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4 de agosto del 2002
Horas de violencia y discusiones
La violencia se apoderó de Tarapoto durante una semana,y, aunque se ha firmado un acuerdo, no se puede decir que todo se ha terminado.
En este artículo
El ataque al aeropuerto

Los infiltrados

La comisión

La discusión

El acuerdo

La deuda bancaria

A mal tiempo...

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El acuerdo de Tarapoto

Mientras avanzaba la semana las noticias eran más desalentadoras: los agricultores arroceros de Tarapoto, y otros grupos de manifestantes violentos, tomaban la ciudad, destrozaban edificios públicos, asaltaban el aeropuerto y hacían que cientos de turistas nacionales y extranjeros, que fueron a pasar fiestas patrias a en sus hermosos albergues, se pegaran el susto del siglo.

Escriben César Hildebrandt Chávez y Daniel Yovera / agenciaperu.com

El sábado de la semana pasada, más de veinte mil agricultores arroceros de la provincia de Tarapoto, en el departamento de San Martín, se declararon en huelga general indefinida.

El punto crítico de la protesta fue la toma del aeropuerto local. El saldo: dieciséis policías heridos, más de cincuenta manifestantes capturados, y cientos de turistas atacados e impedidos de salir de la ciudad

Hasta el momento, la policía y los propios agricultores han señalado que los actos de violencia y pandillaje fueron propiciados por vándalos. Uno de los más furibundos ataques fue el que sufrió el local de la SUNAT.

Hasta ese entonces, las fuerzas del orden no sabían, realmente, a quienes enfrentaba. Más tarde, las investigaciones hallaron indicios de que los atacantes no eran sólo agricultores disgustados con la política agraria nacional.


EL ATAQUE AL AEROPUERTO

El día del ataque al aeropuerto, miles de manifestantes se agruparon en la carretera que desemboca en el terminal aéreo. Desde ahí, intentaron entrar y tomar la pista de aterrizaje, pero fueron repelidos.

Sin embargo, lo que parecía una protesta desordenada y confusa, de pronto se convirtió en una táctica casi militar.

Mientras la policía se enfrentaba a los revoltosos frente a la puerta principal del aeropuerto, simultáneamente, otros miles de manifestantes entraban por la parte posterior.

La protesta movilizó a más de veinte mil manifestantes.

Previamente, los atacantes habían hecho varios forados en la pared que rodea el perímetro del terminal aéreo. El único helicóptero policial que resguarda el terminal aéreo despegó para intentar ahuyentar a la turba, lanzando bombas lacrimógenas desde el aire.

Hasta ese momento, la policía pensó que el objetivo de los manifestantes era tomar, como ocurrió en Arequipa, la pista de aterrizaje. Pero se equivocaron. La meta era un tanque de gas ubicado dentro del aeropuerto.

Cuando la turba intentó llegar hasta él, los efectivos policiales lo rodearon y con bombas lacrimógenas lograron dispersar a los atacantes.

Felizmente, esta vez, no hubo víctimas mortales.


LOS INFILTRADOS

Una fuente de inteligencia de la policía nacional comentó a agenciaperu.com que las primeras hipótesis indagatorias apuntan a un comando con alta capacidad de organización y con formación militarizada.

La fuente anotó que San Martín fue territorio del MRTA durante varios años, y que no se descarta que, aunque esta guerrilla ha sido completamente derrotada, algunos de sus ex militantes, antes ocultos en la selva de San Martín, conservan su ideología y, sobretodo, su experiencia en este tipo de estrategias.

Mientras la violencia arreciaba, la mayoría de los agricultores se reunía en la plaza y convocaban a un mitin. Según la fuente de inteligencia, el diálogo y las coordinaciones entre las fuerzas del orden y los principales dirigentes agrícolas nunca se rompieron. Ellos mismos advirtieron la infiltración.

Más adelante, los propios agricultores han reconocido que su protesta fue infiltrada por vándalos organizados.

LA COMISIÓN

Parte de la comisión de diálogo, descansando antes de la reunión con los agricultores.

El viernes, la protesta de los agricultores de Tarapoto cumplía una semana. Mientras tanto, en Lima, los entendidos aseguraban que, por lo menos, dos de sus exigencias principales eran innegociables. La primera: que el Estado compre el total de la cosecha de arroz del departamento de San Martín, es decir, 20 mil toneladas de grano. La segunda: que el ejecutivo asuma la deuda que varios miles de agricultores tiene pendiente con la banca privada.

Ese mismo día, una comisión de alto nivel del gobierno viajó hasta San Martín. Entre sus integrantes estaban el ministro de agricultura Alvaro Quijandría; el viceministro de Hacienda, Kurt Burneo; el viceministro de transporte, Richard Díaz; el asesor presidencial, César Rodríguez Rabanal; y el director del Pronaa, Modesto Julca.

En Tarapoto, el aeropuerto estaba clausurado desde el inicio de la huelga, así que la comisión ejecutivo tuvo que viajar en un avión antonov de la policía nacional. En pleno vuelo, el aire acondicionado de la nave causó más de un susto. Pero, después de una hora y veinte minutos, el antonov aterrizó en la provincia de Lamas, a veinticuatro kilómetros de Tarapoto. Lo primero que llamó la atención fue el resguardo policial en la zona.

Desde ahí, la comisión se trasladó hacia el hotel El Mirador, cuya discoteca serviría como sede de la mesa de diálogo que, incluyó además a un representante de la iglesia católica: el obispo de Moyobamba, José Santos Izcueta.

Minutos después, llegaron los dirigentes agrarios de San Martín, encabezados por Josué Villanueva, el presidente del frente de lucha de los arroceros. Los dialogantes se sentaron, tal como estaba previsto, a las una de la tarde.

LA DISCUSIÓN

El diálogo comenzó con una condición: que se liberen a los más de noventa detenidos durantes las manifestaciones. La herida de la represión estaba demasiado fresca. La golpiza les parecía injusta. Un campesino que participó de la conversación argumentó: "en la marcha de los Cuatro Suyos ha habido seis muertos, un Banco de la Nación incendiado. Acá no hay muertos, y se reprime a los dirigentes".

Los agricultores denunciaron a la Policía Nacional por arrojar varias bombas lacrimógenas en la Casa del Maestro y a un hospital cercano. Pero la respuesta de la policía fue inmediata.

En su representación, Dante Vera, señaló que "lo que pasa es que un patrulla de la policía fue atacada a pedradas. ¿Y qué cosa quieren que haga, que se quede parada?

En ese momento, y sin pensarlo dos veces, el congresista aprista Aurelio Pastor intervino: "yo voy a solicitar en el Congreso que nos alcancen las copias informativas que el señor Vera fue remitiendo al gobierno."

EL ACUERDO

Modesto Julca, jefe del Pronaa: "San Martín tiene un arroz de segunda o tercera".

Aproximadamente, a las cinco de la tarde, uno de los puntos más críticos del diálogo se resolvió. De las veinte mil toneladas de arroz que produce San Martín, el programa de abastecimiento alimentario, Pronaa, se comprometió a comprar cinco mil y las quince mil toneladas restantes, según el acuerdo, se venderán en el exterior.

Esto se concretó pese a que el jefe del Pronaa, Modesto Julca, declaró: "San Martín tiene un arroz de segunda o tercera, pero las características que piden los posibles compradores justamente calzan con la calidad de arroz de San Martín, es decir, en esa parte no habría ningún problema."


LA DEUDA BANCARIA

El punto número dos del acuerdo fue el que más problemas causó. La deuda que tienen pendiente los agricultores arroceros con la banca privada y las cajas rurales.

Agenciaperu.com conversó sobre estos préstamos con Wilfredo Pusma, agricultor de la zona, y esto fue lo que nos respondió.

¿Usted pidió un préstamo?
Si

¿A que banco?
Al Banco Continental, de veinte mil soles, con intereses adelantados.

¿Y que paso?
Por razones de mal tiempo, de esas cosas que en la selva se dan, perdí mi chacra y no pude pagar mi crédito.

Según el ministro Álvaro Quijandría la deuda total supera los cuatrocientos millones de dólares y, hasta la fecha, se han realizado tres mil setecientos operaciones de crédito en la banca comercial y en las cajas rurales.

Para Kurt Burneo, viceministro de Hacienda que formó parte de la comisión, "que el Estado asuma las deudas, no solo eso, que el Estado compre la producción, que asuma las deudas y que les dé mas plata. Si eso sucediera en el sector agrario, porque no en la industria o en el turismo, servicios, es decir el estado vendría a ser el gran subsidiante de la economía peruana."

"Lo que ellos quieres es que el Estado tome las deudas y que pase a deberle a los bancos privados y no ellos", asegura Burneo.

Sin embargo, los campesinos de Madre de Dios tiene muy en claro lo que quieren del gobierno: "yo no le pido que me regale, pero si que nos de dos o tres años de gracia para poder capitalizarnos y pagar".

"¿Cómo cree que yo me voy a capitalizar si no tengo un solo sol para volver a sembrar mi parcela?", finaliza el agricultor.

El problema de los campesinos es que si no pagan la deuda que tienen con la banca privada, los bancos tienen la potestad de embargar sus tierras.

La propuesta del Ejecutivo fue interceder ante la Asociación de Bancos para evitar que continúen los embargos de sus tierras por los préstamos impagos.

A MAL TIEMPO...

Era bastante tarde en la provincia de Lomas, y todo indicaba que la comisión retornaría al día siguiente. Desde las 10 de la noche, los dialogantes dejaron notar sus primeros símbolos de fatiga. Los bostezos se sucedieron como cánticos de un coro bien ensayado.

Al inicio, los innumerables pedidos de los agricultores de la región eran atendidos con precisión por el obispo de Moyobamba. Sin embargo, aunque más tarde, el sacerdote también se sumó a la desidia de la comisión.

A las 2:15 de la madrugada, y quien sabe, quizá por el agotamiento, por las más de trece horas de diálogo, la mesa obtuvo el tan ansiado acuerdo. Las sonrisas, los abrazos y las ansias de descanso eran evidentes.

Pero para los agricultores, el problema aún subsiste. Un dirigente declaró a agenciaperu.com: "estos acuerdos a los que estamos llegando lo que hacen es solucionar en parte nuestra situación. Lo que esperamos es que el gobierno tenga una postura muy clara, muy definida en el tema del agro."

Sin bien la comisión enviada por el Ejecutivo logró comprometer a los dirigentes de San Martín a detener la huelga y las acciones de fuerza, los grandes problemas que originaron este conflicto no han sido resueltos. Quizá, en unas semanas, otra comisión tenga que retornar.

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