cruel que él que es Francisco Pizarro".

"Nuestra cultura es el inicio, puede ser el Incanato, la Chacana, pero es el punto de partida", añade.

Kaipacha también es parte de este grupo. Él asegura que escogió su nombre "para sentirme bien con el grupo opte por tener un nombre en quechua. Real significa Kaipacha y me pusieron ese nombre".

Ellos dicen ser hijos de la tierra, y como tales, cada cierto tiempo, le rinden homenaje a la Pachamama. "No hacemos sacrificios, pero la sangre de la regla de las mujeres que son parte nuestra es ofrendada a la tierra", asegura Masug.

Los referentes de estos jóvenes, que desprovistos de atuendos son más bien pacifistas y tímidos, oscilan entre la resistencia indígena el vampirismo y el new wave.

Sin embargo, lo concreto es que, desde hace varios meses, por un motivo u por otro, las llamadas fiestas "vampiros" han comenzado a llamar la atención de cientos de jóvenes que encuentran en la penumbra de esta casa que funge de lugar de reunión, discoteca o, en fin, centro nocturno extraído como de un cuento, el ambiente perfecto para bailar, disfrazarse o dejarse seducir por el lado oscuro de la noche.

LA FIESTA POR DENTRO

Masug, sin maquillaje: "[Las fiestas son] una forma de llamar la atención de los jóvenes. Como la casa de Hansel y Gretel".

Agenciaperu.com ingresó a la discoteca "Vampiros" y conversó con varios de sus concurrentes, todos ellos, embrujados por la oscuridad del lugar, su música, su atmósfera.

Uno de ellos asegura haber "vivido muchos años un poco depresivamente. Esto es como una manera de refugiarme, tal vez".

"Es como un espacio donde yo encuentro ese vacío donde realmente me identifico con lo que soy. Somos tantas personas acá perdidas como en una dimensión en la que no tiene sentido. Somos parte de una melodía", afirma.

Sin embargo, hay algunos que se toman más en serio el vampirismo. Como Esteban, com quien conversamos:


¿Qué significan este tipo de fiestas?
Significan la perdida del alma de los seres humanos.

¿Qué es lo que son realmente?
Yo soy un vampiro que absorbe la energía de la gente. Yo saco energía, pero hay quienes extraen sangre.


Masug, Kaipacha y Carlos, son los organizadores de estas fiestas. Ellos revelan que su verdadera intención es captar adeptos y que el nombre es simbólico.

"[Las fiestas son] una forma de llamar la atención de los jóvenes. Como la casa de Hansel y Gretel, traemos dulce o música digerible para que se acerquen los jóvenes y los hacemos reflexionar", asegura Masug.

Para Kaipacha, "Vampiros es una forma de reivindicar con ese nombre un sentimiento ancestral".

Paradójicamente, en estas fiestas, denominadas "vampiros" nadie muerde a nadie, góticos, punks, metaleros, drag quens y cualquier ciudadano puede liberarse en la casi absoluta oscuridad de estos encuentros.

Pero eso no significa que no importe la apariencia. Al contrario, cada uno de ellos estudia cuidadosamente cómo se ven: desde el cabello, los tatuajes, hasta la parte interna de los labios.

Hace un par de meses, Kaipacha sufrió una gran decepción amorosa. Por eso, organizó una fiesta vampiro denominada "el amor apesta". "El amor apesta fue un evento muy interesante... fue una hecatombe sexual mas que nada", aseguró el organizador.

"Yo quería imprimir mis sentimientos en una sola frase: 'el amor apesta', y al final todo el mundo estaba dolido y el amor apesta para mucha gente", recuerda. "Al final de cuentas el amor apesta fue una cosa tan extraña que las parejas vinieron acá y les apestó el amor".

"Fue sexo, desbande, el no respeto por sus parejas, finalmente el amor apesta fue una buena fecha, creo que la vamos a repetir", finaliza.

Pese a todo, en es que en estas fiestas más que amor, se percibe soledad y hasta cierto punto marginación.

EL MUNDO DE GINA

Gina, por ejemplo, tiene 21 años, es asidua a Vampiros, pero su apariencia le ha traído problemas que ella ha enfrentado de una manera muy particular.

"Me visto así porque me gusta, porque me identifico, no me parece que lo gótico sea una moda sino más bien es como un sentimiento", nos aclara.

Sin embargo, por sentimental ha terminado huyendo del mundo. "Tanto me dicen bruja, que bruja seré y los trataré mal", asegura.

Marginada y decepcionada del mundo, ella sólo se siente bien con los dieciséis gatos y seis perros que ha ido recogiendo de la calle. "Cuando me siento triste ellos están conmigo, me acompañan, no es como la gente que anda con hipocresías", dice emocionada.

Gina: "no tengo ceja, en la antigüedad muchas personas se depilaban cuando moría uno de sus gatos".

"Me refugio en mi soledad, en mis gatos y en gritar sin palabras que no estoy conforme con la sociedad", declara.

Gina habla sobre el rechazo, o el recelo, de algunas personas por su apariencia: "creen que soy sadomasoquista, satánica, que no les puedo mirar a los ojos, que les puedo echar un hechizo, que era zoofílica, que si tenía relaciones con mis gatos", asegura, "cómo no vas a querer estas cosas, yo me los chapo, sus colmillitos a mi no me da asco".

Parte del amor por sus gatos, se aprecia incluso en su rostro: "no tengo ceja, en la antigüedad muchas personas se depilaban cuando moría uno de sus gatos. Hace mucho tiempo desaparecieron muchos gatos de mi casa de un porrazo".

Las cejas de Gina, los cabellos de Carlos, el discurso indigenista de Masug, la tristeza de Kaipacha, el espejo, la oscuridad de Vampiros. Estos jóvenes bailan o caminan exhibiendo la bandera su diferencia. Luchan a su manera por no dejarse absorber por lo que ellos llaman el sistema.

Pero también hay ilusiones, iconos, canciones que los llenan de esperanza. Que les demuestran que no están tan solos y que son capaces de hacerlos sentir bien.

Hace un par de meses, la mayoría de ellos coincidieron en el concierto del prestigioso grupo ingles "The Mission". Allí, entre canciones como "Ámame hasta morir", estos jóvenes demostraron que al final de cuentas, a pesar del culto a la oscuridad y el maquillaje gótico, una vida sin ilusión no es vida.

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