LETRAS / COMENTARIOS DE LIBROS  
 
Casa de Islandia / Parque de las Leyendas

A PUBLICAR, A PUBLICAR, QUE EL MUNDO SE VA A ACABAR

Escribe:
Leonardo
Aguirre
(*)

La edición es sobria, quizá conservadora, pero ciertamente pulcra y elegante. La editorial es nueva pero los dos primeros libros han sido reseñados ya por varios medios importantes. El sello “Estruendo Mudo” se debe a la iniciativa y los bolsillos de un puñado de estudiantes de Literatura de la Pontificia Universidad Católica (y hasta donde sabemos, la universidad no interviene en los gastos). Los autores, Carlos Gallardo y Luis Hernán Castañeda, no sobrepasan los 23 años. Aquél nos ofrece (es decir, a sus compañeros de facultad y profesores; no sé si también a los lectores pedestres) un desigual y apurado volumen de cuentos titulado “Parque de las leyendas”; el segundo compone un híbrido entre libro de cuentos, crítica literaria (en clave paródica), diario y novela que ha dado en llamar “Casa de Islandia”.

Ambos exhiben la cómica petulancia del genio precoz (por el momento, más petulancia que genio) que se traduce en la inclusión del propio autor como personaje, balbuceos de poética (apenas publican un libro y ya quieren dictar cátedra), prescindibles chispazos de erudición, vanguardismo trasnochado, y el viejo truco de esconder errores narrativos básicos bajo el empaque multicolor de lo metaliterario. No obstante, separando la paja del trigo, hay que dejar establecido que estos muchachos demuestran talento. Pero, lástima, también demuestran prisa por publicar.

Hasta aquí las coincidencias; veamos, ahora, brevemente, las singularidades.

Me gustan los animalitos

PARQUE DE LAS LEYENDAS
Carlos Gallardo
Estruendo Mudo – Pontificia Universidad Católica del Perú.
185 pp.

Ya se dijo: el chico está verde todavía (tan verde como la portada de su “Parque de las leyendas”). Parece que haber ganado un premio cuando todavía no sabía ni afeitarse le hizo olvidar la máxima de Tolstoi: escribir es tachar. Este libro pide a gritos una tijera (o una Prestobarba). Gallardo ignora (o se zurra en ello: no puede ignorarlo si estudia Literatura) que un buen cuento no soporta la información tangencial y el despilfarro retórico (quizá lo maleducó su padrino, el que firma la contratapa).

Por otro lado, los argumentos acusan debilidad. Algunos cuentos de “Parque de las leyendas” prometen pero no cumplen; insinúan una trama seductora pero tan pronto como el lector se engancha con la historia, Gallardo aborta el suspenso y desembroza el resto de manera insípida. En otros cuentos, el autor abarca mucho y aprieta poco: crea tantos nudos como un quipu y al final se decide por desamarrar uno solo de los hilos argumentales (que no siempre es el más atractivo). Del cuento pseudo-vanguardista de la mujer-gato (intuyo que Gallardo le tiene más camote que a los otros) sólo cabe decir dos cosas: primero, en los pies de página se siembra una historia que nunca florecerá; y, segundo, aunque un cuento mediocre se vista de seda meta-literaria, mediocre se queda.

En líneas generales, parece que Gallardo no apunta al lector de a pie sino a los miembros de un hipotético jurado para concursos de cuento. Por eso se preocupa más por los guiños eruditos que por contar una buena historia con transparencia. De hecho, el joven narrador se ha memorizado la receta infalible gana-concursos (no por nada ganó dos premios): el manido tema del doble, más de un nivel de realidad, citas a granel, epígrafes, prosa empalagosa, ausencia de marcas espacio-temporales... Pero un libro así –y un talento (que lo tiene) hipotecado a naftalínicos cónclaves académicos- está condenado al olvido.

Los críticos apestan

CASA DE ISLANDIA
Luis Hernán Castañeda
Estruendo Mudo – Pontificia Universidad Católica del Perú.
193 pp.

Ya mencionamos la hibridez (y, por si acaso, no lo hicimos en tono despectivo) de “Casa de Islandia”. Luis Hernán Castañeda ha escrito un libro que, al mismo tiempo, parece ser:

a. una antología de cuentos hechos por un tal Pierre Menard.
b. un estudio pseudo-crítico de dichos cuentos a cargo del académico Luis Hernán Castañeda (un personaje del libro).
c. un conjunto de fragmentos del diario del tal Pierre Menard, dizque pertinentes para el estudio de su obra.
d. la poética de Pierre Menard, por un lado, y (se deduce) la poética de Castañeda, por el otro (no el personaje sino el rostro de la contratapa).
e. el proyecto de una historia que presuntamente implica al crítico Castañeda, al escritor Menard y a los fanáticos lectores de Menard.

Este último es el eslabón más débil. La historia no se consolida y se traicionan las expectativas que alimentaron las amenazas de muerte redactadas por los adictos a Menard. El autor, al final, parece que se acobardó antes de explotar esta posibilidad que, sin duda, hubiera mejorado todo el conjunto. De modo que “Casa de Islandia” es el resultado de no resolver la duda entre escribir un libro de cuentos con barniz metaliterario y escribir una novela metaliteraria que también incluye cuentos.

Pero hay que decir que algunos de los cuentos de Castañeda (es decir, Menard) son admirables. Y en algunos casos, la prosa alcanza niveles bastante sorprendentes para tratarse de un autor de 22 años. Para no hablar de un humorismo sutil, sobre todo cuando Castañeda (el escritor real) se ensaña con el esnobismo de Castañeda (el crítico ficticio).

Redondeando

El autor de “Casa de Islandia” merece un espaldarazo por los rastros del gran proyecto que pudo ser, y un jalón de orejas por no haberse tomado el trabajito de llevarlo a cabo. Gallardo, por otro lado, dueño de un lenguaje correcto (cuando no se le va la mano) y conocedor de suficientes recursos técnicos, debería abandonar las típicas pretensiones de artista adolescente y concentrarse en narrar con claridad historias simples y contundentes. Ambos todavía no son más que “jóvenes promesas”.

mustrave@hotmail.com

 
 
   
   
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