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Desnutrición
y pobreza en Apurimac
Un
gran porcentaje de niños menores de cinco años,
sobre todo los que viven en las comunidades más pobres
y aisladas del país ya han descubierto el rostro de
la muerte, y los que lograron burlarla jamás serán
niños normales, ya que nunca podrán utilizar
sus capacidades físicas e intelectuales al cien por
ciento.
El motivo de tan injusto diagnóstico se llama desnutrición
crónica, y se genera por la falta de proteínas
y vitaminas en la dieta diaria de estos niños. Una
vez más, la injusticia cae sobre los más indefensos,
los niños de aquellas comunidades sufren las consecuencias
de la ignorancia, la pobreza y el abandono político
al que han sido expuestos sus padres y abuelos durante generaciones.
EscribeSilvia
Cuevas/ agenciaperu.com
En lo
más alto de la sierra central, a 180 kilómetros
de la provincia de Andahuaylas, y detrás de este gigantesco
santuario de piedras, como escondida del mundo u estancada
en el tiempo, se encuentra la comunidad de Pomacocha, en el
departamento de Apurimac. Un camino agreste y solitario separa
a este poblado del centro de la ciudad.
Eliot
Tacuri Meza, vive en Pomacocha. Tiene apenas dos años
y una inmensa tristeza reflejada en sus ojos, como si presintiera
su futuro. Eliot sufre desnutrición crónica
y, según los análisis realizados en el centro
de salud de su comunidad, su vida podría terminar en
cuestión de días.
La madre
de Eliot no comprende: "desde que nació no ha
dejado de amantarlo y prepararle su sopa con la papa y el
maíz que cosecha de su huerto", dice entre sollozos,
"todito su cuerpo está como esqueleto nomás.
Ya no come nada señorita, con mi pecho nomás
esta".
Eliot,
es el último de ocho hermanos, y aunque ellos aparentan
buena salud, también están desnutridos, igual
que su madre.
El corazón
de Eliot tiene una frecuencia cardiaca acelerada, y en cualquier
momento conocerá la taquicardia. La falta de vitaminas
y proteínas en sus hermanos podría causarles
osteoporosis, escorbuto, atrofia muscular, enfermedades hepáticas,
ulceras en la cornea e incluso cáncer.
COSTUMBRES
MORTALES
El doctor
Félix Obregón, coordinador de los centros de
salud de Andahuaylas, sostiene que un gran porcentaje de niños
mueren a consecuencia de la desnutrición, y que el
problema radica no en la falta de alimentos, sino en la elección
de los mismos.
"Lo
que a esta población le falta consumir son las proteínas
y vitaminas, que se encuentran sobre todo en las carnes y
en las frutas. Lo que ocurre es que esta población,
consume generalmente sólo carbohidratos, como la papa",
afirma el médico.
El de Eliot no es el único caso detectado en Andahuaylas,
en esta localidad, el 69% de los niños menores de cinco
años sufren desnutrición crónica, y setenta
y tres de cada mil niños mueren en menos de un año.
El mapa oficial de pobreza y desnutrición, ha teñido
de rojo al departamento de Apurimac, pues presenta el más
alto porcentaje de desnutrición de todo el Perú.
Según
Honorio Vera, antropólogo experto en temas de desnutrición,
este problema ocurre porque en el país todavía
no es prioridad el niño: "queremos que no solo
la familia sino también las instituciones: el municipio,
el ministerio de salud, el gobierno regional, comiencen a
darle importancia al niño. Queremos que no sea solo
un programa sino que se convierta en una política de
estado cuidar su potencial humano".
EL
ESTADO COMO AGENTE
Los pobladores
de Apurimac son en su mayoría campesinos. La pobreza
y el abandono en que se encuentran, así como la falta
de educación y las pocas oportunidades de desarrollo,
generan un círculo vicioso en el que la desnutrición
es una de sus más graves consecuencias.
"El
grueso de los campesinos son agricultores de subsistencia,
mini parcelarios. Estas familias están en una situación
de pobreza y extrema pobreza porque lo que producen no alcanza
para su subsistencia. Este capital humano que es fundamental
para el desarrollo esta creciendo desnutrido, que esperamos,
que le espera a Apurimac a Andahuaylas si no se soluciona
el problema", afirma el ingeniero agrónomo Félix
Barbaran, integrante de la ONG Proande.
Lo peor
es que esta enfermedad no ha sido abordada correctamente por
las instituciones del Estado, principalmente por el Ministerio
de Salud.
Las consecuencias
de esta falta de enfoque impiden que el trabajo de algunos
doctores que combaten esta enfermedad, como es el caso de
Félix Obregón, camine solo a paso lento.
"No
ha habido en ninguna oportunidad un estudio que me diga que
hay que aplicarles un tratamiento terapéutico en dosis
mayores porque siempre se han planteado las campañas
de salud como si el tema fuese la prevención de la
desnutrición, pero en el campo de acción nos
damos cuenta que no estamos previniendo, sino que la mayoría
ya presenta esta enfermedad", afirma el doctor Obregón.
LAS FACETAS DE LA DESNUTRICIÓN
Susana
tiene cuatro años, pero su estatura aparenta la de
dos. Su familia es una de las más pobres de su comunidad
y, aunque come tres veces al día, la alimentación
que recibe es insuficiente. Lamentablemente este no es un
problema sólo de cantidad sino de calidad en proteínas.
En el
caso de Joaquín su peso sobrepasa lo adecuado para
su edad, su abultado estómago lo hace verse gordo,
pero en realidad, miles de parásitos y lombrices consumen
todo lo que ingiere.
Ambos,
Susana y Joaquín, son niños con desnutrición
crónica.
Las consecuencias de esta enfermedad son definitivas, Honorio
Vera sostiene incluso un niño desnutrido casi ha perdido
todas sus oportunidades, pues en estos niños en su
vida adulta no van a poder utilizar sus potencialidades genéticas.
Aunque
suene duro, la esperanza esta en las próximas generaciones,
Félix Obregón considera que los cuadros de desnutrición
crónica llegan a ser tan graves que no se pueden revertir
las consecuencias de esta enfermedad.
La solución
que él y un equipo de expertos han encontrado para
acabar con esta enfermedad es concentrar esfuerzos en los
niños menores de seis meses y en las madres gestantes,
ya que según los expertos la alimentación en
los dos primeros años de vida es determinante en el
ser humano, pues en esta etapa el niño define su capacidad
de aprendizaje.
Retos
para el cambio
Según
el antropólogo Honorio Vera, los diferentes programas
de asistencia social del gobierno creados para combatir la
desnutrición fallan porque priorizan medidas populistas
como el 'asistencialismo', acciones superficiales que logran
réditos para los políticos, pero no previenen
una enfermedad determinante en la vida de los niños
pobres del país.
"Se
sigue pensando que para que mejore la calidad o para combatir
la desnutrición hay que dar alimentos a cambio. Lo
que nosotros hemos hecho es explicarle a la gente las consecuencias
de un niño desnutrido. No solo a esperar que las instituciones
vengan sino que las propias familias sepan que hacer frente
a este problema", asegura Vera.
En la
comunidad de Santa Maria de Chicmo, ubicada a media hora del
centro de la provincia de Andahuaylas, la ONG Kusiwarma, con
apoyo de la UNICEF, han capacitado a los pobladores para que
se organicen y asuman ellos mismos, con responsabilidad la
nutrición y el buen desarrollo de sus hijos. No importa
que coman poco, pero que sea de calidad nutricional.
Julia
Galván, coordinadora de este proyecto en Andahuaylas,
relata que los pobladores de la provincia de Andahuaylas no
sabían siquiera que esta enfermedad existía.
Galván
señala que "son pueblos marginados, por la violencia
senderista y olvidados por las autoridades estatales, al comienzo
nuestra presencia no fue grata para ellos, pues no comprendían
que no les demos nada a cambio por enseñarles a combatir
la desnutrición de sus hijos. Finalmente ellos han
entendido, y ahora saben priorizar su salud, sobre todo la
de los más pequeños y los que están por
venir al mundo".
Una caseta
de cartón construida por los propios pobladores de
la comunidad de Chicmo, en lo alto de una montaña,
y desde donde se puede observar a toda la comunidad las madres
no sólo controlan mensualmente el peso y la talla de
sus hijos, también aprenden a reactivar su crecimiento
y desarrollo a través de dinámicas psicomotrices.
Paolo,
padre de cuatro niños y dirigente de esta comunidad,
relata como les cambió la vida aprender a combatir
esta enfermedad: "nosotros no teníamos conocimiento
como alimentar a nuestros niños, que nutritivos hay
que darles, en eso también estábamos perdidos".
"Lo
más importante es demostrar que en situación
de pobreza sí se puede combatir y prevenir la desnutrición
crónica. Lo que queremos es que el trabajo en esta
comunidad sea un ejemplo para las instituciones, a las que
les hemos demostrado que aún en situación de
pobreza se puede priorizar al niño", agrega.
Lamentablemente, el esfuerzo de Kusiwarma y otras ONG encargadas
de combatir la desnutrición, no alcanza a las zonas
más alejadas y aisladas del Perú. En ellas,
un niño como Eliot, nace con su sentencia de muerte.
La responsabilidad del gobierno es establecer una política
de estado claramente definida que combata la desnutrición
crónica, en los departamentos más pobres del
Perú y que priorice al niño en la lucha contra
la pobreza.
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