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Villanueva
Ruesta hizo pasar por muerto a uno de sus testaferros
Escribe
César Hildebrandt Chávez / agenciaperu.com
En el Ejército, al general José Villanueva
Ruesta -ex ministro del Interior y ex presidente del Comando
Conjunto de las Fuerzas Armadas, ahora preso en el penal
de Castro Castro- le decían Pepe Ñaja Ñaja.
Pero la Policía Contra la Corrupción ha descubierto
que en realidad es Pepe El Vivo. Para evitar que la justicia
incaute las innumerables propiedades en las que invirtió
el dinero que sustrajo del Estado, hizo que uno de sus testaferros
se hiciera pasar por muerto.
TESTIGO
CLAVE
En uno
de los interrogatorios ante la fiscalía, el general
Villanueva Ruesta quiso justificar el dinero que usó
para la compra de uno de los tantos inmuebles que adquirió
durante el fujimorismo, con el argumento de que un "amigo"
le había prestado 95 mil dólares.
El benefactor
al que Villanueva hacía referencia se llama Arturo
Arnold Távara Ventocilla, un mayor retirado de la
Policía Nacional del Perú que ejercía
la abogacía en una vieja oficina de un destartalado
edificio del jirón Cuzco, en el centro de Lima.
La fiscal
Ana Cecilia Magallanes citó al amigo del general
para corroborar la versión. Pero Távara Ventocilla
declaró que nunca conoció, ni siquiera de
vista, al general Villanueva Ruesta.
Semanas
después, cuando el expediente fue remitido al Poder
Judicial, el juez anticorrupción Saúl Peña
ordenó comparecer nuevamente al supuesto financista
del general.
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Este
es el abogado que ve gente muerta.
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Sin
embargo, el juez fue informado que Arturo Távara
había sido sorprendido por un letal infarto el 12
de julio de este año y había muerto, razón
por la que, obviamente, no podía asistir a declarar.
ANDABA
DE PARRANDA
La muerte
inesperada estaba registrada en
un certificado de defunción del distrito de Catahuasi,
provincia de Yauyos en Cajamarca. El registro del
deceso fue enviado hasta el juzgado por el abogado Alberto
Esteban Mesías.
Sin
embargo, el olfato del juez y la pericia de la Policía
contra la Corrupción, los llevó a profundizar
las investigaciones.
Arturo
Távara Ventocilla seguía cobrando mensualmente
su pensión de retiro como mayor de la Policía.
Preguntando
entre sus compañeros de promoción, la policía
descubrió que el más allá del supuesto
difunto quedaba en un cómodo domicilio de la calle
El Caserío, de la urbanización Las Viñas,
en el distrito de la Molina. Allí, el muertito compartía
su desaparición junto a su quinto compromiso, doña
Yolanda Esperanza Chávez Paz.
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Este
es el alcalde que atiende solicitudes del más
allá.
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Las
investigaciones fiscales han determinado que en la elaboración
de la partida de defunción del finado testigo -cuyo
testimonio es clave para desmenuzar esta parte de la red
de corrupción relacionada al general Villanueva Ruesta-
participó el alcalde del distrito de Catahuasi, Hernando
León Clemente de la Cruz.
El alcalde
personalmente solicitó que se transcribieran los
datos del fallecido. La ocurrente versión del alcalde
dice que el mismo muerto le ordenó la inscripción
de su sentida defunción.
OTRO
SOBRINÍSIMO
Pero
las mañas de Villanueva Ruesta no acaban aquí.
Giovanni Vargas Meza, sobrino de Pilar Meza de Villanueva,
la esposa del general, también fue usado por el ex
comandante del Ejército.
Giovanni
Miguel Vargas Meza, el sobrino favorito de la esposa del
general, está recluido en el penal de San Jorge.
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Así
aparece en el Reniec el sobrino de Villanueva que
se cambió de apellidos.
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Las
investigaciones han determinado que Giovanni es representante
de una serie de compañías panameñas
ligadas al general José Villanueva.
Para
disfrazar su identidad y distraer a las autoridades, en
enero de este año, Giovanni solicitó el cambio
de sus apellidos; de Vargas Meza pasó a ser Okada
Carrera. Pero la policía igual lo capturó.
Al parecer,
Villanueva Ruesta usó a toda su parentela. Cuando
incautaron su casa en Surco, la fiscalía encontró
un grueso paquete de guías de remisión de
ventas al ejército a nombre de la empresa Confecciones
Vargas S.A., compañía del padre de Giovanni,
don Carlos Vargas Suárez.
Hacer
pasar por muertos o cambiar los apellidos de sus testaferros
le ha servido de poco al general Villanueva. Ñaja
Ñaja tiene mucho que explicar.
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