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Escribe:
Leonardo
Aguirre (*) |
Sergio Galarza quiere superarse a sí mismo y hacernos olvidar la puerilidad de “Matacabros” (1996). “La Soledad de los Aviones” es el intento por dejar atrás el malditismo, el realismo sucio, el sexo, las drogas y el rock and roll. Pero sólo es un intento. Galarza todavía no despega. Se ha quedado encerrado en el aeropuerto.
Este volumen implica un retroceso en el catálogo de la joven editorial Estruendo Mudo. La narrativa del autor de “Matacabros” se muestra rezagada con respecto a Luis Hernán Castañeda, Carlos Gallardo o Johann Page. Sobre todo, en lo que al lenguaje se refiere. Porque aquellos autores, si bien no exhibieron el mejor fruto de su cosecha, por lo menos apostaron (el lector dirá si ganaron o perdieron) por la audacia formal.
Un buen escritor expande los límites del idioma. Un buen escritor le saca todo el jugo a su lenguaje. Y no se trata de pirotecnia verbal; se trata de una perspectiva diferente y original para escudriñar la misma realidad. Pero la prosa de Galarza es elemental y abundante en lugares comunes. ¿Cuántas veces más tendremos que leer que un personaje –sólo por citar lo primero que recuerdo- tiene cara de yo no fui, habla con la pared o se despierta sudando frío? Además, el autor no sabe ubicar los coloquialismos en el momento preciso. En una línea, el protagonista dice “mi primera experiencia aeronáutica” (tremenda huachafería para decir “mi primer vuelo”) y en la siguiente línea ya está conchasumadreando a todo el mundo.
Todo esto se nota, por ejemplo, en el primer cuento, cuya factura no le hace justicia a un título descollante: “Donde Anidan las Arañas” (tampoco, en ningún rincón del relato, se justifica la sentencia). Es una historia de adolescentes hecha por un adolescente. Un típico ejercicio de taller de narrativa básica. Se desperdició un buen título en un cuento defectuoso.
Y el cuento-emblema sólo destaca por el título, el mismo que se usó para la tapa (aunque los colores dificultan la decodificación). Es un simple proyecto, una historia que nunca despega, y no, como supondrá el lector inocente –que lo buscará primero en el índice-, la mejor pieza del libro.
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LA SOLEDAD DE LOS AVIONES
De Sergio Galarza.
Estruendo Mudo / Fondo Editorial PUCP
Lima, 2005
107 pp.
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Otro dos buenos títulos: “El Destino de los Patanes” y “Concierto para Corazones Idiotas”. Es decir, otros dos títulos estafadores: el entusiasmo que despierta el índice se torna en desilusión con la lectura de las historias correspondientes.
Si algo sabe hacer Galarza es poner títulos vendedores. Que además sepa escribir cuentos memorables a la altura de sus títulos, es mucho pedir. Precisamente, los únicos cuentos rescatables del volumen corresponden a los títulos más insípidos: “Velas”, “Emergencia” o “Abel”.
Se nota el conflicto de Galarza con sus propias taras: ya se dio cuenta de que el género Kronen (si es que cabe llamarlo género) se agotó. Pero el conflicto no se resuelve. “La Soledad de los Aviones” bien puede ser –ojalá- una suerte de transición entre “Matacabros” y un futuro libro redondo. Y un paso entre el precoz escritor maldito –que todavía posa como sudamerican rocker - y el creador maduro. |