INVESTIGACIÓN

 Investigación 
 Actualidad
 Economía
 Entrevistas
 Columnas
 Sociedad
 Boca Floja
 Archivo
 Servicios
 Interactiva
 Especiales
 La Agencia
Arturo Arnold Távara Ventocilla
19 de noviembre del 2001

Este es el finadito más vivo del país.

Documentos

Su partida de defunción

Villanueva Ruesta hizo pasar por muerto a uno de sus testaferros


Escribe César Hildebrandt Chávez / agenciaperu.com

En el Ejército, al general José Villanueva Ruesta -ex ministro del Interior y ex presidente del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, ahora preso en el penal de Castro Castro- le decían Pepe Ñaja Ñaja. Pero la Policía Contra la Corrupción ha descubierto que en realidad es Pepe El Vivo. Para evitar que la justicia incaute las innumerables propiedades en las que invirtió el dinero que sustrajo del Estado, hizo que uno de sus testaferros se hiciera pasar por muerto.

TESTIGO CLAVE

En uno de los interrogatorios ante la fiscalía, el general Villanueva Ruesta quiso justificar el dinero que usó para la compra de uno de los tantos inmuebles que adquirió durante el fujimorismo, con el argumento de que un "amigo" le había prestado 95 mil dólares.

El benefactor al que Villanueva hacía referencia se llama Arturo Arnold Távara Ventocilla, un mayor retirado de la Policía Nacional del Perú que ejercía la abogacía en una vieja oficina de un destartalado edificio del jirón Cuzco, en el centro de Lima.

La fiscal Ana Cecilia Magallanes citó al amigo del general para corroborar la versión. Pero Távara Ventocilla declaró que nunca conoció, ni siquiera de vista, al general Villanueva Ruesta.

Semanas después, cuando el expediente fue remitido al Poder Judicial, el juez anticorrupción Saúl Peña ordenó comparecer nuevamente al supuesto financista del general.

Este es el abogado que ve gente muerta.

Sin embargo, el juez fue informado que Arturo Távara había sido sorprendido por un letal infarto el 12 de julio de este año y había muerto, razón por la que, obviamente, no podía asistir a declarar.

ANDABA DE PARRANDA

La muerte inesperada estaba registrada en un certificado de defunción del distrito de Catahuasi, provincia de Yauyos en Cajamarca. El registro del deceso fue enviado hasta el juzgado por el abogado Alberto Esteban Mesías.

Sin embargo, el olfato del juez y la pericia de la Policía contra la Corrupción, los llevó a profundizar las investigaciones.

Arturo Távara Ventocilla seguía cobrando mensualmente su pensión de retiro como mayor de la Policía.

Preguntando entre sus compañeros de promoción, la policía descubrió que el más allá del supuesto difunto quedaba en un cómodo domicilio de la calle El Caserío, de la urbanización Las Viñas, en el distrito de la Molina. Allí, el muertito compartía su desaparición junto a su quinto compromiso, doña Yolanda Esperanza Chávez Paz.

Este es el alcalde que atiende solicitudes del más allá.

Las investigaciones fiscales han determinado que en la elaboración de la partida de defunción del finado testigo -cuyo testimonio es clave para desmenuzar esta parte de la red de corrupción relacionada al general Villanueva Ruesta- participó el alcalde del distrito de Catahuasi, Hernando León Clemente de la Cruz.

El alcalde personalmente solicitó que se transcribieran los datos del fallecido. La ocurrente versión del alcalde dice que el mismo muerto le ordenó la inscripción de su sentida defunción.

OTRO SOBRINÍSIMO

Pero las mañas de Villanueva Ruesta no acaban aquí. Giovanni Vargas Meza, sobrino de Pilar Meza de Villanueva, la esposa del general, también fue usado por el ex comandante del Ejército.

Giovanni Miguel Vargas Meza, el sobrino favorito de la esposa del general, está recluido en el penal de San Jorge.

Así aparece en el Reniec el sobrino de Villanueva que se cambió de apellidos.

Las investigaciones han determinado que Giovanni es representante de una serie de compañías panameñas ligadas al general José Villanueva.

Para disfrazar su identidad y distraer a las autoridades, en enero de este año, Giovanni solicitó el cambio de sus apellidos; de Vargas Meza pasó a ser Okada Carrera. Pero la policía igual lo capturó.

Al parecer, Villanueva Ruesta usó a toda su parentela. Cuando incautaron su casa en Surco, la fiscalía encontró un grueso paquete de guías de remisión de ventas al ejército a nombre de la empresa Confecciones Vargas S.A., compañía del padre de Giovanni, don Carlos Vargas Suárez.

Hacer pasar por muertos o cambiar los apellidos de sus testaferros le ha servido de poco al general Villanueva. Ñaja Ñaja tiene mucho que explicar.