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La
tragedia de Lucanamarca
El
3 de abril de 1983 el "Presidente Gonzalo" ordenó
a sus huestes dar un escarmiento al pueblo ayacuchano de Santiago
de Lucanamarca. Ese día los terroristas asesinaron
a hachazos a sesenta y nueve personas, entre los que se encontraban
veinte niños. La Comisión de la Verdad ha exhumado
los cuerpos con el objetivo de señalar judicialmente
a los culpables y entregarlos a sus deudos.
EscribePaola
Ugaz /agenciaperu.com
Santiago
de Lucanamarca ingresó a la historia del Perú
de la manera mas violenta. Ubicado a diez horas y tres mil
quinientos metros de la ciudad ayacuchana de Huamanga, este
pueblo nunca hizo noticia.
Hasta
octubre de 1982, su población vivía apaciblemente.
Pero en aquella fecha, una columna de Sendero Luminoso tomó
la localidad, impuso sus reglas y, utilizando la escuela,
consiguió el apoyo de los campesinos más jóvenes.
El sociólogo
Carlos Iván Degregori conoce la trágica historia
detrás de este pueblo: "Lucanamarca es uno de
los tres distritos de lo que ahora comprenden la provincia
de Huancasantos. Es una zona ganadera y es una zona donde
Sendero Luminoso había venido haciendo trabajo ya desde
fines de los años 70".
"Hay
un momento", continúa Degregori, "un primer
momento en el cual sectores importantes de la población
aceptan la presencia de Sendero Luminoso. Esto, a fines del
82, coincide con una estrategia de Sendero, que era batir
el campo le llamaban".
Sin embargo,
muy pronto los pobladores se desencantaron de la intolerancia
y el autoritarismo de los senderistas, y organizaron una rebelión
en contra del opresor.
LA
REBELIÓN
Muchos
testimonios de pobladores sobrevivientes a esa tragedia señalan
que en aquella época el pueblo se transformó,
las marchas y las vivas a Abimael Guzmán ("Presidente
Gonzalo") era lo usual, y las fiestas propias de la localidad
prácticamente desaparecieron, y las pocas que existían
eran asambleas para hablar sobre la 'guerra popular'.
"Es
bien interesante que el punto de quiebre se da alrededor de
la fiesta de carnaval", señala Degregori. "Llega
a haber un núcleo de comuneros en contra de Sendero
Luminoso, lo suficientemente importante y numeroso como para
que puedan enfrentar a un poder que en ese momento aparecía
victorioso también en la zona".
"Comienza
a hacer los que habla hecho Sendero Luminoso en los años
anteriores, o sea comienza a reunirse clandestinamente en
la noche, en lugares apartados, de manera totalmente secreta
para ver como se deshacían de los senderistas. Y entonces
comienzan a organizar la recuperación del pueblo. Para
ello toman como pretexto la fiesta de carnaval, entonces piden
al Comité Popular que permita la fiesta", afirma.
"Entonces
la estrategia de este sector de la población que encabeza
la rebelión es que los cuadros que los mandos senderistas
participan en las fiestas y se embriaguen. Es esa la estrategia
que usan y, efectivamente, llega un momento en que los cuadros
senderistas embriagados se duermen en la noche. Es una acción
de los campesinos contra los cuadros senderistas, matan a
algunos y toman presos a otros, paralelamente, mientras ellos
se revelan va una comisión de campesinos a la base
de Huancapi", señala el investigador.
LA
MATANZA
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| Pobladores
de Lucanamarca observan los cuerpos de sus familiares
en una exhumación realizada por la Comisión
de la Verdad (Foto cortesía CVR). |
El 3 de
abril de 1983, Abimael Guzmán y su Comité Central
dieron la orden para la venganza. Una columna de Sendero Luminoso,
formada por noventa terroristas, incursionó en Lucanamarca,
y en las comunidades aledañas de Muylacruz, Llacchua,
Ataccara y Yanaccollpa, donde asesinaron sin piedad, con hachas
y machetes, a sesenta y nueve campesinos. Entre ellos se encontraban
hombres, mujeres y veinte niños
Reina
Quichua es una de las pocas sobrevivientes de la masacre.
A los catorce años perdió a sus padres, tíos,
abuelos y a todos sus hermanos. Ahora, vive del recuerdo de
todos ellos,
"Yo
estaba con mi papá con mi mamá, juntos estábamos
viviendo en una estancia. De milagro han llevado a mi mamá
a mi papá, a todos mis hermanitos, a mi hermana, y
yo no más lo que me he escapado de allá, corriendo
me he ido", rememora Reina.
"Después
casi de media hora había regresado para que me lleve
a mí, o para que me maten. Cuando yo me he dado cuenta
ahí mismo me he escapado lejos ya... Después
llegaron los senderistas, a las 7 de la mañana, diciendo
que vamos a hablar con nosotros. A mi papá a mi mamá
han anotado su nombre, vamos a conversar con nosotros diciendo
y de allí pues se llevar a toditos a mi tía
y a mi mamá. Yo estaba junto con mi mamá. Esos
vinieron pues del este, Vilcancho, por la Puna. Entonces empezaron
a matar de Anajulpa, justo hablan empezado con mis familias
y de allí habían pasado para Lucanamarca, matando
por aquí por allí, pura hacha no más
habían matado", asegura.
"Ahí
he perdido como ocho familias, aparte de mi papá, mi
mamá, su hermano de mi papá, su hermana de mi
mamá, y mis primitos también, mi prima hermana
también. En realidad yo he perdido como doce familias
ahí", señala la sobreviviente.
En 1988,
el propio Abimael Guzmán, en una entrevista en El Diario,
reivindicó la masacre de Lucanamarca y sostuvo que
esta debería servir de escarmiento para todos los demás.
Para Carlos
Iván Degregori, "lo que hizo Sendero fue un ajusticiamiento,
un asesinato masivo, porque la gente estaba indefensa. Es
decir, no fue un combate".
"Pero
esa Asamblea es en realidad un matadero, porque separan hombres
y mujeres a los hombres los tiran boca a bajo los amarran,
les tapan el rostro con sus propios ponchos y comienza la
masacre. O sea es una masacre planificada. Y ahí, lo
terrible es que no llega ayuda", relata.
Sin embargo,
Degregori señala que algo hizo que la tragedia sea
aún mayor: "de repente, un niño, desde
la torre del campanario de la Iglesia del pueblo, grita: 'compañeros
sálvense, que vienen los militares'. La columna senderista
no quiere ser sorprendida y se repliega del pueblo, y eso
es lo que evita que las victimas sean más".
Oscar
Medrano, fotógrafo de Caretas desde hace veintitrés
años, llego a Lucanamarca veinticuatro horas después
del genocidio, y recuerda lo que vio: "yo estaba prácticamente
todas las semanas allá, iba generalmente los lunes
o martes y regresabas los viernes o sábados. En ese
entonces cuando ocurrir lo de Lucanamarca fue para nosotros
algo especial, porque no eran las muertes de costumbre, sino
muerte por machetazos, hachazos".
El fotógrafo
encontró a "niños y ancianos que habían
escapado de morir... algunos se salvaron con hachazos en el
cráneo, otros estaban en el hospital, algunos fueron
trasladados en helicóptero al hospital de Ayacucho".
La desolación,
el dolor y el abandono marcaron desde entonces a los sobrevivientes
de santiago de Lucanamarca.
LA
EXHUMACIÓN
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| El
martes 7, el presidente Toledo rindió un homenaje
a las víctimas de Sendero Luminoso en Lucanamarca
(Foto cortesía CVR). |
La Comisión
de la Verdad y Reconciliación (CVR) ha logrado exhumar
los cuerpos de las victimas, y llevar a sus deudos un poco
de paz. Diecinueve años después, fueron destapadas
cinco fosas y tres cementerios que albergaban los cuerpos
de sesenta y nueve fallecidos. Las fosas estaban ubicadas
en ocho lugares diferentes por encima de los cuatro mil metros
de altura.
Sofía
Macher, miembro de la CVR, señala que el proceso de
exhumación de los restos fue "algo muy duro para
las personas que estamos espectando es como revivir, escarbar
el pasado; pero mucho más duro es para los familiares
que están reviviendo lo que pasó hace 18 años.
"Ha
habido momentos bien especiales en el proceso de exhumación,
porque en alguna de las zonas, que son altas, los cuerpos
se han conservado enteros, y varias veces el equipo se quebró
cuando estaba haciendo la exhumación porque, por ejemplo
en una de ellas se encontró a una mujer abrazada de
sus dos hijitos. Una trata de imaginar cómo se puede
haber llegado a esos niveles de salvajismo, o sea, dentro
e los sesenta y nueve muertos en un solo día hay mas
de veinte niños muertos a hachazos", recuerda.
Los cadáveres
fueron enterrados por una patrulla militar. La situación
había desbordado a los oficiales de la zona. Ahora
después de casi 20 años, los deudos pueden enterrar
a sus familiares.
El día
de ayer, el presidente de la República, Alejandro Toledo,
llegó a Lucanamarca acompañado por la comisionada
Sofía Macher para ofrecer un homenaje póstumo
a las víctimas de esta matanza. Con este acto, el pueblo
dio inicio oficial al proceso de duelo que la comunidad llevará
en los próximos días en reconocimiento a las
víctimas de la violencia.
Además,
este viernes 10 de enero se realizará la ceremonia
de entierro de las víctimas. Esta sangrienta masacre
demostró el grado demencial al que llegaron las huestes
de Abimael Guzmán. Sin embargo, aunque todavía
falta identificar a los autores de la masacre.
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